Publicado: Lun, 4 Mar, 2013

Una broma de los chinos

A Guido Menéndez, ingeniero retirado de las Fuerzas Armadas, la crisis económica actual lo obligó a montar un taller de reparación de electrodomésticos en el portal de su casa.

Militante del Partido Comunista desde hace treinta y cinco años, con una trayectoria política destacada en la vida militar, cuenta que en la década del setenta cumplió tareas de acoso y persecución a personas honradas que realizaban oficios particulares. Ahora se arrepiente de aquel absurdo, porque ha tenido que recurrir a esos mismos menesteres para sobrevivir.

Cuenta también que cada día se asombra más de lo que sucede a su alrededor, la apatía de los jóvenes por el trabajo, el deterioro social, las pérdidas de valores, la pobreza, el estancamiento. Sobre las medidas de ahorro que el gobierno impone constantemente, la eliminación de las gratuidades, la suspensión de los comedores obreros, la posible desaparición de la libreta de racionamiento, dice que las apoya, pero no sabe explicar por qué.

Durante el servicio activo en el ejército, Guido fue jefe de Ingeniería en una gran unidad de tanques. Luego dirigió un batallón de zapadores que cumplió misión internacionalista. Muestra con orgullo una vieja caja de tabacos repleta de medallas y distinciones otorgadas por el Consejo de Estado.

Presencié uno de sus arreglos en el taller, una plancha defectuosa que el ingeniero no supo abrir. Mascullando imprecaciones se preguntó qué país construía planchas así.

-China –dijo la dueña.

Guido miró a la mujer de reojo, luego volteó el equipo y verificó su procedencia. Dijo malhumorado que ahora todo se fabrica en China. Mientras hacía esfuerzos inútiles para destapar el equipo, confesó que hubo un tiempo en que le inculcaban a los militantes comunistas aversión contra el coloso asiático. Los chistes contra los chinos se pusieron de moda. Ahora resulta que son nuestros socios comerciales y los mejores amigos.

-China se ha desarrollado rápidamente –le dije -. Ahora son ellos quienes cuentan los chistes.

Apartó los ojos de la plancha. Me advirtió que tuviera cuidado con la propaganda. Le conté que hace poco leí un libro escrito por un periodista norteamericano, que en su recién gira por China no dejó de asombrarse de las maravillas del gigante asiático. En el prólogo cuenta, como el funcionario que lo atendió en la visa, le mostraba con orgullo el desarrollo económico y social de su país.

-¿Sabe usted cuál es nuestro pájaro nacional?

-No tengo idea

-La grúa de construcción –dijo el chino-. Y le sugiero que no parpadee durante la visita, podría perderse la inauguración de un nuevo rascacielos.

En su libro, el periodista norteamericano se admiraba que los trabajadores chinos durmieran junto a los puestos de trabajo para ganar más, y que los apartamentos se ocupaban antes de que los edificios estuvieran totalmente listos.

Dice que según la Academia China de Ciencias Sociales ya existen 10 mil empresarios chinos que han superado la barrera de 10 millones de dólares cada uno, y que los ingresos de la clase media supera el Producto Interno Bruto de cincuenta países juntos.

En 2004 el Parlamento chino enmendó la Constitución para establecer que la “propiedad privada y legítima de los ciudadanos es inamovible” y que “el Estado, de conformidad con las leyes vigentes, debe proteger los derechos de la propiedad privada a los ciudadanos, como también los de su herencia”.

Guido no pudo destapar la plancha y se la devolvió a la dueña. Dijo con tono agrio que además de contradictorios, los chinos habían resultado bastante bromistas.

frankcorrea4@gmail.com  

Frank Correa

Frank Correa es periodista independiente y miembro de APLP

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