Publicado: Jue, 20 Sep, 2012

El modelo Solchaga y la economía cubana

A finales de junio de 1992, el Presidente del gobierno español, Felipe González, llamó por teléfono desde Brasil a su ex ministro de Hacienda, Carlos Solchaga, y le indicó que en el menor tiempo posible partiera para Cuba.

El acuerdo lo habían tomado González y  Fidel Castro en un encuentro que sostuvieron durante la celebración de la cumbre iberoamericana que, en esa fecha, se estaba desarrollando en Salvador de Bahía.

En esos tiempos, y tras el derrumbe del campo socialista, ya no quedaba casi nada por colapsar en la isla.

El economista viajó a Cuba cuatro o cinco veces para aconsejar cambios en el modelo socio-económico reinante en el país.

De acuerdo con lo contado por Solchaga al escritor y periodista barcelonés Manuel Vázquez Montalbán, le dio varios consejos a Castro en una reunión donde también estaban presentes Carlos Lage y otros altos funcionarios gubernamentales:

“Ahora, lo que tienes que decirles a la gente es que te ves obligado a cambiar algunas de las consideraciones que tenías sobre la propiedad de los medios de producción. ¿Para qué? Para conseguir mantener las conquistas sociales de la Revolución. Esa fue mi tesis de partida, en aquel encuentro y en los restantes”, refirió.

Solchaga recordó que tras el encuentro, Castro le comentó: “Mira, Solchaga, es posible que tengas razón. Pero eso que tú dices lo tendrán que hacer otros”.

No obstante, se puso en práctica en esos años la Ley para las Inversiones Extranjeras redactada por el ex ministro de Hacienda, y la estrategia que él sugirió para el desarrollo del turismo.

Vázquez Montalbán dice en su libro “Y Dios entró en La Habana” (1998), que Solchaga, en líneas generales proponía “(…) que el Estado no pretendiera asumirlo todo, que permitiera pequeños negocios y servicios en manos privadas, generar riquezas y soltar el lastre de empresas no rentables, así como privatizar otras que tendrían mejor gestión privada, una profunda reforma tributaria, con la fijación de aranceles, impuestos al consumo, tasa sobre sociedades y un impuesto sobre la renta.”

Aunque no en toda su magnitud, y salvo algunas sugerencias aún no puestas en práctica, eso es lo que ha estado haciendo el gobierno del general Raúl M. Castro. Sin embargo, hace años que no se mencionan ni a Felipe González ni a Carlos Solchaga. La norma, casi convertida en slogan, es decir “nuestro modelo económico “, cuando en justicia sería más cercano a la verdad referir que el “modelo” es parte de las medidas que propuso Solchaga.

Lo propuesto por el ex ministro español de Hacienda no fue nada deslumbrante. Sus sugerencias las podía haber hecho cualquier economista cubano, lo mismo residente en la isla que fuera de ella. Pero los Castro siempre han preferido lo extranjero. Una ideología extranjera, interlocutores extranjeros, asesores extranjeros, consejeros extranjeros, y todo así por el estilo. Pero a pesar de eso, hasta Solchaga los calificó de nacionalistas.

Podrán ser cualquier cosa, pero han demostrado que la nación solo les ha interesado para ponerla en función de sus intereses. Eso no hay que argumentarlo mucho: el estado calamitoso del país, tras la égida que han ejercido tras más de 53 años, lo demuestra.

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