Publicado: Mar, 19 Mar, 2013

Ideas libertarias e intereses económicos

Revoluciones independentistas en el siglo XVIII; en Estados Unidos (1776), Francia (1789), y el resto de América, incluida Cuba, la última, a lo largo del siglo XIX. Con toda intención no he mencionada Haití (1804), por ser un caso sui géneris donde la masa aún esclava logró sacudirse el yugo.

Por lo demás, todas tienen un denominador común, la rebelión de las clases emergentes frente a la tozudez de la nobleza feudal, en el caso de Francia, y en contra de las metrópolis en los demás casos.

Los próceres independentistas de las colonias americanas, se alzaron empujados por la necesidad de ganar el lugar que les correspondía en las economías de sus países. El amor patrio, los himnos, banderas y constituciones, no fueron más que reflejos de la lucha de clases como la llamaría Carlos Marx, por establecer un nuevo orden económico.

El monopolio económico, comercial y financiero fue impuesto a expensas del desarrollo de los que ya se sentían capaces de liberarse de la tutela y sentían esa liberación como una necesidad imperiosa. El desarrollo de las fuerzas productivas desbordaba de esta forma el estrecho marco político y jurídico impuesto en épocas pasadas y mantenido a la fuerza por gobiernos alejados desde todos los puntos de vista, de las nuevas naciones.

Los llamados países socialistas europeos, monitoreados férreamente por la Unión Soviética, eran incapaces de desarrollarse y mejorar las condiciones de sus pueblos a pesar de, en teoría, tener todas las condiciones para ello.

China y Vietnam son otros dos ejemplos de que el monopolio comercial y productivo ya sea por parte de un gobierno nacional o de una metrópoli extranjera, surte el mismo efecto devastador sobre la economía, y provoca manifestaciones de inconformidad que pueden llegar a ser más o menos violentas.

El llamado sistema socialista, incluso el del siglo XXI, no es más que el monopolio del estado sobre los medios de producción, el comercio, las finanzas, el aire que se respira y el agua que se bebe.

Los países con abundantes recursos naturales que derrochar, pueden demorar más en caer en la inevitable crisis. Los que poseen escasos recursos naturales, por su parte, jamás salen de la crisis y dependen de la ayuda de una potencia extranjera o de un bloque de países que subsidie el desbarajuste.

Visto de esta manera, el socialismo al estilo estalinista o chavista, no pasa de ser una forma degenerada de capitalismo donde los trabajadores sufren los rigores del capitalismo más feroz, sin disfrutar de ninguna de las ventajas de la economía de mercado.

Ser liberal no tiene nada de malo como pretenden hacer ver los propugnadores del socialismo de nuevo tipo, los próceres de la independencia fueron liberales, sus ideas eran libertarias; libertad para producir o brindar el servicio que los consumidores van a comprar porque es lo que necesitan, libertad para vender a quien sea y al precio acordado entre el que oferta y el que demanda dentro o fuera del país; estas fueron las motivaciones originales de Céspedes, Agramonte, Washington, Bolívar, San Martín y Sucre.

Dar la libertad a los esclavos, más que un gesto de amor y altruismo, fue una medida dirigida a forzar el desarrollo de nuevas formas de producción que traerían más ganancias, expulsar a los colonizadores buscó en todos los casos, que el comercio exterior quedara en manos de los criollos, así como que las tierras dejaran de pertenecer a la corona y el pago de los impuestos no fuera a parar a Europa.

El desarrollo de las artes, las ciencias y las letras, tiene una relación estrecha con las libertades individuales. La creatividad es consustancial al liberalismo y el crecimiento económico también lo es. Sin embargo, el énfasis de las dictaduras está puesto en la disciplina. Es de suponer que no hay nadie más sujeto a la disciplina que un soldado, pero está por ver el primer general que gane un Premio Nobel.

Esto puede llevarnos a la conclusión de que las dictaduras modernas de izquierda o derecha, son tan desastrosas en lo económico y social como lo fueron en su momento las metrópolis coloniales. No es cuestión de ideologías ni de mesías paternalistas dueños de la verdad absoluta, el hombre que no es libre no colabora, el obrero socialista es tan improductivo como un esclavo del siglo XIX.

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