Publicado: Mie, 24 Jul, 2013

La maldita postración

La Habana, julio de 2013. No hay manera de que el pueblo cubano se decida a practicar lo que en privado o en un entorno lo suficientemente confiable refiere en cuanto a las políticas gubernamentales.

Sus críticas siguen sin sobrepasar los límites de la fugacidad y la reserva, salvo aisladas  posturas contestatarias que duran menos que un trozo de cake en la puerta de un colegio.

En términos cuantitativos lo que se impone es la adaptación a las circunstancias con la finalidad de interactuar dentro de los cada vez más complejos escenarios de la supervivencia.

Los deseos de la mayoría siguen atados a dos objetivos por el momento inamovibles: irse del país o acomodarse en algunos de los niveles del mercado negro tan arraigado en Cuba como la burocracia que genera el partido comunista con sus impertérritos fundamentalismos.

Ahora con la entrada en vigor de las nuevas regulaciones migratorias no hay que marcharse de manera definitiva. Es decir que el régimen gana tiempo y divisas adicionales al aumentar los viajes de ida y vuelta, sobre todo a Europa y Estados Unidos.

¿Qué viajero real o potencial va a implicarse en demandas políticas si presume que tal actitud podría costarle la pérdida de ese derecho?

Solo a largo plazo la medida pudiera convertirse en un estímulo para reivindicar otras libertades tan importantes como la de viajar al exterior con boleto de regreso.

Por otra parte lo que en el mundo se consideraría una afrenta en términos económicos o sociales, en Cuba es parte de la costumbre.

Inflación, salarios de miseria, insalubridad, crisis habitacional, excesos policiales y arbitrariedades jurídicas, se han relativizado hasta lo inconcebible.

Casi el 100 % de la población cubana acata los escenarios impuestos por la envejecida cúpula de poder, sin hacer nada.

El silencio y la participación condicionada a los actos promovidos desde el gobierno se alternan o se combinan cada día para dar prueba de lo complicado que resulta pensar en una protesta ciudadana de carácter masivo.

A menudo se tiende a crear la ilusión de que existen las condiciones para que esto ocurra, pero nada más lejos de la realidad.

Como se dice en buen cubano a lo hora de los mameyes, la gente opta por exponer un sinfín de excusas para que su nombre no figure entre los firmantes de una denuncia contra el régimen y ni pensar en la participación en un acto de desobediencia civil.

En referencia al tema habría que subrayar que los pequeños grupos de la oposición que se atreven a salir a las calles son enfrentados brutalmente por turbas progubernamentales sin que se manifiesten notorios actos de solidaridad por parte de los testigos que desde balcones y aceras rumian sus rechazos frente a los abusos o guardan absoluto silencio.

A modo de síntesis, y en sintonía con elementos de juicio basados en evidencias incontrastables, los cambios en la Isla no parece que tendrán características revolucionarias en el sentido de que ocurran a partir de un levantamiento popular.

La capacidad represiva de los organismos que se dedican a estos menesteres se mantiene incólume, al igual que la impunidad para cometer las más viles acciones incluso contra mujeres que militan en agrupaciones cívicas y políticas al margen de las instituciones oficiales.

A pesar de que sea un hecho poco alentador es preciso advertir que los avances obtenidos en la ampliación del activismo prodemocrático están lejos de alcanzar un considerable grado de importancia en el tablero político interno.

La falta de articulación entre las entidades opositoras y lo difícil que resulta ganar prosélitos verdaderamente comprometidos, lastran las posibilidades de un posicionamiento real de caras a una eventual transición hacia no se sabe qué modelo.

Las metas del cubano promedio seguirán ajustadas a la obtención de una visa para cualquier parte del mundo y mientras transcurre la espera, pues a buscarse la vida en los entresijos de la ilegalidad.

Desafortunadamente son escasas, casi nulas, las señales de que esas perspectivas vayan a cambiar.

Tal vez más adelante, ¿2014, 2015?, maduren las condiciones para que miles de ciudadanos abandonen su pasividad y comiencen a exigir sus derechos.

oliverajorge75@yahoo.com

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