Publicado: Mar, 18 Jun, 2013

Una economía delictiva y corrupta

Foto-Odelin-Ollas eléctricas chinasSi hubiese que mencionar un rasgo que defina a la economía cubana, es muy probable que muchos se inclinen por los altos niveles de delito y corrupción que se observan por doquier. Hasta cierto punto es lógico que eso suceda en una sociedad donde casi todas las empresas y entidades pertenecen al Estado, y en la que los dueños sin rostros de la propiedad social se dedican a depredar sistemáticamente el bien público. Es muy común que entre nosotros, cuando una persona va a comenzar en un centro laboral, no pregunte por el salario, sino por lo que puede “buscarse”. Esa búsqueda, obviamente, es una manera eufemística de referirse al robo de todo lo que sea capaz de cargar.

A veces el delito y la corrupción asoman a la superficie, y a las autoridades no les queda más remedio que dar a conocer esas nocivas manifestaciones. Eso sucedió durante una de las últimas reuniones ampliadas del Consejo de Ministros. Allí se habló de irregularidades detectadas en el funcionamiento de negocios con capital extranjero, y de contratos internacionales que afectan la economía del país. También salieron a la palestra las conductas delictivas que se perciben en la comercialización de los combustibles, relacionadas con la sustracción de ese producto en las refinerías, bases de transporte y servicentros. Todas estas “violaciones éticas” de directivos, funcionarios y simples trabajadores se ven alimentadas por la falta de control, la carencia de un sentido de pertenencia, y el hecho innegable de que en Cuba nadie vive con un salario estatal.

En otras ocasiones el delito y la corrupción se presentan de un modo solapado, pero todos sabemos que están ahí, afectando principalmente al destinatario final de un bien o determinado servicio. Son los casos de una panadería, donde los empleados se llevan la harina y otras materias primas para su lucro personal, y después el pan normado de la población sale con pésima calidad; o los empleados de una farmacia, que les niegan los medicamentos a los pacientes para ofertarlos a revendedores; o el personal que repara efectos electrodomésticos, que dicen no tener la pieza de repuesto al precio que fija el Estado, pero “por fuera”, y al precio espontáneo de la bolsa negra— por supuesto, superior al estatal— le resuelven todos los problemas al usuario.

Es de destacar, además, que semejantes manifestaciones delictivas hacen que el emergente sector privado de la economía le esté ganado la competencia a las entidades estatales. Por ejemplo, si usted acude a un restaurante estatal, no posee ninguna garantía de que le brinden el servicio establecido. Puede ser víctima de una especialidad mal servida debido a que los dependientes se robaron parte de los ingredientes que llevaba el plato en cuestión. O en el peor de los casos, si solicita un pollo asado, es posible que no le sirvan el pollo del restaurante, sino un pollo confeccionado en la casa del dependiente, con el agravante de la escasa higiene y la inferior calidad que un producto casero puede presentar. Por supuesto, en este último caso, todo el importe cobrado engrosará los bolsillos del dependiente, con el consiguiente perjuicio para la economía estatal. En cambio, los restaurantes particulares, o paladares, se esmeran en ofrecer un óptimo servicio, haciendo verdadero el principio de que los clientes son su razón de ser. Entonces, mientras es recurrente la imagen de restaurantes estatales semivacíos, establecimientos privados como “Los Nardos”, ubicado frente al capitolio habanero, muestran una cola permanente ante su puerta.

En la reunión ampliada del Consejo de Ministros que destacamos al principio, la Contralora General de la República, Gladys Bejerano, expresó que aún subsisten serios problemas y vulnerabilidades en los mecanismos de control interno en las empresas y entidades, lo que incide en el aumento de los hechos delictivos y los actos de corrupción. Y aunque la señora Bejerano no lo dijo explícitamente, tal vez piense que una manera de contrarrestar estas anomalías sería incrementando el número de agentes de vigilancia y protección en las entidades. A propósito, en este acápite, Cuba podría aspirar a un récord mundial de curiosidades. Porque quizás sea el único país del mundo en que los custodios de las empresas no están para neutralizar una agresión externa, sino para evitar el robo de sus propios trabajadores.

Por Foto-Odelin-Ollas eléctricas chinasOrlando Freire Santana

Escribir un comentario

XHTML: Ud.puede utilizar los siguientes tags html: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>