Publicado: Mie, 29 May, 2013

Telesur y el periodismo oficial cubano

TelesurSeñal diferente para los cubanos, así califica la periodista Rosario Ojeda a Telesur, cuyo impacto en la teleaudiencia es indudable, luego de autorizarse su trasmisión en tiempo real, durante catorce horas diarias. Otra reportera, Giselle Morales aborda “la disyuntiva de superar las décadas de estatismo o perder definitivamente la audiencia”, aclarando finalmente que se trata “de conseguir un periodismo desprejuiciado, militante pero no militar, nuestro Norte es Telesur.”

Ojo con esta temprana conclusión, como cualquier decisión desesperada, puede y para mi lo es, una salida a medias, errónea ante lo medular de tan importante problema nacional, como lo es el encontrar el camino hacia un auténtico periodismo en Cuba. De paso, no olvidemos que existe otro quehacer mediático, nada oficialista, cuya presencia no puede ser discriminada y merece un análisis aparte. Por ahora en minoría, es posible encontrar en la red textos con ese tono “atrevido, desenfadado, inmediato y, ante todo transparente. Puede ser periodismo, no panfleto,” cita Giselle al inicio de la polémica.

Sin embargo, lo primordial es explicar por qué no considero a Telesur el ejemplo a seguir, como salida definitiva al panorama que venimos abordando. La primera impugnación viene de los orígenes del canal venezolano, marcados como un proyecto conjunto con la TV cubana, aportando ésta última una buena parte de los profesionales y hasta mil 600 horas de programación.

El asunto abarca todo un sistema de hacer y no poder hacer, que parte desde la escuela nacional de periodismo hasta llegar a las mesas de redacción, siempre con un Gran Hermano, vigilante por encima de todos, el Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. El resultado es “una de nuestras manifestaciones culturales menos interesantes y una de las de menor calidad”, respetada opinión de Leonardo Padura sobre lo que ahora pretenden cambiar.

Telesur aporta novedades positivas, propias de la competencia, pero no es suficiente. Cuba puede asumir igualmente ese modo de hacer televisión sin cambiar nada en el fondo. Al abordar el asunto, Giselle Morales nos da otra clave: “Bien sé que Telesur dispone de recursos continentales, más creo no es tanto la falta de financiamiento sino la crisis de creatividad aquello más dañino a nuestra televisión.” Ahora repite un pensamiento o consigna, la creatividad aplastada por el triunfalismo. Telesur: el mismo perro pero con diferente collar.

Además, apreciando diariamente las trasmisiones del canal venezolano, descubrimos varios de sus defectos de origen: es muy venezolano, al menos las catorce horas nuestras; pierde objetividad cuando del chavismo se trata y finalmente la prueba de fuego, abordar la realidad cubana desde esa óptica desenfadada, nada panfletaria, “militante y no militar”, como bien clama la articulista.

Para las posibles objeciones a este último planteamiento, basta con preguntar cómo explicar desde Cuba el empate técnico electoral entre Maduro y Capriles, cuando la información trasmitida apuntaba hacia una clara y contundente victoria del sucesor de Chávez, ante un rival valorado como torpe, grosero y repetidamente perdedor.

Como bien dice Fernando Rasverg, al menos Telesur ofrece imágenes de sus contrarios políticos, tímidos y parciales reflejos, aclaro, pero al fin un paso de avance que muestra por contraposición, la crisis permanente del espacio mediático estatal en la mayor de las Antillas. Incorporar una manera de hacer televisión a tono con las actuales tecnologías será un paso de avance, lo necesitamos, aunque no resolverá la crisis de creatividad aludida por la mayoría de los periodistas cubanos. Un relevante crítico de nuestra realidad, Guillermo Rodríguez Rivera, apuntó que el socialismo tiene “mandíbula de cristal cuando de la prensa se trata”.

El temido knockout paraliza por ahora cualquier intento real de liberar a la prensa de sus ataduras fantasmales, prejuicios encasillados, visiones mediocres, intolerancias absurdas, fobias fantasmales y demás burocratizaciones del pensamiento, calificativos todos aportados por otra reportera de nuestra TV, Maribel Acosta, precisamente también desde las páginas del tabloide En Vivo.

Lo que debe cambiarse, brújula esencial capaz de darnos el periodismo tan anhelado, es algo calificado por un talentoso escritor llamado Aurelio Alonso como “El desafío político: la democracia. Una enseñanza que no debemos olvidar en nuestro proyecto: es el socialismo, y no el capitalismo, el que no podrá existir sin democracia”.

Por ahora la cámara escudriñadora del Big Brother sigue pendulando sobre los profesionales que deben hacer día a día la prensa oficial cubana, de hecho la mayor parte del espectro mediático al que tenemos acceso en Cuba.

 

Por Hechevarría Driggs

Escribir un comentario

XHTML: Ud.puede utilizar los siguientes tags html: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>