Publicado: Lun, 6 May, 2013

Las cifras de Marino Murillo

Foto Odelin-Trabajo Marino MurilloDurante el último período de sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el zar de la economía cubana, Marino Murillo, ofreció una panorámica de cómo marcha la implementación de los lineamientos aprobados en el VI congreso del Partido Comunista. El funcionario informó que, con independencia de las medidas que se han tomado para actualizar el modelo económico, aún quedan las tareas más complejas para el 2013 y el 2014, las cuales requieren, y citamos sus propias palabras, de “un estudio en profundidad”.

En primer término, Murillo afirmó que se debe de analizar cuidadosamente la elaboración de la concepción teórica del modelo económico-social a implantar. O sea, algo así como definir el signo que tendrá el sistema de dirección de la economía, un escenario donde pugnarán los reformistas que alientan las herramientas del mercado, y la vieja guardia revolucionaria que se empecina en preservar la planificación centralizada. Además de este sesgo estratégico, la definición que pretende Murillo servirá también para que las generaciones futuras sepan cómo nombrar la etapa que atravesamos actualmente.

Existe consenso, por ejemplo, en referirnos al Financiamiento Presupuestario cuando rememoramos la década del 60 y las utópicas ideas del Che Guevara en pos de quemar etapas para llegar rápidamente a la sociedad comunista; luego hablamos del Cálculo Económico si queremos remontarnos a la segunda mitad de los 70 y buena parte de los 80, caracterizados por la sovietización de nuestra economía; y por último pensamos en el Sistema de Perfeccionamiento Empresarial a la hora de calificar la política con que se dirigió al sector mayoritario de la economía a partir de los años 90.

A propósito, ¿y qué ha sido del Perfeccionamiento Empresarial? Ahora se anuncian nuevos experimentos en el sistema empresarial con vistas al logro de mayor autonomía y eficiencia en esas entidades estatales. Pero casi no se habla del Perfeccionamiento, un sistema que comenzó a aplicarse en las empresas del Ministerio de las Fuerzas Armadas, y después se extendió a más de un centenar de entidades del resto de la economía, con el objetivo de que pudiesen sacudirse el marasmo y las imperfecciones que limitaban su accionar. Comoquiera que el secretismo que padecemos nos obliga a leer entre líneas, no es difícil imaginar que el Sistema de Perfeccionamiento Empresarial cuente ya con su certificado de defunción. Después de todo, habría que considerar que, en buena medida, fue la obra del defenestrado Carlos Lage.

Acerca de las políticas macroeconómicas del país, Murillo indicó que se estudia un cronograma para su cumplimiento, y que contempla, entre los elementos más significativos, nuevas metodologías para la formación de los precios mayoristas y minoristas. Claro, si tenemos en cuenta que la vieja guardia revolucionaria es la que parece predominar en la actualización del modelo económico— no obstante el ascenso de un delfín como Miguel Díaz-Canel Bermúdez—, entonces las referidas metodologías cobran una importancia capital, pues la mayoría de los precios no se fijarán por las leyes espontáneas del mercado, sino debido a la intervención estatal a través de la planificación centralizada.

En ese sentido, no obstante, si se aspira a la existencia de empresas competitivas, es preciso abandonar el método de costos en la formación de los precios— el que ha prevalecido en Cuba hasta el momento—, y pasar a la práctica de establecer precios similares a los estándares internacionales. El método de costos acomoda al productor, ya que puede inflar el costo a causa de la ineficiencia, y después, de todas maneras, fija por encima un margen de ganancia para llegar finalmente al precio. El método de precios similares, por el contrario, obliga al productor a disminuir sus costos si desea obtener alguna ganancia. Con este último sistema, obviamente, ganan todos los actores de la sociedad, excepto los empresarios que no sean capaces de trabajar con eficacia.

Y otra de las cuestiones en las que se trabaja, según Murillo, es la elaboración de las bases para el programa de desarrollo económico y social a largo plazo, que incluya la definición de indicadores para medir el comportamiento del modelo y determinar las metas a alcanzar. En este aspecto cabría comentar que ante los jerarcas de la economía cubana surge una disyuntiva: o se adoptan indicadores complacientes, que autoengañen con falsos cumplimientos, o se trabaja con parámetros apegados a las normas internacionales, que indiquen una eficiencia real.

No hace mucho, por ejemplo, instancias como la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) cuestionaba la metodología cubana para calcular el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB). No hay dudas, además, de que la sintonía de nuestra economía con los escenarios internacionales nos ayudará a insertarnos en los mercados mundiales, máxime en este momento, cuando la autarquía cede su espacio a la integración.

 

Por Orlando Freire Santana

 

Orlando Freire Santana

Orlando Freire Santana es periodista independiente

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