Los militares en contexto

Futuros testaferros-Foto de Aleaga PaesantRecientemente un periodista de un importante diario español me preguntó vía telefónica mis opiniones sobre varios temas del acontecer nacional.  Fue una entrevista improvisada, pues no habíamos concertado con anterioridad el encuentro virtual para acordar temas, día y horario. No obstante me alegró la oportunidad de exponer mis puntos de vistas sobre una serie de complejas interrogantes en relación a la situación de la disidencia, las transformaciones económicas autorizadas por Raúl Castro y otros asuntos vinculados a la sociedad y el estado actual de la represión, todo expuesto bajo el prisma del pasado, el presente y el inasible futuro.

En el profuso y perspicaz cuestionario, hubo un tópico que en los últimos tiempos viene abordándose y que podría estar careciendo de la objetividad necesaria para tener una idea lo más exacta posible de la evolución del autoritarismo hacia formas de gobierno imposibles de definir por el momento.

Me refiero a las afirmaciones de la existencia de profundas discordias dentro del estamento militar cubano entre un sector anclado en un visceral conservadurismo y otro que apuesta por una evolución con visos liberales.

No creo que se pueda definir con acierto que tal desencuentro sea una verdad irrevocable, al menos desde una perspectiva casi siempre alejada de los supuestos nudos del problema.

Mucho más engorroso sería localizar el nivel de los enfrentamiento y los actores que participan en lo que pudiera ser el germen de una ulterior golpe de estado antecedido por una rebelión en los cuarteles.

De acuerdo a los roles asumidos por este sector clave dentro de la pirámide de poder, desde la consagración de Raúl Castro como presidente, es harto difícil aceptar las tesis que avalan enfrentamientos que presuntamente marchan hacia una crisis de gran envergadura.

Con la fortuna que atesoran los militares a partir del predominio que ejercen en la economía, se presume que tanto la jerarquía y el resto de los niveles de mando, tengan las prebendas suficientes que en parte garantizan la fidelidad al sistema, amén de la efectividad de los servicios de contrainteligencia siempre atentos a la menor sospecha de insubordinaciones y discrepancias de cualquier tipo.

Se dice que el 60% de la actividad económica está en manos del generalato, tal cifra habría que conceptualizarla como un subterfugio para esconder las dimensiones reales del control. En Cuba los uniformados han sido y son los dueños absolutos del país.

La supuesta hegemonía del partido es letra muerta desde la rastrera institucionalización llevada a cabo en la década del 60 del siglo XX. Los militares son los que deciden a sus antojos, aunque la carta magna no lo recoja en sus estatutos.

Sin pretensiones descalificadoras respecto a las opiniones opuestas a las mías, elijo la prudencia en un asunto que por su particularidad cae inevitablemente en las turbias corrientes de la especulación.

Demostrar que existen fuerzas discrepantes en la alta oficialidad de las fuerzas armadas no se aviene con un proceso de cambios que transcurre más tranquilo de lo esperado.

Raúl Castro cuenta con la lealtad de un grupo que defenderá sus intereses de clase a como dé lugar. Previendo las fisuras se ha dado a la tarea de premiar a los incondicionales con más parcelas de poder. Una quiebra en las estructuras militares a raíz de una lucha por liderar determinadas tendencias político-ideológicas no parece estar gestándose y mucho menos en la magnitud con que suele presentarse.

 

Para que esto sucediese tendrían que converger muchos factores sociales, políticos y económicos en el plano interno e internacional.

¿Se precipitarán los ingredientes para que se articule el escenario?

Una respuesta afirmativa sería una pésima elección. Negarlo de manera tajante tampoco constituiría una actitud inteligente.

oliverajorge75@yahoo.com

 

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