Publicado: Lun, 22 Abr, 2013

Borrados de la historia por fuga

Santa Clara, Villa Clara. Musicalmente fuga es un modo de construcción musical con un procedimiento de creación y estructura muy bien determinado. Así mismo, el término se aplica socialmente en Cuba cuando una o varias personas escapan de un lugar, y si lo hacen hacía el extranjero el primer castigo es el ostracismo.

Este escrito no es sobre el léxico aplicado a la definición artística, sino sobre quienes escapan de un lugar. Días atrás, en un comercio de mi natal Santa Clara alguien señaló: “Sí ese afiche del equipo Villa Clara trae a Leonis Martín no deberían venderlo”, a lo que otro comentó: “Sí a todos los que se fuguen los van a borrar, dentro de poco va a estar vació el afiche”.

Leonis Martín, quien abandonó la Isla de modo irregular recientemente, tomó una decisión que es casi la única para poder jugar béisbol realmente rentado. Pero a el lo precedieron Manolito Hurtado, Bárbaro Garbey, Liván y el “Duque” Hernández, Rolando Arrojo, René Arocha, José Ariel Contreras, Osvaldo Fernández, Maels Rodríguez…, y solo por marcharse a otro país han sido borrados de las estadísticas del béisbol cubano.

El escritor, periodista, ensayista y filosofo cubano Jorge Mañach escribió en una ocasión: “El exilio es una categoría histórica en Cuba”. Tal afirmación sea afianza porque el exilio ha mostrado su mayor “esplendor” en períodos convulsos, como cuando la intolerancia reinante durante la Colonia, o en las dictaduras de Machado y Batista, en la Republica. En cambio, desde de 1959 este ha sido constante.

Mañach regresó a Cuba en 1959 y se largó para siempre un año después inconforme con los postulados de la joven Revolución cubana. Igual hicieron especialistas en salud, ingenieros, estudiantes, obreros, deportistas en general, y personal de la cultura.

Este último sector es uno de los paradigmas enarbolados por el gobierno para esconder su fracaso, por ello citar algunos ejemplos de proscritos por fugas se hace necesario. Paquito de Rivera, Arturo Sandoval, Annia Linares, Mirta Medina, Ramoncito Veloz, Osvaldo Rodríguez, Susana Pérez… y muchos más están en las filas de músicos y artistas “apartados” por la cultura oficial.

Orlando Vallejo, Blanca Rosa Gil y Orlando Contreras hubieron de esperar 30 años para que sus canciones fuesen radiadas nuevamente, y a un compositor como Osvaldo Farrés no lo citan al presentar sus obras. “Benny” Moré, José Antonio Méndez, Rosita Fornés y otros triunfaron fuera del país y salían o volvían a este cuando querían, tenían esa posibilidad porque era otra época, de haber sido hoy Cuba Revolucionaria hubiera tachado sus nombres, como lo hizo con Celia Cruz y Olga Guillot.

Anular la labor investigativa de galenos u otros profesionales, el pedigrí de deportistas, la obra de artistas e intérpretes musicales, solo por escoger irse al extranjero es algo absurdo en el mundo libre actual. Los octogenarios que gobiernan Cuba deberían saberlo y subirse al carro de la actualidad.

Cuando una estructura musical consiste en usar la polifonía vertebrada por el contrapunto entre varias voces o líneas instrumentales, basado en la imitación o reiteración de melodías en distintos tonos, se está ante una fuga. En Cuba, si el registro deportivo, laboral, científico, estudiantil, intelectual, médico o de cualquier otra esfera social de alguien es suprimido del andamio oficial, es porque ese alguien “interpretó o ejecutó” una fuga del territorio nacional.

Feliberto Pérez Del Sol

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