Publicado: Vie, 15 Feb, 2013

“Los cubanos y su mala fama”

estrecho-de-la-floridaTras el derrumbe del Campo Socialista en Europa del Este, la ruta Habana-México sería una opción a la estampida de cubanos en balsas por el Estrecho de la Florida. Nada más había que “conseguir” un contrato de trabajo o una invitación para volar hacia tierras aztecas.

Así los jugosos dividendos iban fomentando mafias mejicana-cubana, en la cual los altos dirigentes del Partido Revolucionario Institucional (PRI), de aquel entonces, y los dirigentes del Partido Comunista de Cuba, no quedaron al margen del juego.

Un gobernador de Quintana Roo, que financió planes con instituciones políticas en Cuba, y que posteriormente fue enjuiciado por varios delitos de corrupción y hasta de ser parte importante del trafico de droga y el crimen organizado, llegaría como un ejemplo convincente de las relaciones clandestinas de La Habana con México.

Era otro aporte de la revolución cubana para con un país latinoamericano, no con maestros, ni con médicos como hace con otras naciones, sino alimentando al monstruo de la violencia que en el presente devora a cientos de mexicanos.

Sin embargo, en materia de política interna, es indignante que a estas alturas en los medios de comunicación nacionales, siga siendo tabú hablar de los miles de cubanos que han perecido en el mar intentando irse de la isla. Un suicidio colectivo que todavía está proscrito de todo análisis político y social. Y que cuando se hace mención a la emigración ilegal, es solo para imponer la pueril excusa de que los responsables de la tragedia son la Ley de Ajuste Cubano y los cantos de sirena imperiales.

Mientras tanto, los cubanos continúan intentando llegar por mar a “la tierra prometida”, y muchos de ellos siguen pereciendo en el intento. Pero con las nuevas reformas migratorias, vigente desde el 14 de enero pasado, se abren otras perspectivas de inmolación masiva par los que quieren emigrar por tierra “firme”; consiste en llegar hasta un país latinoamericano y luego cruzar fronteras con rumbo norte, poniendo sus vidas en manos de las pandillas que trafican con personas, un delito muy similar al del tráfico de drogas, de armas y de órganos humanos. O en el mejor de los casos ser victima de funcionarios corruptos y timadores.

Luis Alberto Martínez Herrera, ciudadano cubano de 29 años, recientemente cayó en las garras de éstos últimos. El 24 de diciembre del pasado año, abordó un avión de la agencia TAME, una compañía que cubre la ruta Quito-La Habana. Al aterrizar en el aeropuerto Mariscal Sucre lo confinaron en una habitación-calabozo para los inadmitidos, junto a otros 10 cubanos que llegaban a Ecuador por vez primera, dos mujeres y nueve hombres.

Allí, en pleno encierro, dos funcionarios ecuatorianos (presumiblemente miembros de una pandilla que trafica con cubanos), quienes tenían en sus respectivas credenciales los nombres de Juan Carlos y Cristian, le solicitaron 3 mil dólares a cada uno de los inadmitidos, a cambio de no ser retornados a Cuba. Los demás funcionarios de la pandilla ocultaban sus credenciales para no ser identificados.

“Nosotros sabemos”, le comentó un oficial durante un interrogatorio, “que ustedes (los cubanos) vienen aquí (a Ecuador) para brincar fronteras, y a comprar ropa y revenderla en Cuba; compran euros aquí y se lo llevan a Cuba, y los dólares los compran en Cuba y los traen para acá. Además traen medicamentos (pastillas de PPG y viagra)…y así se enriquecen sacando provecho de nosotros”.

En fin: los cubanos son la peste, nada mas faltó por decir al corrupto funcionario. Por lo visto la amistad entre Cuba y Ecuador no pasa de ser un negocio entre los dos gobiernos.

Dos de los “inadmitidos” pagaron la suma solicitada por la pandilla y salieron del aeropuerto, mientras que los siete restantes serían montado en un avión por la fuerza, tres días después y bajo amenaza, que incluyó perros entrenados, forcejeos e insultos de: ¡No queremos gente como ustedes aquí! Uno de los cubanos resultó herido en un brazo.

Una vez de regreso en el aeropuerto José Martí, el trato fue magnífico, y sin faltar el sermoncito oficial, echado por el aduanero, de que esto sucede por irse para a un país extraño.

A Luis Alberto, la efímera visita no solo le costó unos 3 mil dólares en gastos de pasaje y otros tramites reglamentarios, además la pandilla del aeropuerto de Quito, le robó tres botellas de ron Havana Club y varias cajetillas de cigarros.

La infructuosa aventura de Luis Alberto comenzó una semana antes, cuando en Cuba conoció al cubano-ecuatoriano Jorge Alberto Martínez Quintero, un profesor de la universidad de Quito, quien le solicitó 1500 dólares por formalizar una invitación para visitar Ecuador.

La intención de Luis Alberto era la de conocer ese país, aunque no está exento de los “cantos de sirena”. Su esposa emigró embarazada a Estados Unidos para reunificarse con su familia. Ahora al amor por la esposa y por su pequeño hijo, se le interpone el Estrecho de la Florida, también la mala fama que acompaña a los cubanos.

 

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