Publicado: Mie, 26 Jun, 2013

Menesterosos al por mayor

100_1916La Habana, junio de 2013. El gobierno, a través de su prensa, niega que sean pordioseros y da a entender que piden limosnas no por necesidad, sino como una forma de entretenimiento. Experto en eufemismos, otorga el mote de deambulantes a los muchos indigentes que existen en las ciudades de la isla.

De manera lógica abundan en las zonas por donde es más frecuente el paso de turistas. Así que sentarse nada uno minutos en unos de los bancos del Parque Central, es más que suficiente para ver, sobre todo, a mujeres ancianas interceptar a los visitantes extranjeros para pedirles alguna ayuda para comprar algo de comer.

En algunos casos, he sido testigo de ello, el turista da algunas monedas. En otros se ha quejado lastimosamente, a modo de disculpa, de tanto acoso expresando: “Son muchos”.

Otros, la mayoría, no hacen absolutamente ningún caso a tantas solicitudes de ayuda. Imagino que si lo hicieran se quedarían sin poder pagar siquiera el desayuno en el lugar donde están alojados.

Pero entre la extendida gama de desheredados hay una que está subiendo en la escala de manera destacada. Es la de los que piden limosnas para presuntamente pagar una promesa contraída con algún santo o deidad.

De esos, hace un tiempo conocí de uno que había formalizado un “trato” con San Lázaro. Lo acordado establecía que lo obtenido en moneda nacional era para el santo, con lo logrado en divisa se quedaba el “pagador de promesa”,

Relacionado con ese santo, por la zona donde está ubicado el mercado Carlos III, vi a un señor que arrastraba una piedra amarrada a una de sus piernas. Estaba acompañado por una señora que, presumo, fuera su esposa.

En cuanto traté de tomarle una fotografía, la mujer se acercó para decirme que tenía que darle algo de dinero para poder retratarlo.

Recientemente, tope en otra calle habanera con una mujer joven, desaliñada en grado superlativo y vistiendo con arrapos, que pedía para cumplir un compromiso contraído con esa deidad. “Ayuden a Tanga”, repetía en alta voz una y otra vez. A primera vista parecía ser una persona con problemas mentales, pero unas horas después, casualmente, pude escucharla hablando de forma normal y natural con un individuo que al parecer era quien la acompañaba en su actividad.

Quizás algunas de estas personas no sean otra cosa que timadoras. Pero lo que resulta innegable es que los vagabundos están por doquier en Cuba, y eso es algo que no existió nunca antes. Al menos, no parecen existir referentes escritos de parecida situación en el país.

Fotos: José A. Fornaris

 

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