Publicado: Mar, 18 Sep, 2012

Un encuentro con la madre de Adrian Leiva

un_encLos sollozos retumbaban en el hogar. Parecía que Adrián Leiva había acabado de morir y no que se cumplía, este 24 de marzo, justamente un año de su deceso. Ernestina Pérez, la madre de Adrián, de 82 años, nos recibió en el pequeño apartamento, en un tercer piso de la calle Albear no 575, en el reparto Palatino, El Cerro

Cuando logró calmarse, tras la emoción del encuentro, exclamó con lágrimas en sus ojos: “Yo estoy muy orgullosa de mi hijo. Él quería morir en su patria y al menos eso no se lo pudieron impedir, ya que el gobierno no le permitió regresar junto a su familia y sus amigos.”

En el modesto apartamento, casi carente de muebles y sin ningún tipo de comodidad, vive la anciana, junto a Denis Pérez Leiva, su nieto, quien también rememora aquellos difíciles días:

“El certificado de defunción fue entregado varios días después. Aparecía que la muerte de mi tío había sido por asfixia. Nos entregaron, como sus únicas propiedades, una mochila con algunas ropas. Nada de su reloj del que nunca se separaba, ni de dinero. Tampoco hemos sabido nada de las personas que según se dijo, habían llegado con él aquella noche y que también fueron detenidas. Si están presos o si los soltaron, no sabemos nada,” afirma, mientras con un movimiento rápido entrelaza sus manos.

Por su parte, Ernestina, ya un poco más calmada, nos quiere invitar a un café, le pide a su nieto que la ayude pues ella ve muy poco y teme quemarse. Al momento de servir el café, dice resuelta, pero con mucha tristeza, mientras camina hacia una repisa colgada en unas de las paredes del pequeño espacio que funciona como comedor: “Vamos a estrenar estas tacitas que me trajo Adrián cuando vino y nunca las he usado.”

Bebe su café en silencio, y agrega instantes después: “Mi hijo era muy bueno, yo lo extraño mucho. Nunca le hizo daño a nadie. Él quería regresar y por eso me lo mataron. Escribe que yo lo digo. Ya no tengo nada que perder.”
Y nuevamente entre sollozos exclama: “Lo único que quiero es que Dios me lleve para estar junto a mi hijo y terminar con el infierno en que vivo.”

Las lágrimas de Ernestina Pérez corren por detrás del cristal de sus espejuelos y parecen no tener fin. Aunque su vista es opaca, está lúcida para su edad. Recuerda a muchos amigos de Adrián, algunos en el exilio. De momentos calla como si quedara sola con sus pensamientos y de nuevo vuelve a la realidad y expresa con énfasis, a manera de despedida: “Muchas gracias por venir y cuídense, que esta gente no cree en nadie.”

Adrián Leiva, quien marchó de Cuba en el año 2005, regresó a su patria con una visa de turismo en mayo de 2008, pero con la intención de quedarse. Durante los cinco meses que pudo estar en la isla antes de ser deportado, se integró a la Asociación Pro Libertad de Prensa (APLP) colaboró con Primavera y retomó su trabajó para Cubanet.

Según la opinión de familiares y amigos, la muerte de Leiva no está clara. Pudiera ser un caso no resuelto para una futura Cuba en democracia.

Según las autoridades cubanas, su muerte se produjo el 24 de marzo, pero el cadáver fue entregado a los familiares 14 días después.

La rapidez impuesta por la policía política, presente en la funeraria, para el tiempo de exposición del cadáver y el sepelio, más el control en la bóveda familiar donde descansan sus restos, entre otros motivos, han sembrado las dudas sobre los hechos de aquel 24 de marzo cuando Adrián Leiva por reencontrarse con su patria encontró su muerte.

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