Publicado: Mie, 26 Jun, 2013

El mito de los héroes en la literatura cubana

feria_del_libro_la_habana_cubaLa vigésima Segunda Edición de la Feria Internacional del Libro La Habana estuvo dedicada este año 2013 a la República Popular de Angola.

Los salones de San Carlos de la Cabaña (otrora presidio y lugar de fusilamiento de opositores al gobierno revolucionario), así como diversas instalaciones culturales y espacios públicos en todas las provincias cubanas, sirvieron de escenario para la rememoración del mito sobre el heroísmo de los soldados cubanos en la guerra de Angola.

En presentaciones de libros, conversatorios y lecturas se repasaron los actos heroicos realizados en Kangamba, Cuito Canavale y otros escenarios de guerra, ciñéndose a una perspectiva con tendencia a idealizar el conflicto a través de maniqueas expresiones de solidaridad y compromiso, que ponían al margen las razones humanas para estar dispuestos a combatir.

Sin embargo, ya desde los finales de los años 80 y a lo largo de los 90, en la literatura cubana se comenzó a perfilar la desmitificación del heroísmo como tema tabú, desde la reinterpretación de otra perspectiva sociocultural.

El cuestionamiento de las razones para una guerra, así como el regreso a Cuba de soldados mutilados, dementes, muertos, o enjuiciados y condenados a prisión, dieron un giro brusco a la percepción edulcorada de una conflagración bélica para liberar otro país.

Los épicos héroes de papel comenzaron a recobrar la carne dolorosa de un cubano de a pie, y de las heridas no brotaban himnos, parrafadas patrióticas o compromisos de inmolación por un ideal, sino sangre, dudas y hasta un miedo que les hacía temblar de la cabeza a los pies como a seres humanos de verdad. Los héroes cabizbajos del regreso no querían volver a pelear.

Y es ahí donde nace una concepción temática contrapuesta al heroísmo, humanizada en la asunción del hecho verdadero, y abierta en todas las coordenadas de una vida que se podía perder a causa de un patrioterismo sin banderas ni otros asideros que una ideología obsoleta en la realidad.

La guerra entendida como un acto antinatural para el ser humano, sean cuales fueran las razones que la motiven, como señalara Amir Valle en sus Brevísimas demencias, pasó a ser asumida como una concepción legítima entre los jóvenes escritores cubanos, opuesta al heroísmo inmaculado exigido por los ideólogos revolucionarios y las editoriales del país.

Relatos como Pertenencias, de Atilio Caballero; Mambrú no fue a la guerra, de Amir Valle, y Sueño de un día de verano, de Ángel Satiesteban (hoy condenado a prisión por el régimen), desacralizan el heroísmo y cuestionan la validez de los ideales defendidos en un campo de batalla.

En la novela Cañón de retrocarga, de Alejandro Álvarez Bernal, donde la dicotomía deber de (obligación-heroísmo), dialoga con la posibilidad de tener una vida común de hijo de vecino, se inicia el contrapunteo cubano entre la guerra y la paz, desde un resorte crítico que conduce al lector a definir posturas, analizar pautas y poner cada elección en su lugar.

En una interrogante que encierra en un todo la diversidad existencial, desmitificadora, rebelde, irónica; sin rangos ni ataduras conceptuales, éticas, sociales o ideológicas que le impidan expresar su inconformismo contra una situación injusta; un personaje cuestiona qué saben los amos de la guerra en Cuba lo que sienten quienes enfrentan la muerte y se pregunta:

“¿En qué piensa un hijo de vecino cuando el plomo le ha sacado para afuera las tripas y otro hijo de vecino se las acomoda con arte y ciencia cosiéndole la rajadura? ¿En qué pensarías tú?”

Las historias de estos libros, “donde el antihéroe, el arrepentido, el corrompido, el oportunista, el inocente, el cobarde, el traidor y el verdadero hijo de Dios se desdoblan, sufren, se mutilan espiritualmente para siempre”, son las que hoy escribe la generación post Muro de Berlín.

De ahí que el personaje-narrador de Cañón de Retrocarga no deje de asegurar y preguntarse:

“La guerra me tiene harto, me cago en mi condición heroica de dilecto hijo de la patria agradecida: prefiero ser el “jubilado”, ancianito respetable; ¿qué coño tiene de malo? (…) ¿Estoy obligado a ser héroe toda mi vida y no cometer un solo lugar común que no sea de héroes; estoy obligado a sonreír a las nuevas generaciones desde una foto rígida mientras mi nombre cuelga de un CDR?”

En estas y otras obras el mito del héroe se derrumbó. Por mucho que las autoridades traten de mantenerlo vivo entre las nuevas generaciones, ya no hay nada que hacer. Adiós heroísmo y revolución. Se cayó el antifaz. El antihéroe se impuso como referente temático en la narrativa nacional.

Por Víctor Manuel Dominguez

vicmadomingues55@gmail.com

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