Publicado: Jue, 27 Jun, 2013

Profanación de tumbas en el cementerio de Colón

CPL-Tumba robada en ColónDesde la enseñanza elemental cualquier niño cubano conoce sobre profanaciones de tumbas. En las escuelas se escenifican los sucesos del 27 de noviembre de 1871, cuando la monarquía colonialista española fusiló a ocho estudiantes de medicina de la Universidad de La Habana, acusados del supuesto delito de profanación a la tumba de un integrista, contrario a la independencia de Cuba, llamado Gonzalo de Castañón.

Pasado más de cien años los profanadores se adueñan de uno de los cementerios de La Habana, Colón, patrimonio cultural de la nación, clasificado entre los más relevantes del mundo por su dimensión y arquitectura. Un dato elocuente es que los visitantes extranjeros deben pagar el equivalente a cinco dólares por visitar el camposanto.

Ente dólares y pesos convertibles, como llaman al fuerte circulante, pedazos de cadáveres completos son sustraídos en las noches, delito calificado ahora como “exhumación ilegal” porque la profanación quedó fuera del código penal revolucionario.

De acuerdo al arquitecto Carlos Bauta Martínez, quien es jefe del Departamento Técnico del citado cementerio capitalino, “lo penalizado son las exhumaciones ilegales y el castigo es muy liviano, lo cual conlleva a la reincidencia: constantemente hay que estar luchando contra ese problema”.

El trasfondo actual del asunto es religioso, pero con consecuencias políticas.

Dentro de los llamados cultos sincréticos africanos, especialmente en la Regla Conga. De Palo Monte o Palo Mayombe, según sus denominaciones más conocidas, es común usar huesos de humanos con el objetivo de ejecutar ceremonias reputadas como muy fuertes por sus efectos, dirigidos a ciertas personas, según la voluntad del ejecutante.

Incluso en las llamadas Engangas o Calderos que los creyentes conservan en sus casas, estos huesos son especialmente reclamados. De hecho existe un verdadero comercio de restos óseos, desde los cementerios hasta los sitios ceremoniales de numerosos fieles a la Regla Conga. Por ejemplo, los huesos de las manos de un chino o judío, pueden costar cien pesos convertibles o dólares y son utilizados para trabajos de adivinación.

El actor director de cine cubano, Jorge Perugorría, satiriza el asunto en el recién estrenado film “Se vende”. Un joven enamorado penetra en el cementerio Colón en la madrugada, ayudando a su amante en la tarea de exhumar los cadáveres de sus ancestros, con el objetivo de vender la tumba en 5 mil dólares. Ellos no tenían intenciones religiosas, pero la burocracia obstaculizaba la extracción legal de los restos. Finalmente, con los restos en casa, comprenden que tiene en sus manos otro negocio redondo y venden los huesos al por menor.

Una persona afectada por estas profanaciones de tumbas, expresa: ¿Qué pasaría si alguien intentara exhumar ilegalmente los restos de Antonio Maceo, Máximo Gómez o cualquier otro patriota cubano? ¿Sería considerado el hecho como una simple exhumación ilegal?

Del propio periodista Waldo Fernández Cuenca, de la revista católica Palabra Nueva, copiamos estas declaraciones: “mi abuela o la de cualquier otro ciudadano, tiene tanta importancia como Maceo. La profanación es un atentado contra la espiritualidad de la sociedad y contra la memoria histórica de las personas”.

El prejuicio sobre un delito internacionalmente reconocido como es la profanación de tumbas, califica entre las muchas obcecaciones, acumuladas durante décadas por un régimen comunista, laico y ateísta en extremo.

Por Mario Hechavarría Driggs

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