Publicado: Vie, 5 Abr, 2013

El INDER sigue en dirección contraria

La pregunta era obligada, predecible. Era un disparo a boca de jarro, casi al pié mismo de la escalerilla del avión, cuando los atletas cubanos arribaban de los torneos internacionales. Había que formularla, una y otra vez: “¿A quién le dedicas éste triunfo, o ésta medalla?”.

El atleta no podía vacilar en su respuesta inequívoca: “¡A Fidel y a la Revolución!”.

Pero ya no es tan así. La obvia razón es que cada vez son más pobres los resultados de Cuba en la arena deportiva internacional. El deporte “aficionado” va cuesta abajo.

El por qué es simple. Ha sido agotadoramente largo el fidelismo, y avasalladora la politización que aplicó en todas las direcciones del ámbito nacional. Y el deporte fue un foco prioritario de Fidel Castro. Sus machaconerías y diatribas insertaron en la conciencia popular un triunfalismo fanático, respaldado por la intolerancia totalitaria. Pretendía crear una “cultura deportiva eternamente indestructible”. Y en la cúspide de todo este bochinche revolucionario, el culto a su personalidad.

Ese cascajo ideológico sería instrumentado por el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER), fundado el 23 de febrero de 1961. Institución que alcanza la época dorada en las décadas del 70, 80 y parte del 90 del siglo pasado, gracias al financiamiento de la URSS y el campo socialista de Europa del Este. Y como en todos estos países, también el INDER fue un costosísimo instrumento de propaganda.

Por eso, ante fines tan cardinales para la imagen del régimen castrista, durante más de media centuria, llama la atención que esta prioritaria institución nacional, de deporte, de educación física, y de recreación nunca llegara al rango de Ministerio.

Eso lo puede explicar la personalidad controladora del líder “histórico”. Tampoco para nadie es un secreto la importancia que él le daba a tener las cosas bien dentro del puño. Siendo el deporte su vitrina personal, entonces el INDER tenía que ser algo así como una gaveta a completa disposición del presidente de los Consejos de Estado y de Ministros. De él y más nadie que de él.

El pasado viernes 29 de marzo, el espacio informativo independiente Estado de Sats realizó un programa dedicado al deporte cubano en sentido general, y en particular al beisbol nacional de Cuba. Allí se confirmó el bagaje informativo y el profundo nivel analítico y crítico que la población maneja sobre este tema.

Los panelistas y el público asistente disertaron sobre la indetenible bancarrota en cuanto a pedagogía atlética, cantera de jóvenes talentos, los centros de entrenamiento, el atrincheramiento ante la influencia de los actuales medios de difusión, la mala paga en el este ramo (y en todos los demás)…En fin, que si el Estado asumió las victorias como triunfo político, ahora tiene que asumir la responsabilidad del fracaso.

Uno de los participantes en los debates reflexionó acerca de que “A partir de ahora las medallas olímpicas y mundiales que gane Cuba serán a un ritmo similar al que se produjo durante el período republicano”. Otro asistente consideró que la reciente derrota del equipo Cuba en el Clásico Mundial, sin lugar a dudas sacudió la mentalidad de los dirigentes empeñados en no cambiar. “A veces perdiendo se gana mucho”, precisó el orador.

“El equipo de beisbol nacional, denominado amateur, y en verdad profesional mal rentado, no es malo pero tampoco tan bueno como siempre se pretendió”, enunció otro conferenciante.

El denominado béisbol revolucionario, competía contra equipos universitarios que entrenaban en sus tiempo libre. Por eso en ocasiones El equipo Cuba parecía inmenso e imbatible ante sus rivales. Ahora, compitiendo contra profesionales bien pagados, se ven como lo que son, mediocres y mal pagados. La prueba es que algunas de las mejores estrellas del amateurismo se exiliaron y tuvieron la oportunidad de jugar en equipos profesionales, y salvo muy pocas excepciones, la mayoría no llegó a figuras descollantes del profesionalismo.

Un sinnúmero de reconocidos atletas, que en su momento subieron al podio de la gloria, menospreciaron sus propios esfuerzos y sus talentos innatos. Unos cuantos de ellos, hundidos hoy en la miseria sólo han de agradecer al “manager en jefe” una modesta casa o un arcaico automóvil. Otros deportistas de alto rendimiento además de competir, hacían el papel de secuaces del régimen, vigilando a los colegas durante las giras por otras naciones para impedirles “desertar”. Y otros llegaron hasta la categoría de esbirros, agrediendo a cubanos exiliados que se manifestaban contra el sistema en la isla.

El narcisismo del “Líder Máximo” condujo al deporte nacional hacia una especie de esclavitud. Más que a “una mercancía del capitalismo” como lo definiera él mismo, los atletas se convertirían en siervos del Estado, y en una propiedad exclusiva del máximo líder.

Y pasaron los años, y ahora son mayores las penas que las glorias. Sin embargo, el INDER sigue en dirección contraria. Cuba irá ocupando el lugar que le corresponde en el medallero mundial, a tono con su real y calamitoso progreso económico y nivel de vida de la población.

No hay solución a corto, ni tal vez a mediano plazo. No existe manera de capitalizar en el deporte, el espacio que el Estado va perdiendo. Para volver a pensar “en grande”, hay que rediseñar una Cuba próspera: esa es la rígida realidad.

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