Publicado: Jue, 8 Ago, 2013

En nuestras narices

Aunque ciudadanos entrevistados en la calle aseguran que es más de lo mismo, el último discurso del general Raúl Castro puso en guardia a gran  parte de la población cubana, sobre todo a funcionarios y dirigentes estatales, quienes en voz baja comienzan a manifestar “hay que aguantarse para lo que viene”.

Históricamente, los problemas enraizados dentro de la revolución han constituido tabúes para los periodistas oficiales, que ni por asomo los exponen en sus análisis, hasta que aparece el Comandante en jefe, (ahora Raúl), y lo denuncia. Entonces se erige una campaña para combatirlos.

En la clausura de la sesión ordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular, celebrada recientemente en La Habana, el general Raúl Castro reconoció el creciente deterioro moral de los trabajadores, pésima educación en la ciudadanía y falta de valores éticos, desvergüenza, pérdida de hábitos elementales y tradicionales, que caracterizaron al cubano desde el nacimiento de su identidad nacional.

Nardo Méndez, de 36 años, desempleado y natural del barrio periférico La corbata, en el municipio Playa, dice que “hubo partes del discurso de Raúl donde semejaba a un periodista independiente. Parecía de verdad querer luchar contra lo mal hecho”.

Fernando Castillo, economista de 43 años y residente en el municipio Centro Habana, hace poco fue invitado a un evento en Ecuador y por un documento que oficialmente cuesta 20 pesos cubanos y demora dos días, tuvo que pagar en el Ministerio de Relaciones Exteriores 80 cuc (72 dólares) para no perder el viaje, ya que un funcionario de Consultoría Jurídica le informó que “había cierto atraso y el trámite demoraría semanas. Aunque podía agilizarse incentivando al encargado”. Al escuchar al presidente cubano hablar de estas manifestaciones corruptas,    expresó: “¡Ojalá en el MINREX le partan las patas a esos truhanes!”.

Cientos de estos ejemplos de podredumbre, la prensa independiente los revela de manera sistemática, pero solo hasta que el presidente cubano los descubrió en su discurso y llamó a enfrentarlos, se volvieron visibles para analistas y trabajadores de la información estatal, asombrados de su propagación en las propias narices.

Corrupción, soborno, extorsión, cohecho, robo, delitos económicos, indisciplina social, amiguismo, compadreo, fueron develados por Raúl en una alocución que dibujó el sombrío panorama de caos social por el que atraviesa la mayor de las Antillas.

Varios jóvenes entrevistados piensan distinto. Nelsito, Pompy, Yerandy, Michel y Yoandry, de entre 18 y 22 años, naturales de Jaimanitas, al oeste de La Habana, dijeron que “no escuchan, ni leen, ni les interesan esos teques políticos”. Manifestaron que lo de ellos es la moda y la música. Con sus cortes de pelo estilo “yonky”, sus tatuajes coloridos y el reguetón, declaran que “la mejor forma de pasar el tiempo hoy en Cuba es bebiendo, fumando y haciendo el amor”.

En cambio, un chofer de taxi, una dependiente de una cafetería estatal, una trabajadora de la Dirección Municipal de la Vivienda, un carretillero de productos agrícolas y un Director de Empresa, que pidieron no ser identificados, expresaron que “la cosa se va a poner peor en lo adelante, porque el gobierno cada cierto tiempo le da otra vuelta a la tuerca”.

Periodistas, policías, religiosos, maestros, funcionarios, dirigentes y trabajadores en general, fueron convocados con urgencia por Raúl para librar esta batalla contra el empobrecimiento espiritual de la población,   un engendro de males creados por la crisis del socialismo, y que solo el tiempo dirá si podrá algún día resarcirse.

 

 

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