Publicado: Lun, 4 Mar, 2013

Los comunistas y su política ilógica, inmoral e ilegal

Contrario a lo que piensa la inmensa mayoría del pueblo cubano sobre la política, esta no es propiedad de los “políticos”. La política es una ciencia que estudia de alguna manera las relaciones entre los seres humanos, por lo que evadirla es un hecho sencillamente irresponsable.Foto-Odelin (para trabajo de Padrón Azcuy)

La política está presente en todas las manifestaciones de la vida práctica, y constituye un indispensable instrumento para cambiar el rumbo de un país. Ella tampoco constituye el derecho de un grupo de personas o de un partido político, y menos aún proscribe o cancela la opinión de otros.

Lamentablemente, hoy los insulares exhiben un equívoco desinterés por la política de su nación, debido, en gran medida, a las aburridas y abundantes reuniones que el régimen ha impuesto a cada ciudadano, sin más resultado que la ciega obediencia a un solo partido.

Esta práctica evidente en cada barrio, universidad, escuela o centro de trabajo, anula la participación ciudadana en nuestra propia política, y desgraciadamente facilita al partido comunista amplias prerrogativas, sin apenas mirar que es el propio partido quien cancela todas las libertades fundamentales de los cubanos.

Este partido -único en Cuba- aparece como la primera e insuperable fuerza política de la nación, permitiéndose el lujo de involucrar en su seno a todos los pobladores, quienes a través de sus organizaciones de masas, responden directamente a los intereses del partido comunista. Un mecanismo que -incluso inconscientemente- suscribe a militancia a la mayoría de los ciudadanos, sin ser militantes del partido.

Por solo citar un ejemplo, un trabajador del Ministerio de la Pesca pertenece a la Central de Trabajadores de Cuba. ¿Y qué tiene que ver con el partido? Pues todo. Fue el partido comunista el que agrupó a todos los trabajadores en un mismo sindicato. En teoría y en la práctica, ese compatriota se comporta como si fuera un militante del PCC. Y así sucede con toda la población y sus diferentes estratos sociales.

No es casual que para solicitar un empleo en cualquier parte de la isla, el primer talonario a la vista te pregunta “¿A qué organizaciones políticas o de masas perteneces?” Y es raro que alguien no pertenezca a alguna.

Esto no sucedía antes de la revolución y mucho menos sucede en el mundo democrático: una cosa es pertenecer a las organizaciones de masas, que debieran ser independientes, y otra es tener una militancia activa, comunista u otra cualquiera. Son cosas diferentes y lo fueron en Cuba siempre antes de 1959.

Esta independencia propició que el Movimiento 26 de Julio organizara el derrocamiento de la tiranía de Batista. La FEU, en ese entonces, tenía su independencia, de igual manera los diferentes sindicatos, que lograron grandes avances que se pueden constatar en la propia constitución de 1940.

En cambio, actualmente todo responde al Partido Comunista. Ningún cubano puede hablar ni como individuo independiente ni mucho menos a nombre de su organización, pues todo su discurso debe ser aprobado a conveniencia del partido, lo cual es algo totalmente ilógico, inmoral y hasta ilegal.

Hoy, mientras los cubanos permanecemos a la espera de los grandes cambios que impone la globalización, la dictadura comunista no asimila el ritmo de los cambios que el país necesita. Sus transformaciones, ya sean económicas, migratorias o de cualquier índole, no encuentran la manera de enrolarse en la ola del verdadero cambio.

Los renglones del desarrollo humano en la isla no tienen veinte años de retraso, sino siglos. ¿Por qué? Pues mientras los países más ricos y desarrollados del mundo tienen una política desarrollada, los cubanos tenemos un solo partido, y una política dirigida por líderes que no han cambiado el esquema en sus cerebros, y lo peor es que no admiten que la democracia y el pluripartidismo son los pilares para el desarrollo de las sociedades.

¿Qué nos queda, pues, a los cubanos, para acelerar la llegada del bien al país? Entre otras cosas, solo bastaría que los abuelos, las amas de casa, los trabajadores y los jóvenes de la isla, empiecen a particularizar su propio proceso político.

Para ello primero tienen que deslindarse de las ataduras impuestas por el partido comunista que, contrario a las obligaciones de los Gobiernos, junto a la cúpula militar cubana, jamás ha cumplido con el precepto ético de la preservación de la paz y prosperidad, la protección de sus ciudadanos y sus derechos.

Leonpadron10@gmail.com

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