Publicado: Vie, 30 Ago, 2013

El fracaso de las actualizaciones

Falsos honorables-foto Aleaga PaesantLas discretas aperturas en la economía autorizadas por el general-presidente Raúl Castro, lejos de impulsar una nueva mentalidad al margen de la arraigada tendencia al voluntarismo y la centralización, están activando nuevas corruptelas sin que se perciban crecimientos sustanciales en los índices de productividad y eficiencia. Lo que se presumía fuera una racionalización de las actividades económicas, con vistas a marcar las pautas para un desarrollo sostenible, ha resultado ser otro experimento que marcha rumbo al fracaso.

Es cierto que Castro II es algo menos conservador que su hermano, pero el objetivo de ambos es el mismo: perpetuar el sistema. Las posturas de Raúl, desde que asumió la presidencia en el 2006, dejan bien claro la apuesta por ceder en la medida que lo requieran las circunstancias.

Todas las tácticas y las estrategias están diseñadas para mantener el poder absoluto, tal y como lo han hecho desde el 1 de enero de 1959.

La resistencia al avance de las reformas por parte de una burocracia partidista que ha consolidado sus posiciones a través del tiempo, es un fenómeno muy difícil de erradicar en un ambiente que favorece este tipo de posturas, más allá de las moderadas discrepancias con la lentitud y falta de articulación en las transformaciones, expresadas por algunos economistas, comunicadores e intelectuales oficialistas.

En relación a estos asuntos es oportuno añadir que el gradual aumento de los trabajadores por cuenta propia es a menudo sobrevalorado en análisis que sirven de materia prima para la especulación y el triunfalismo.

Algo debe quedar claro y es que sin mercados mayoristas donde obtener los insumos a precios razonables, sin una definida política de créditos y sin posibilidades de optar por una titularidad como propietario, es absurdo creer en un despunte económico a través de la proliferación de las pequeñas empresas familiares.

A esto habría que agregar el punto referido al pleno disfrute de los derechos económicos, laborales, cívicos y sociales que siguen ausentes.

La historia aporta numerosos ejemplos que subrayan los indisolubles vínculos entre libertades individuales y desarrollo socioeconómico. Ni China ha podido sustraerse a esta ecuación. De otra manera no fuera hoy una de las economías emergentes que ha logrado alcanzar envidiables indicadores macroeconómicos.

El gigante asiático es un régimen autoritario que permite la propiedad privada, donde hay decenas de millonarios y que concede algunas prerrogativas de carácter cívico a sus ciudadanos siempre que no pongan en peligro la estabilidad del gobierno.

A corto plazo, en la Isla no se avizoran progresos en ese sentido. La tónica del discurso gubernamental apenas ha variado.

El capitalismo y la democracia representativa siguen siendo objeto de virulentas críticas.

Los movimientos aperturistas en áreas específicas de la economía, según sus diseñadores, son para actualizar el socialismo.

Por tanto, es ridículo esperar que los vientos soplen a favor de una transición que contemple los necesarios cambios estructurales.

La élite trata de conservarse por medio del fraude. Pese a sus esfuerzos por convencer con sus artimañas, las chapucerías salen a la palestra.

En la actualidad la sociedad cubana no logra salir del estancamiento y es cada vez más corrupta.

Por otro lado la violencia en las calles aumenta y el poder adquisitivo de los trabajadores disminuye ante la galopante inflación.

El caos se va convirtiendo en una amenaza real.

oliverajorge75@yahoo.com

 

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