Publicado: Mie, 12 Jun, 2013

El estado fomenta la división dentro del ámbito religioso

Una reciente declaración del Reverendo Pablo Odén Marichal, pidiendo la libertad de Los Cinco, no es noticia, antes hubo muchas otras. Llaman la atención porque no se trata de una petición humanitaria, sino un ejercicio de plena comunión con los postulados del Partido Comunista de Cuba.

Algo similar dicen, sin tanta repercusión periodística, los dirigentes de la Sociedad Yorubá, líder entre las manifestaciones sincréticas de origen africano en nuestro país. Sin embargo, aunque la Iglesia Católica aboga por la liberación de los espías cubanos presos en Estados Unidos, igualmente clamó por la excarcelación, finalmente concedida a un centenar de prisioneros de conciencia existentes en nuestras cárceles.

Pero que nadie se sienta engañado, la Oficina de Asuntos Religiosos (Departamento # 3, de la seguridad del Estado) que preside la señora Caridad Diego en el Comité Central de Partido Comunista de Cuba, dirige, supervisa y controla la vida religiosa de nuestro país.

Ellos facilitan los viajes al exterior, el permiso de comprar un transporte para la iglesia, supervisa y orienta en las publicaciones cristianas, dan los permisos de remodelación de templos, (las construcciones están prohibidas) determinan quien se puede ordenar de pastor o sacerdote y crean las divisiones dentro de las comunidades.

El líder religioso que quiera trabajar por su iglesia tiene que hacer silencio, colaborar y bajar la cabeza. Conozco a decenas de cristianos y pastores que han sido expulsados de sus templos por su forma de pensar sin haber traicionado el mensaje evangélico.

En un templo Pentecostal ubicado en la esquina habanera de Infanta y Manglar, uno de los pastores de la referida institución religiosa, consiguió recluir a decenas de feligreses durante varias semanas, alegando la necesidad de una prolongada ceremonia que alarmó a familiares y vecinos de los creyentes, retenidos indefinidamente dentro de la iglesia.

Pronto se supo que el referido pastor estaba separado de sus funciones por su institución y por orden de la Oficina de Asuntos Religiosos, pero el mismo contaba con el apoyo de numerosos seguidores, el cual logró convencerlos de aquel acto fuera de lo común.

El trasfondo es que habitaba una casa fabricada con el dinero pentecostal, albergue que perdería, con una agravante, al ser provinciano, debía regresar obligatoriamente a su terruño, de acuerdo a las disposiciones migratorias internas cubanas. El detalle adicional es que según testigos, tuvo dinero suficiente para financiar el sólo la voluntaria reclusión de sus adoradores. Pasados los días el pastor fue sacado del templo sin hacer mucho ruido, por fuerzas especiales del ministerio del interior.

Fuera de Cuba esto puede parecer un tanto normal, pero entre nosotros conseguir algunos sacos de cemento destinados a reparar parcialmente la propia vivienda sin un permiso llega a convertirse en pecado capital. Imagínense construir nuevos templos o viajar a los Estados Unidos, territorio matriz de las misiones protestantes asentadas en nuestra nación.

Estamos en la sociedad del NO, donde los permisos son auténticas prebendas, muy apreciadas por quiénes vienen de muy poco y aspiran a mucho. A diferencia, el clero católico, agrupado en una institución milenaria, universal, con estado propio diplomáticamente reconocido, escapan a la seducción de semejantes sobornos estatales, pero siempre vigilados por la seguridad del estado.

Cuando se dice estatal, no hay contradicción con el proclamado carácter laico de nuestro sistema político. Supuestamente los gobernantes deben mantener distancia igual de las instituciones religiosas, pero no olvidemos que el Partido Comunista, como entidad política, puede hacer sus propias alianzas y esto es normal, lo totalmente anormal es que se trata de la única agrupación política permitida en el país, además, constitucionalmente declarada fuerza dirigente de la nación.

De hecho, los dirigentes del PCC son los auténticos y efectivos jefes de estado en Cuba.

No se trata de cargar contra los pentecostales u otra denominación cristiana, tampoco en especial enfrentar querella a Babalao alguno en su condición de sacerdote local entre los santeros de mi país. Definitivamente todos heredaron del cristianismo en general, aceptan el padrenuestro, honran el bautizo y oran en las iglesias católicas, con velas y ofrendas florales a los santos.

En abril del 2010, la Oficina de Asuntos Religiosos del PCC convocó a un encuentro nacional de creyentes, con el objetivo de consensuar un pacto de unidad nacional en defensa de la Revolución. Sólo los católicos faltaron en la reunión.

Interpelado el Cardenal Ortega Alamino por una decisión molesta a las autoridades, declaró: “Ni vertical ni horizontalmente la acción de la iglesia se funda en alianza alguna, sino que brota del derecho que tiene el cuerpo eclesial de hacer presente el amor de Jesucristo en el mundo de hoy. El Estado cubano no tiene en la Iglesia ni un aliado ni un enemigo. La Iglesia no espera ningún privilegio, en todo caso, para sí misma, el reconocimiento de su derecho a cumplir en libertad su misión”.

Es evidente que de tal forma no hablarán los pastores protestantes y menos aún los representantes del sincretismo de origen africano, cuyo museo de la calle Prado en La Habana cobra diez dólares a los turistas por una visita. La cultura Yorubá es una auténtica atracción entre los visitantes extranjeros, cobrando cifras de tres ceros a cualquier iniciado. Aquí no hay licencias por reconocer o impuestos a pagar al estado.

Permisos aceptados previa recomendación de la Oficina de Asuntos Religiosos del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, señor feudal del ámbito religioso nacional. La religión es un productivo negocio económico, y político también.

Por Mario Hechavarria Driggs.

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