Publicado: Lun, 6 May, 2013

En una sociedad totalitaria, los enfermos la pasan mal

Durante una temporada invernal, tres años atrás, un suceso conmovió a la sociedad cubana: veintiséis enfermos mentales, internados en el hospital psiquiátrico de La Habana, morían de hambre y frío.

Como era de esperarse, la prensa nacional esperó la orden para informar sobre el suceso. Sin embargo, los corresponsales extranjeros acreditados en el país acudieron al lugar oportunamente, reportando lo que le fue posible informar. Fernando Rasverg, entonces corresponsal de la BBC en Cuba, comenta así el suceso:

“Este sistema de control mediático está haciendo aguas por todas partes. Que tengas 33 muertos de hambre y frío en un hospital psiquiátrico y ningún medio de prensa cubano envíe un periodista para investigar el hecho, es todo un síntoma. No me refiero a hablar a favor o en contra, sino simplemente a investigar qué fue lo que pasó. Son torpes, lentos, ineficientes, están siempre a la defensiva, yo creo que el gran drama de la prensa de este país es el Departamento Ideológico”.

El periodista uruguayo nos introduce en el tema. Se trata de una burocracia muy particular, dentro del poder, generada por un estalinismo tropical implantado en Cuba por más de cincuenta años. Me refiero al otrora Departamento de Orientación Revolucionaria (DOR) del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (DOR).

¿Por qué no había reporteros cubanos en el lugar de los hechos, aquella fría mañana del 13 de enero de 2010? Sencillamente porque el DOR del Partido Único decidió que eso no podía ser noticia. Como bien ha comentado el crítico y poeta cubano Guillermo Rodríguez Rivera, “las noticias no existen hasta que la instancia pertinente autorice su existencia.”

A propósito del asunto, el citado escritor cubano acuña una frase excelente: El socialismo tiene mandíbula de cristal cuando de la libertad de expresión se trata.

Sobran ejemplos de asuntos calificados como prohibidos, restringidos u otras categorías a tratar en los medios oficiales de nuestro país. Una reportera de la televisión nacional hizo catarsis meses atrás, aprovechando los resquicios de un tabloide llamado “En Vivo”, al parecer no bien chequeado por los burócratas del DOR.

Resumimos los calificativos de Maribel Acosta sobre el periodismo cubano actual: Viejas y nuevas mediaciones superficiales, encasillando prejuicios, visiones mediocres, intolerancias absurdas, fobias fantasmales, burocratizaciones del pensamiento.

Con largos años de quehacer profesional, Maribel aclara -sin apartarse en lo formal de su lealtad al sistema imperante- las causas del proceder burocrático y su principal consecuencia: “El temor de que un mayor ejercicio de la libertad de prensa termine por acabar con la Revolución. Todo lo anterior ha ido contaminando al periodismo de la Revolución con su contrario: la falta de credibilidad.”

Preferimos citar a comunicadores cubanos, vinculados al proceso revolucionario, para subrayar cuán grave es el problema abordado, considerado por Fernando Rasverg, “un barco que hace agua por todas partes”.

Evidentemente este departamento especial dentro del Partido Comunista cubano, está vivamente interesado en mantener las cosas como hasta ahora, y durante el mayor tiempo posible. A juzgar por los discursos de algunos dirigentes, incluido el actual Presidente del país, se aprecia la necesidad de cambiar las cosas, pero se mantiene el temor a lo que un Glasnost pudiera provocar en Cuba.

Lo ilustrativo es que el referido Departamento Ideológico funciona, en la práctica, como entidad autónoma, por encima de los ministros y la mayor parte de los miembros de Buró Político.

En nuestro modelo de socialismo la política queda por encima de todo. Por ejemplo, Rolando Alfonso Borges, Jefe del antes llamado DOR, ejerce su cargo junto a sus acólitos desde hace décadas, tal cual un Greenspan de la política informativa nacional.

En el último congreso del Partido y su posterior conferencia nacional, se limitaron a las reiteradas exhortaciones hacia “un periodismo crítico y veraz, así como a poner fin al secretismo en la prensa.” De las palabras no pasan. En tanto los cubanos nos preguntamos cuál será el destino del cable submarino, tendido entre Cuba y Venezuela, millonaria inversión capaz de darnos Internet de banda ancha, multiplicando miles de veces la rapidez y los accesos a la Red de redes.

Han pasado tres años de los sucesos en el hospital psiquiátrico, y dos desde que el famoso cable debió conectarnos con el mundo. Lo que no pasa es la hegemonía de una burocracia omnipotente, esa que decide qué es noticia, cuándo y cuál será el alcance de un suceso en la prensa nacional.

Los actuales dirigentes de la nación han emprendido un lento camino de reformas, escasas también en su profundidad, llamadas aquí “Actualización del modelo económico cubano”. Roguemos que entre en este saco el desmantelamiento de la burocracia partidista, comenzando por el todopoderoso DOR del PCC.

De alcanzar semejante utopía, estaremos exorcizando un fantasma que nos acompaña desde hace cincuenta años. Como bien sentencia el escritor cubano Leonardo Padura el periodismo cubano: “una de nuestras manifestaciones culturales menos interesantes y una de las de menor calidad”.

El asunto es la auténtica libertad de expresión, principio del fin del actual estalinismo tropical que padecemos. Después habrá mucho por eliminar, pero sin dudas será este el primer paso hacia la indispensable reforma política exigida actualmente por millones de cubanos.

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