Publicado: Mie, 12 Jun, 2013

Free as a bird-Lennon

Este último título de John Lennon, motiva mis reflexiones sobre lo que ha sido mi país.

Nunca olvido como toda una generación de jóvenes escuchaba la música de Los Beatles a escondidas, mientras para los varones dejarse crecer el pelo era una osadía que podía costar muy cara. Hoy el gran músico y pacifista ingles tiene un parque en La Habana, y un celoso custodio vigila su figura en bronce sobre uno de los bancos. John Lennon parece feliz entre nosotros.

La paranoia sigue repitiéndose desde aquellos años sesenta hasta este siglo 21. Es como si los años duros no parecieran tener fin .Una larga lista de prohibiciones, acompaña nuestras vidas. Las hay refrendadas legalmente, en tanto otras quedan veladas en sin números de trabas, capaces de hacer desistir al más obstinado:

-No se puede hablar con un turista extranjero, la policía te puede acusar de asedio al turismo.

-No se puede hablar de religión en las escuelas, la educación es atea, marxista y leninista.

-No se puede criticar al gobierno, eso es propaganda enemiga.

-No se puede tener acceso directo a Internet, tiene que ser a través de un portal.cu

-No se puede entrar en zonas reservadas al turismo internacional.

La más publicitada de nuestras playas Varadero, cuenta con una garita a la entrada, similar a la de una base militar, donde determinan si usted puede pasar y por donde hacerlo, adonde va o que pretende hacer allá dentro. Pero lo más curioso es en el mundo de las artes, especialmente en la música.

Gloria Estefan, Willy Chirino, Celia Cruz, Olga Guillot y otros cantantes no se pueden escuchar por la radio, porque el gobierno cubano los considera enemigos del Revolución. Los artistas Alexis Valdez, Carlos Otero, Annia Linares, Maggy Carles y Mirtha Medina, están calificados de traidores de la patria.

Ciertamente es así, los centros de radio y televisión poseen un libraco llamado la “Biblia del Artista”, donde aparecen decenas de nombres cubanos y extranjeros clasificados en la lista de las prohibiciones. Allí se especifica el tratamiento que deben recibir, desde un NO absoluto, hasta la frecuencia o el tipo de programas en los que pueden ser difundidos ocasionalmente, ellos o algunas de sus obras y canciones.

Sin embargo, suceden paradojas risibles. Por ejemplo, el cantante José Feliciano fue suspendido de la radio nacional hace muchos años, ya nadie se acuerda el porqué, mientras era el ídolo de las caseteras domésticas en Cuba. Un buen día a Silvio Rodríguez, vaca sagrada del régimen cubano, se le ocurrió grabar un disco con el cantante boricua. Muchos se preguntaron, ¿y ahora qué? La placa fue autorizada en tanto el resto de las canciones -de antes y después- permanecieron en la misma situación.

Hasta los extranjeros sufren en este ambiente segregacionista. Si un cubano los invita al teatro, ellos tendrán que pagar su entrada en divisa y el cubano en su moneda. Cuando van a pagar un boletín de viaje para el interior del país se les exige un monto igual al precio nacional, pero obligatoriamente en pesos convertibles. Es decir, por decreto su pasaje vale veinticuatro veces más.

Hace un tiempo atrás me reía muchísimo con un personaje de la televisión cubana, quien interpreta el papel de secretario de un juez en un programa humorístico de gran audiencia, titulado ¿Juras decir la verdad? Gustavito, como se llamaba el secretario, aparecía como homosexual y por ello en sus palabras tenía el doble sentido típico del cubaneo.

Uno de los programas trataba sobre lo difícil que es viajar en la Cuba de hoy, a provincia o fuera del país. Gustavito concluyó suspirando ¡Hay, quisiera ser un pájaro!

Cada cual que encuentre el sentido deseado. Entre nosotros muchos deseamos vivir “Free as a Bird”.

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