Publicado: Vie, 12 Abr, 2013

Las libertadas y la Santa Clara

Dentro de las ciudades más libres del país incluyo a mi Santa Clara natal, de esto no me cabe duda. No intento decir con ello que tan básico derecho para el bienestar humano se le muestre a mis coterráneos en todo su esplendor, sino, que quienes habitamos acá gozamos de “ventajas” ausentes en otras urbes cubanas, las cuales, en mi opinión, se han alcanzado en una desigual lucha contra el omnipresente castrismo.

La perseverancia y renovación de la masa freaky, el vertiginoso aumento de la comunidad gay, el bohemio ámbito de trovadores junto a la solides y pujanza del movimiento político opositor, así lo confirman. Sin embargo, el espacio ganado por estas y otras tribus urbanas no citadas, ha sido sin que cambiasen las reglas que en sus días las entorpecían.

Claro está, no todas estas manifestaciones, sobre todo las de carácter político, se puedan obrar con total albedrío en la vía pública. Si bien libertades como las enunciadas en el párrafo anterior son características de sociedades plurales, en Cuba está harto distante de semejante proceder.

Es errado pensar que esto surja netamente de la bondad del régimen hacia algunos de sus “descarriados” sectores populares, como también que este haya cedido ante el clamor popular. Es, a mi entender, un poco de ambas teorías lo que ha generado estas “libertades”, aunque cada favorecido las disfrutará, y a veces, sin notar el origen de las mismas.

Quienes últimamente se han sumado al circuito homosexual local y hoy hallan en El Mejunje un idílico sitio donde confluir, ignoran el calvario padecido por sus similares en décadas atrás. De tal modo que aquellos que una vez fueron marginados por su “conducta sexual impropia”, ahora reciben de aquellos mismos inquisidores su pedacito de Libertad Estatal en el citado centro cultural.

Un tanto parecido ocurre con la comunidad hippie santaclareña, pues si bien sus antecesores también sufrieron los embates del sistema, en la actualidad los de último arribo creen que el espacio que gozan es obra de la casualidad. Con lo sola diferencia que el estrecho vínculo generacional propicia una paulatina desnudez del asunto, y con ella el traspaso de dolor.

Bajo el halo guardián del folklore trovadoresco que hace años circunda La Ciudad de Marta Abreu, ahora se suceden regularmente buen número de conciertos. Eventos donde se suelen escuchar gran cantidad de canciones, la mayoría de ellas portadoras de un altísimo grado de compromiso político-social, y que raramente las pasan por la radio. Pero siempre no fue así.

Además, se suman también a esta lista de grupos poblacionales, aunque con algo más de visión, los activistas de Derechos Humanos, hermandad que tras el firme bregar diario de sus integrantes, ha escalado paso a paso los peldaños vitales de la escalera plural que se urge construir en Cuba. En fin, es la rampa por donde se a de escalar codo a codo y sin dejar a algún cubano en el camino.

Quizá algunos de los lectores radicados en la Isla, creerán que el tema abordado hoy resulta solo un cándido espejismo. Pero de seguro coincidirán en lo ventajoso que le ha resultado a sus vidas cada centímetro de terreno perdido por el oficialismo. Tal vez otros opinen que esto no es más que el fruto de un artificio gubernativo, del cual se saben maniatados.

Existen personas, como es lógico, negadas a reconocer que cuanto se ha logrado en materia de libertades se deba a la voluntad conque cada cual defendió su parte del “conflicto”. Por mí, y a modo de conclusión, Santa Clara seguirá entre las ciudades más libres del país, y creo que buena parte de ello se deba a la constancia conque por acá se enfrenta al sistema.

 

Feliberto Pérez Sol

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