Caldo de cultivo para la bolsa negra.

Texto bolsa negraArtemisa. Julio de 2013. Productos que no se ofertan a la población a pesar de existir en el país y los altos precios que fija el monopolio estatal sobre el comercio interior, constituyen el caldo de cultivo en que florece el extendido mercado paralelo (bolsa negra).

Los precios altos, arbitrariamente establecidos, que generalmente superan en varias veces los costos de los productos y servicios ofertados por el Estado, estimulan a los que laboran en centros en que existen dichos bienes o se prestan los mismos servicios, a sustraer recursos para ofertarlos en el mercado informal a menores precios.

Con esto último, lo que el gran patrón estatal gana con los precios monopólicos, lo pierde por las referidas sustracciones, o quizás más. En reciente reunión del Consejo de Ministros, a finales de junio, la Contralora General de la República, Gladys Bejerano Portela, informó que en un control al presupuesto se han encontrado daños documentados que ascienden a 1516 millones de pesos.

También existen productos que nunca se han vendido en el mercado estatal pero no han faltado a quienes los demandan, es el caso del oxígeno y acetileno que utilizan los chapisteros y la madera para la fabricación de muebles.

En este sentido, la propia Contralora General reconoció en la reunión referida que el descontrol y los robos “afectan la eficiencia” y el primero está además “creando causas y condiciones para encubrir el delito”.

Las pérdidas por los robos, el daño moral que causan y el costo que adicionan las acciones represivas y legales contra los actores detectados, seguramente superan a las ganancias monopólicas actuales.

Es por lo anterior que la oferta de productos existentes en el país y la disminución de los precios, traerían como consecuencia el desestimulo a los actores de la bolsa negra que buscan grandes ganancias en cada transacción y a los receptadores, que preferirían actuar sin los riesgos propios de lo ilegal.

También tendrían estas medida efectos colaterales favorables. Entre ellas, la disminución de la estadía de mercancías en los almacenes, lo que disminuiría las mermas y la oferta de productos en mal estado.

Otro ejemplo se encuentra en el cemento, una bolsa de ese producto que el Estado oferta a 112 pesos moneda nacional, en el mercado informal se consigue entre 80 y 90 pesos. Esto ocurre con infinidad de materiales de la construcción, herramientas de todo tipo y muchos otros productos.

Claro está que deben excluirse de la reducción de precios los productos y servicios que pueden ser calificados de suntuosos ofertados por el Estado, como los yakusi, los elementos constructivos de lujo, las intervenciones quirúrgicas con fines estéticos que no deriven de desfiguraciones congénitas o accidentes y otros similares.

Paradójicamente, la bolsa negra protege más a sus consumidores que el comercio estatal, pues quienes actúan en ella se cuidan mucho de ofertar productos en buen estado porque lo contrario les pondría en riesgo de ser considerados y hasta delatados por estafadores y, además, porque perderían la única forma de promover las ventas entre sus clientes, boca a boca.

La oferta estatal bajo estas consideraciones, conllevaría a una más rápida circulación de los productos y por tanto monetaria, y brindaría mayor satisfacción y protección a los consumidores. También elevaría el poder adquisitivo del dinero y por tanto de los salarios, y los riesgos de caer en círculos inflacionarios serían menores.

corrientemartiana2004@gmail.com

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