Publicado: Mie, 24 Jul, 2013

La engañosa gratuidad de la educación cubana

La engañosa gratuidadLas autoridades cubanas siempre se han enorgullecido del carácter gratuito de la educación en la isla, y aprovechan para proclamar que eso es posible debido al sistema socialista implantado hace más de cinco décadas. Los últimos tiempos, sin embargo, son testigos de cómo, en casi todos los sistemas de enseñanza, los padres han tenido que desembolsar determinada cantidad de dinero para garantizar la promoción de sus hijos.

Hace poco salió a relucir el robo— o mejor, la venta— del examen de Matemática del onceno grado del nivel preuniversitario. Dos profesores y la empleada de una imprenta les dieron a conocer a varios alumnos el contenido de la prueba días antes de su realización. De más está decir que esos alumnos “beneficiados” debieron pagar por el favor. Al final, y tras ser detectada la anomalía, el examen tuvo que repetirse.

Más no deseo centrar la atención en un episodio aislado, no obstante la connotación que ha tenido, y el hecho de haber mostrado las fisuras y vulnerabilidades de nuestro sistema educacional. M referiré a una situación que ocurre todos los días, prácticamente a la vista de todos: padres, alumnos, jefes de cátedra, directores de escuela y población en general; y lo mismo acontece en la primaria, la secundaria, el preuniversitario y la educación politécnica.

Sucede que los profesores no les imparten a los estudiantes todo el contenido de las asignaturas en el horario de clases. Les dejan tópicos esenciales sin explicar, o no les ofrecen la cantidad suficiente de ejercicios para que los educandos consoliden los conocimientos, o como se dice vulgarmente “les esconden la bola”. Después, en horario extraescolar, y mediante un pago en efectivo, esos mismos profesores citan a los alumnos para darles un “repaso salvador”. Es decir, el repaso que les permitirá enfrentar con éxito los exámenes.

Cualquier observador despistado podría pensar que el tiempo oficial de clases no les alcanza a esos profesores para cumplir cabalmente su misión. Nada más lejos de la verdad. Porque podemos visitar las escuelas y observar a los alumnos solos en las aulas, sin un profesor que los oriente; o verlos en la calle a media mañana y portando el uniforme escolar.

Es raro toparse con algún estudiante que no haya necesitado acudir a un repaso de Matemática, Español u otra asignatura en los días finales del curso escolar. Y abundan los padres que lamentan la evaporación de parte de su salario en estos menesteres.

A la hora de enjuiciar la actitud de esos educadores, la propaganda oficialista recurre a la pérdida de valores experimentada por esos docentes. Sin embargo, otros analistas evalúan esos comportamientos como parte de la “lucha” de los cubanos para subsistir. Si el panadero “lucha” con el pan, el guagüero con el dinero de los pasajeros que no va a la alcancía, y el sepulturero con los objetos de valor que halla en las tumbas, no sería raro que los profesores lo intenten con la impartición de los conocimientos a destiempo.

Lo cierto es que la educación cubana precisa de un vuelco total. No faltan voces que insisten en la necesidad de eliminar el monopolio estatal en este terreno. Claro, nadie piensa en el desmantelamiento de la escuela pública, sino en complementarla con la privatización de determinados centros y tipos de enseñanza. Estaríamos en presencia de una educación de más calidad y libre de muchas de las irregularidades que hemos comentado. Esto podría acompañarse con la reapertura de los colegios religiosos, y así brindar a la familia un real abanico de opciones para la formación de sus hijos.

Total, la tan cacareada conquista socialista de la educación gratuita es poco menos que un espejismo para la inmensa mayoría de los cubanos.

Orlando Freire Santana

Orlando Freire Santana es periodista independiente

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