Publicado: Mie, 19 Sep, 2012

Troyanos en Londres

olimpiadasBajo el pebetero flamante y representativo de los 204 Comités Olímpicos en Londres -más la delegación de cuatro atletas independientes-, países como Siria, Libia, Egipto y la propia Grecia, echan a un lado sus conflictos bélicos y la crisis económica mundial.

En nuestro país, “asediado” por el neoliberalismo y en plena crisis sistémica, es difícil separar la política del deporte. Se impone que nuestros atletas son “dignos representantes del pueblo” y no del mercantilismo, aunque no siempre debe ser así. Por ello, ser campeón olímpico o mundial en Cuba lleva doble dosis de compromiso.

Pero irremediablemente la era moderna, la tan cacareada sociedad de consumo y las nuevas tecnologías de la información al servicio de los grandes eventos, salpican al deporte “revolucionario”. Y es que los eventos mundiales cada dos años y las olimpiadas cada cuatro, son apenas destellos de emociones en un mundo tan convulso como el de hoy.

A ocho días de una inauguración que costó 33 millones de dólares -tres veces menos que la Olimpiada de Beijing 2008-, con refuerzo de más de mil soldados y 15 mil voluntarios, un centenar de jefes de Estado y la presencia de la Reina Isabel II, la delegación cubana vive una experiencia inédita, un salto desde el Tercer Mundo a la colorida, multicultural y paradisiaca Villa Olímpica en el mismo centro de Stratford.

No sabemos cuán limitados de tiempo y dinero estén nuestros atletas en una Villa Olímpica con acceso a Internet y restaurantes las 24 horas, salas de juego, bibliotecas, boutiques, salones de belleza y a pocas manzanas del emblemático y caudaloso Támesis.

Pensemos por un minuto en los atletas, entrenadores y periodistas cubanos. ¿Cómo se sentirá ese hombre nuevo en una ciudad que invirtió más de doce mil millones de dólares en los juegos?

La Villa Olímpica, un complejo habitacional de 2,5 kilómetros cuadrados, alberga a más de 11 000 atletas de todo el orbe, sin contar entrenadores, árbitros y médicos deportivos, la mayoría con un estándar de vida veinte veces superior al de los deportistas cubanos.

Cuando hablo de estándar de vida superior, me refiero a lo necesario para cualquier ciudadano del mundo o atleta de alto rendimiento: tarjetas de créditos, teléfono celular con acceso a Internet, adicción por alguna marca registrada, renta de autos o libertad de movimiento.

Londres es por estos días una ciudad privilegiada, merecedora por tercera ocasión de la cita estival.

Nuestros representantes olímpicos respiran pero no viven a plenitud el “capitalismo brutal”. Solo aspiran a colgarse en el pecho unas onzas de oro, plata o bronce, de las ocho toneladas que se destinaron a las medallas olímpicas.

Afortunadamente nuestros atletas olímpicos son verdaderos troyanos en Londres, dignos representantes de una Troya que arde y enfrenta el diversionismo ideológico y las prácticas neoliberales.

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