Publicado: Vie, 3 May, 2013

Internet en Cuba: entre promesas y prohibiciones

A pesar de la renuencia, al gobierno cubano no le queda otra alternativa que explotar las infocomunicaciones y de esta manera, hacerse de los dólares que le proporcionaría la banda de 640 gigabyte con el cable de fibra óptica, un proyecto concertado entre Cuba y Venezuela desde el 2010, y que une a ambos países por los puertos de la Guaira y Santiago de Cuba. El problema es cómo lo hará y quiénes serán los favorecidos con el servicio.

A todas luces, el entramado óptico estará disponible a nivel institucional, de gobierno, en centros educativos, hoteles, cibercafé y tele-puntos, y con un flujo de información 100% cernido por los sensores de la Seguridad del Estado (DSE).

¿Realmente desea el gobierno un acceso a Internet en tiempo real, asequible al bolsillo de los cubaos y sin restricciones de sitios?

Setenta millones de dólares se han invertido en un proyecto que, por ahora, no tendrá como destinatario al sector residencial. La política del gobierno es preservar el bloqueo a las redes sociales y correos internacionales para los cubanos, medida que solo conseguiría habilitar conexiones a través de terceros países, así como cuentas compartidas con clientes extranjeros dentro de Cuba (por ahora los únicos autorizados a tener cuenta de Internet).

Para entender un poco la política sobre Internet, debemos remontarnos unos años atrás.

A finales de mayo de 2009, un año después que el presidente Raúl Castro autorizara el hospedaje de cubanos en los hoteles, el monopolio de las comunicaciones ETECSA emitió una resolución, prohibiendo el acceso de los cubanos a Internet desde estas instalaciones. Tiempo después la resolución se evaporó, o mejor dicho, la evaporaron los comisarios por conveniencia.

Dos años más tarde, exactamente el 23 de mayo de 2011, el Instituto de Informática Científica y Tecnológica (IDICT), suspendió el servicio de Internet en la biblioteca del Capitolio de La Habana. Para entonces muchos clientes con cupos de conexión sin consumir, y en moneda convertibles (cuc), perdieron su dinero.

La medida, según informaron los facultativos, fue tomada debido a las obras de remodelación que desde 2010 vienen realizándose en el Capitolio habanero.

El servicio de Internet debía ser trasladado provisionalmente hacia una dependencia del IDICT, ubicada en la esquina de Industria y Barcelona, municipio Centro Habana. Días antes de cancelar el servicio, a los clientes con tiempo de conexión por consumir se les prometió que no perderían su dinero, y que la mudanza demoraría, a lo sumo, quince días.

Desde entonces el IDICT y la empresa COPEXTEL, retiraron los diez ordenadores de la sala de internet adjunta a la biblioteca, además de otros ocho dentro del área expositiva del Capitolio.

La biblioteca del Capitolio ofrecía servicio de Internet de lunes a sábado, con ofertas de 3 cuc por 30 minutos (3.30 dólares), 5 cuc la hora (5.50 dólares) y 20 cuc por cinco horas (22 dólares). Además, llevaba un registro minucioso de sus clientes, tanto nacionales como extranjeros, y la frecuencia con que estos se conectaban. A los cubanos se les exigía su cédula de identidad, mientras a los extranjeros el pasaporte.

Este simple ejemplo encierra la lógica del gobierno, donde supuestas buenas intenciones se disipan en el control gubernamental, la censura y los precios prohibitivos de la Internet en Cuba.

Es bueno recalcar que datos emitidos por la Oficina Nacional de Estadísticas (ONET), el 30 de septiembre de 2010, reflejaban que entre el período 2009-2010, el 97.1% de cubanos no tenía acceso a la red de redes; el 2.9% había accedido a Internet al menos una vez y un 31.4% tenía la posibilidad de teclear ordenadores.

¿Será saludable para el gobierno invertir en infocomunicaciones, máxime cuando éste destina anualmente 2 803 314 dólares en la “guerra radioelectrónica”, según un artículo publicado el 3 de octubre de 2010?

La Internet en Cuba se mueve entre promesas y prohibiciones. Es posible que hoteles como el Telégrafo, Parque Central, Saratoga o el Nacional, donde una hora de conexión representa para un empleado estatal 13 días de trabajo (8.80 dólares), consigan los beneficios del cable de fibra óptica cubano-bolivariano.

Cierto es que la inversión está hecha y algo se cocina a fuego lento. Lo que no se sabe es cuándo, cómo y quiénes serán servidos.

odelinalfonso@yahoo.com

 

 

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