Publicado: Mie, 29 May, 2013

El futuro venezolano

OLYMPUS DIGITAL CAMERALos recientes resultados electorales en Venezuela han provocado un alud de opiniones divergentes. Las más, como Eugenio Yánez, consideran que si los poderes reconocibles del Estado están en manos de una camarilla como la chavista, es decir la puesta en práctica de una realpolitik, nada cambiará en el panorama nacional futuro. Las menos, son opiniones que analizan desde una óptica globalizadora los efectos que puede tener la decisión de un pueblo para revertir una iniquidad semejante.

¿Son ilusos? ¿Se les ha olvidado ya la triunfante desobediencia civil que encabezó el pueblo egipcio, sojuzgado por un régimen militarizado de varias decenas de años? ¿O la rebeldía del pueblo libio ante la matanza por protestar pacíficamente? ¿O el caso muy semejante del pueblo sirio? En estos tiempos de Globalización, de libertaria revolución de las comunicaciones personales: ¿se puede estar considerando en serio medir los hechos mundiales recientes con términos conceptuales de La Guerra Fría, como si aun fueran vigentes?

Se podrá aludir que funcionan con el pueblo cubano. Pero para confirmarlo como regla de oro, hacen falta otros ejemplos. Incluso en otros casos anteriores, donde la dictadura cubana quiso influenciar mandonamente, tal como Granada, Etiopía, Angola, Nicaragua o Chile, perdió el falso asidero que consideraba ya suyo, quizá alucinada por ese ejemplo de mansedumbre autóctona que hasta ahora nos hemos gastado.

Y llegados a este punto, quizá sea pertinente enfatizar, que lo que muchas veces denominamos chavismo es algo que muere por días. Es poco realista creer que el bajón de popularidad que oficialmente le quedó marcado en las recién finalizadas elecciones, de más de diez puntos, haya permanecido detenido ahí. Se podrá acusar del desastre a Maduro, no obstante, ya era una tendencia que venía ocurriendo con el difunto líder carismático.

Lo que está presente es la crisis del modelo subvencionador. Primero en el orden internacional, porque Venezuela, al igual que el modelo castrista en su mejor momento, se puso a intentar jugar un rol de gran potencia en la arena internacional. Cuba con los haberes de la URSS, y ahora Venezuela con su petróleo. Hasta que los primeros arrastraron a la ruina a los segundos. Y los pueblos, cómplices en cierta medida, se dejaron arrollar por las demencias y egolatrías de líderes populistas y totalitarios.

Ahora la economía de Venezuela va haciendo aguas por despilfarros y deudas estatales gigantescas, corrupción galopante, apagones, carestía de la vida, escaseces y una cada vez mayor inseguridad pública. El empeño de La Habana por tratar de impedir la pérdida de esta reserva invaluable para su cochambroso sostén, lo único que está logrando es repetir los fracasos anteriores.

¿Cuántas divisiones no habrá entre los cúmbilas de la dirección chavista? ¿Cuántas peleas de voraz ambición y desconfianza está provocando el control de las divisas? ¿Cuántos quieren seguir los consejos de los ancianos totalitarios cubanos? ¿Hasta dónde se acelerará el nivel de corrupción con la ideología bolivariana a la deriva?

Por mucho voluntarismo y autoengaño al que se acojan Maduro y acompañantes, y los isleños consejeros mandamases (los castristas), no va a ser posible reconvertir la República en un esperpento populista, donde la población tenga que olvidarse hasta de su magro Estado de Derecho. Los chavistas van a tener que abandonar el caro sueño que le tenían planificado a los venezolanos, máxime la última y raquítica “victoria electoral” a su favor. Les queda un insuficiente núcleo para querer imponerse al resto de la sociedad. La cosecha que recogerán -por también ser víctimas de la ilusión- es la vendida por los soberbios caciques cubanos.

El pueblo venezolano va dejando, aceleradamente, de creer en esa vana ilusión que ha representado el Socialismo del Siglo XXI, y saborea con anticipación (y en mucho menor tiempo que los cubanos) la acidez que trae su miseria. Pese a lo que asevera el mantra de la realpolitik, y los analistas que otorgan orden racional en tal situación de actualidad, primero hay que intentar analizar las rígidas reglas de la realidad ocurridas con una dictadura militar fortísima y cruel como la de Birmania. ¿Cómo fue que en ese país sus ciudadanos se saltaron desenfadadamente las reglas de fuerza, de la realpolitik y la lógica de los analistas?

Quiéralo o no, al nuevo régimen en Venezuela le viene una mala época de decisiones: o intentan seguir con los mismos niveles de confrontación nacional que hoy lastran su desenvolvimiento al progreso como nación, o se sueltan de su enviciado aire, dando participación a los representantes de esa mayoría que no comparte su visión de futuro, y entre todos tratan de llevar a la nación por un cauce mas seguro.

Si se lanzan por asalto, e intentan acabar con el Estado de Derecho que aún queda, muy pronto perderán el control hasta del Parlamento, ente que tan útil les ha sido hasta ahora.

Por Alexandro del Valle

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