Publicado: Vie, 15 Feb, 2013

¿Cuáles han sido los libros y autores prohibidos en Cuba?

la-invencion-de-cubaAhora que estamos a las puertas de una nueva edición de la Feria Internacional del Libro, que todos los años recorre varias ciudades de Cuba, conviene traer a colación el escabroso tema de los libros y autores a los que no han tenido acceso los lectores cubanos, y así salirle al paso a la propaganda oficialista, la que trata de presentar dicha Feria, y la circulación de los libros en la isla, como paradigmas de la inclusión y la tolerancia.

Es útil recordar que el señor Eliades Acosta— por cierto, sumido en un ostracismo total después de solicitar su liberación como jefe del Departamento de Cultura del Comité Central del Partido Comunista—, en su época de director de la Biblioteca Nacional “José Martí”, se propuso librar dos grandes batallas: emprenderla contra las bibliotecas independientes que se extendían por todo el país, y tratar de demostrar que en Cuba no había libros prohibidos.

Con respecto a la segunda de las misiones, y con tal de hacer ver que los lectores cubanos tenían acceso a lo mejor de la literatura universal, Eliades creó en 1997 los Clubes Minerva, que pronto se extendieron a todas las provincias y varios municipios del país.

Hay que reconocer que se trató de una acción positiva, pues se utilizaba un presupuesto en divisas aprobado por el Ministerio de Cultura, y se adquirían títulos en las librerías más exclusivas de La Habana, los que después se alquilaban en moneda nacional a los lectores afiliados a ese proyecto.

Así, autores como Mario Vargas Llosa, Octavio Paz, Alexander Solzhenitsin, George Orwell, Boris Pasternak, Carlos Fuentes, Camilo José Cela, Isabel Allende, Ken Follett, y otros, estuvieron al alcance de los lectores cubanos. Sin embargo, puedo dar fe de que, cada vez que se efectuaba una compra para los Clubes Minerva, la subdirectora de la Biblioteca que los atendía, examinaba uno por uno los títulos adquiridos con el objetivo de evitar que un libro no deseado fuera a parar a algún Club.

Bueno, ¿y cuáles eran esos libros no deseados? Pues, fundamentalmente, los de autores cubanos residentes en el exterior y que habían roto con la revolución cubana. En esa lista se incluían, entre otros, Rafael Rojas, Carlos Alberto Montaner, Carmelo Mesa-Lago, Marifeli Pérez-Stable, Zoe Valdés, Guillermo Cabrera Infante, Carlos Franqui, y Eliseo Alberto Diego.

Claro, comoquiera que la Biblioteca Nacional debe ser depositaria de toda la literatura escrita por autores cubanos, tanto los de dentro como quienes residen fuera de la isla, algunas de las obras de esos autores se cuentan entre sus fondos. Pero no para que cualquier lector acceda a ellos, sino en una colección denominada “Cubanos en el Exterior”, la que solo puede consultarse mediante un permiso especial de otra subdirectora de la institución.

Un permiso que, por lo general, se concede únicamente a investigadores vinculados con la cultura oficialista. En esta Colección han tenido cabida algunos títulos que, a pesar de no ser de autores cubanos, sí guardan relación con Cuba. Por ejemplo, La vida en rojo, esa biografía del Che Guevara escrita por el mexicano Jorge Castañeda. Una biografía nada complaciente con la imagen que el castrismo pretende dar del ilustre guerrillero, y cuyo único ejemplar desapareció misteriosamente de la Biblioteca Nacional. Se rumora que el propio Abel Prieto, entonces ministro de Cultura, lo recogió para que nutriera su biblioteca personal.

Fui testigo, además, de un hecho que denota el celo con que se ocultan los títulos de los mencionados autores. Resulta que un empleado de la propia Biblioteca Nacional solicitó el libro José Martí y la invención de Cuba, del ensayista Rafael Rojas. La empleada a cargo de la Colección, después de tardar un tiempo excesivo en localizar el libro, regresó con las manos vacías, y le comunicó al solicitante que ese título no podía consultarse porque ese autor difamaba la figura de Martí.

En los últimos tiempos, y mediante una política que muchos han calificado de “necrocultura”, las autoridades cubanas se han dado a la tarea de rescatar— claro, solo lo que sea rescatable desde el punto de vista del castrismo— a autores ya fallecidos que se habían opuesto al comunismo cubano. Aquí caben los que abandonaron la isla, como aquellos que permanecieron en Cuba.

Entre los primeros podríamos mencionar los casos de Cabrera Infante y Jorge Mañach, que como sabemos, murió en 1961 en Puerto Rico, adonde había marchado al no comulgar con el giro al marxismo-leninismo de la revolución cubana.

Acerca de los que se quedaron en Cuba, destacan los casos de Virgilio Piñera y José Lezama Lima. Sí, porque digan lo que digan los actuales jerarcas de la cultura cubana, tanto uno como el otro fueron marginados en vida. Y si hoy reciben pleitesía por parte de la cultura oficialista, en el fondo hay más utilitarismo que reconocimiento a las virtudes literarias.

 

Orlando Freire Santana

Orlando Freire Santana es periodista independiente

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