Publicado: Mie, 26 Jun, 2013

Cómo superar la desventaja de la oposición

IMG_0002Nadie podría cuestionar el valor simbólico de la oposición cubana después de transcurrir más de tres décadas de actividades en que el coraje y la tenacidad han marcado una impronta en el período histórico que comienza en la segunda mitad de los 70 del siglo XX hasta la actualidad.

Es pertinente recordar que las primeras células del movimiento prodemocrático, de corte pacífico, surgen en el año 1976 en las celdas de la prisión Combinado del Este y que sus premisas iniciáticas estuvieron basadas en la defensa de los derechos humanos. Lo que sí no deja apenas margen a las dudas son las pocas posibilidades del anticastrismo militante de convertirse en una ficha importante en el ajedrez político de caras a un eventual proceso de transición a la democracia.

Las tendencias, al menos a corto y mediano plazo, es una readecuación de los escenarios desde el poder sin que se legitime el pluripartidismo ni otros derechos cívicos y políticos. Todas las maniobras de la élite comunista tanto las que ejecutan sus líderes fundacionales como las que pondrán en práctica sus herederos, estarán en función de ganar y mantener los espacios que le garanticen extender su mandato.

Lógicamente que para lograr tales fines, es necesario ceder en algunas áreas pero solo hasta niveles que no pongan en peligro sus propósitos.

Con una combinación de aperturas parciales que afecten en algún grado su monopolio en la economía y en la sociedad, el régimen podría sobrevivir más allá de la muerte de sus líderes históricos.

Su capacidad para sortear escollos es una cualidad que no ha mermado con el tiempo.

A través del tiempo las condenas, críticas y señalamientos por la continua violación de los derechos ciudadanos, por parte de entidades adscritas al sistema de las Naciones Unidas, quedan minimizados por los espaldarazos de otras prestigiosas instituciones y personalidades de relevancia internacional.

Para entender la inmunidad de la dictadura cubana, habría que remitirse a una serie de factores que van de su cada vez más perfeccionada maquinaria represiva hasta la relativa atención que se le brinda a la problemática interna en los centros de poder mundial a partir de los imperativos de la geopolítica.

El escaso número de activistas prodemocráticos de acuerdo al número de habitantes, las reticencias de la población a participar activamente en la lucha por el cambio, la predominante lógica de irse del país o adecuarse a la dinámica del mercado negro como modo de vida y la decisión mayoritaria de apoyar las iniciativas gubernamentales por razones utilitarias, son muestras de que la realidad no favorece hipótesis demasiado optimistas en cuanto a una pronta democratización.

La oposición debe emplearse aprovechar, de manera más eficaz, los pequeños resquicios que surgen en medio de las adversas y cambiantes circunstancias.

El personalismo, la falta de perspicacia en acomodar las tácticas y estrategias a los escenarios actuales y los que avecinan, siguen lastrando un desempeño que pese a sus imperfecciones insisto en valorar sobre todo desde la óptica de las convicciones y el valor personal.

Desafortunadamente, a menudo se magnifica este último término en detrimento de líneas de acción que requieren mayores cuotas de mesura y agudeza en el momento de tomar decisiones.

Hay que convencerse que no siempre la aparatosa resonancia de un acto de valentía representa un punto a favor en el complejo mundo de la política. Un derroche de heroicidad puede resultar contraproducente si de captar prosélitos de trata. Por ejemplo, las brutales respuestas contra actividades que protagonizan actos de desobediencia civil en las calles, lejos de convertirse en una fuente de solidaridad y captación, terminan generando mayores reservas entre las personas que observan impávidas las palizas, salvo muy puntuales excepciones.

Es hora de acortar el trecho de la desventaja e impedir que el castrismo se perpetúe en el futuro bajo formas que escapan a los análisis más avezados. El peso moral de la oposición es indiscutible. En cambio la factibilidad como actor político de peso carece de sustentación lógica si de repente se articulara un escenario de transición.

Se puede avanzar en la búsqueda de ese estatus. El éxito dependerá de la superación de viejos errores. Uno de los puntos esenciales para lograrlo es el perfeccionamiento del olfato político.

Por Jorge Olivera Castillo

oliverajorge75@yahoo.com

 

 

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