Publicado: Lun, 4 Mar, 2013

El cólera en La Habana

Cuentan sus vecinos que en menos de setentaidós horas el cólera le arrebató la vida a Osvaldo Pino Rodríguez. Agonizó en una sala del Instituto Pedro Kourí (IPK) durante la madrugada del 6 de enero. Y de eso nada ha comentado ningún medio de difusión oficial.OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Su cadáver fue velado dentro de una bolsa de nailon, presuntamente para evitar riesgos de contagio, y el velatorio duró menos de tres horas. La casa donde pasó sus últimas horas con vida (en calle Vista Hermosa No 418, La Piñera, municipio Cerro), la declararon en cuarentena por orden de las autoridades sanitarias. Osvaldo era barbero de profesión y al fallecer tenía entre 43 y 45 años de edad.

Unos días antes de esta muerte, los rumores sobre el cólera en La Habana iban y venían. Pero la censura oficial volvía a batir récord de silencio, en espera de que “el andancio” pasase al olvido, y esto provocó que muchas personas confundieran sus síntomas con los de un malestar común. Sencillamente no había información.

Inmediatamente después del fallecimiento de Osvaldo, la trama adquirió proporciones de tragedia. Vino la orden de cerrar todos los establecimientos estatales y privados que venden alimentos en el municipio Cerro, y también en otros municipios colindantes. La preocupación popular se tornó presión, y las autoridades sanitarias, con su lenguaje “simplista” (cuando les conviene), tuvieron que reconocer que se trataba “de un pequeño brote de cólera”. Aun así, continuaron cerrando círculos infantiles y escuelas.

Mientras la prensa oficial recomendaba lavarse bien las manos y hervir el agua, se comentaba vox populi que a los enfermos de VIH los habían sacado del IPK, y estaban remitiendo hacia allí la mayor cantidad de infectados con la Vibrio cholerae, bacteria que provoca el cólera. Se rumoraba además que el personal médico de todos los hospitales capitalinos se encontraba en alerta, por si se desataba una epidemia de magnitudes impredecibles. Horas más tarde, esos rumores callejeros se habían hecho realidad.

Los estudiantes de medicina cubanos y extranjeros andaban por las calles, haciendo pesquisas y entregando tabletas de Doxicilina, un antibiótico fuerte, e indicaban acudir a las farmacias de cada localidad a comprar hipoclorito, un antibacterial líquido para el agua potable. Sin embargo, el medicamento está en falta en algunas farmacias.

El activista político Rodolfo Reimón Trimiño, residente en el barrio Las Cañas del Cerro, corroboró que en su cuadra, hasta el miércoles 9, se produjeron tres casos. Otros sondeos independientes hacían suponer que en esa barriada los números puedan haber superado el ciento de infectados. Y de acuerdo con las estadísticas internacionales, si de cada veinte personas que contraen el cólera, una puede caer en estado de gravedad, entonces nos están escondiendo las cifras totales de fallecidos desde Oriente a Occidente.

El miércoles 9 de enero el ministro de Salud Pública y el vice ministro de Epidemiología recorrieron las zonas de mayor riesgo en Santos Suárez, barrio perteneciente al municipio Diez de Octubre. Allí conversaron con algunos vecinos del hospital Raúl Gómez, ubicado en la intercepción de las calles Coco y Rabí, el mismo que hace más de cinco décadas se llamara Cooperativa de Médicos. En este sitio establecieron un Puesto de Mando para monitorear “otro pequeño brote” que también se había dado en este municipio desde hacía días.

El departamento Higiene y Epidemiología sostuvo un conversatorio con la población, en algo que denominan Audiencias Sanitarias. En ellas advierten sobre las medidas sanitarias, tales como no botar la basura cuando los vertederos estén desbordados, sino guardarla en casa en jabas de nailon hasta que pase el camión recolector, entre otras disposiciones. Pero constantemente minimizaban la magnitud del brote.

Respecto a los basurales de las esquinas, algunos vecinos se inquietaron por cómo destruyen las aceras los equipos excavadores utilizados para recoger la basura, que dejan huecos donde luego se acumulan líquidos y sólidos pútridos.

Pese a todo, nada se ha expresado acerca de la protección a los trabajadores por cuenta propia que tienen que cerrar sus comercios y quedan a merced del desempleo.

Carlos Ríos Otero y Juan Carlos Linares Balmaseda

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