Publicado: Mie, 29 May, 2013

Intolerancia hacia las personas HTLB

Flickr_-_Ministério_da_Cultura_-_Diversidade_Sexual_(5)Santa Clara, Villa Clara. Mayo de 2013. Más de un grupo poblacional de la sociedad cubana en algún momento ha sido marginado por el gobierno actual. Sin detenerme ha establecer un nivel de exclusión, para nadie es un secreto que, entre estos grupos urbanos rechazados por la oficialidad los homosexuales ocupan primerísimos lugares.

Parece que la aceptación hacia estos seres no está en el programa de quienes rigen los designios de los pueblos con mano de hierro, es como si olvidaran que dicha tendencia fue algo común en las culturas de la antigua Grecia y en el Imperio Romano.

Federico García Lorca es uno de los ejemplos más sonados de barbarie política e intolerancia por inclinación sexual. Con este inspiradísimo poeta y dramaturgo español se ensañaron con tal furia las huestes falangistas españolas, que el 18 de agosto de 1936 le asesinaron por profesar dos “fatales delitos”: homosexual y republicano.

Este escribidor desconoce si esta “cacería de brujas” se practicó en Cuba antes de 1959, en cambio, sabe que en esa fecha llegó una Revolución “bien macha” que tuvo entre sus primeros planes eliminar toda conducta sexual considerada impropia, pues para el nuevo régimen dicha conducta era un patrón burgués en pleno ocaso y en claro antagonismo con la “normal” sociedad heterosexual en ciernes, por ello varios fueron los que padecieron tal vejación, sobre todo los escritores.

Por su militancia homosexual muchos nacidos en esta hermosa tierra sufrieron prisión, debieron partir al exilio u padecieron otros tipos de maltratos. Se equivocaron aquellos que anhelaban poder mostrar de modo verdaderamente libre sus postulados con la llegada de la Revolución. Virgilio Piñera, el dramaturgo de mayor peso en la Isla, sintió que tras el “glorioso enero” podría dedicarse por entero a su profesión. En parte lo logró, pues el régimen recién estrenado en un principio se lió a publicaciones literarias como el periódico “Revolución” y a su suplemento cultural “Lunes de Revolución”.

En las páginas de este último fue común toparse con textos de reconocidísimos intelectuales foráneos, y por supuesto con lo más distinguido de la literatura nacional, como fue el caso de Piñera. Eso sí, para lograrlo Virgilio hubo de aceptar los nuevos preceptos revolucionarios, pero su firme conducta homosexual le acarreó ingentes contratiempos.

Al morir Virgilio Piñera, en 1979, la prensa nacional apenas reseñó el suceso, aun así, los pocos que asistieron a su entierro le lloraron como se merecía, por haber sido fiel a su condición de escritor irreverente y homosexual. Meses después de la muerte de Virgilio se marchó del país Reinaldo Arena, uno de los escritores más importantes a raíz del triunfo Revolucionario, y también de los primeros en conocer los golpes bajos de un gobierno empeñado en infundirle a su pueblo la postura machista de sus líderes.

La vida de este novelista conoció el lado perverso de un sistema político que lo reprimió, primero por homosexual y más tarde por su concepción intelectual, pues el drama de Arena se acentuó justamente al coincidir su precoz inclinación por los de su mismo sexo, con los primeros años de la llegada al poder de Fidel Castro y su Revolución. En un medio educacional rural, recién creado entonces, donde el rechazo a toda conducta sexual débil iba acompañado de una burla y un castigo, se formó “revolucionariamente” Reinaldo. Allí hubo de encubrir su homosexualismo ingente, si bien en aquellos planteles estudiantiles dicha conducta no estuvo exenta de práctica.

Los apetitos carnales de Arenas, y no su literatura, fueron los que en un principio le hicieron espinosa su vida dentro del andamio cultural en el cual se movía, pues ni en “Celestino antes del alba” ni en “El mundo alucinante”, sus dos primeras novelas, se le nota el crítico aroma que luego asumiría en “Antes que anochezca” para desenmascarar el castrismo. Tal vez, al mando castrense le irritaba más el influjo homosexual que aquel joven escritor vertía sobre sus semejantes, que su incipiente desatino contestatario.

Sin embargo, sus aventuras amorosas con los de su mismo género no era lo único que irritaba a quienes desde el pináculo gobernativo regían la moral estética, sino que a esto se sumaron sus comentarios, donde con una narrativa colorida detallaba, aromática, y maratónicas jornadas sexuales, totalmente opuestas al modelo ideológico del “hombre nuevo” preconcebido por Ernesto Guevara.

Hoy prácticamente se ha deshecho aquella intolerancia, aunque hace algo más de dos décadas que los homosexuales, a igual a otros conglomerados urbanos, como la comunidad freaky, se multiplicaron por el país con tal influjo que ganaron un espacio oficial. La materialización de esta especie de día del orgullo gay fue posible en gran medida luego que Mariela Castro Espín, hija del actual gobernante cubano y directora del Centro Nacional de Educación Sexual, se insertase en el asunto. Creo que fue su linaje, y no su función, lo que le facilitó a la bandera multicolor, símbolo de la diversidad, ondear con su mensaje “La Homosexualidad no es un Peligro, la Homofobia Sí”.

De todo ello interpreto que si una manifestación de esa amplitud es admitida hoy por los mismos que en sus días la aborrecían, solo por contar con el apoyo de determinada pieza del alto engranaje, ¿Querrá decir esto que los otros sectores de la sociedad cubana, igualmente desplazados del escenario público, deberán esperar por que aparezca el hijo de un importante magnate del aparato gubernamental afín a sus preferencias?

Si es así, estamos en presencia de una leve fisura por donde evadir el control de asociación regentado por el régimen durante los últimos 50 años. En cambio, me atrevo a afirmar que lo logrado por el movimiento gay cubano no se debe solo a la Castro, sino que es el reflejo de su firmeza en enarbolar sus ideales antes cualquier adversidad, por lo que insto a los vejetes dirigentes que busquen su arcoíris en el inquieto cielo.

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