Publicado: Mar, 27 Ago, 2013

Los testaferros deben aprender la lección

La Habana. En días recientes hemos presenciado una especie de forcejeo en torno a la proyectada celebración en Miami de un partido de béisbol en homenaje a los 50 años de la existencia del equipo Industriales, el más insigne colectivo de la pelota cubana. Como casi siempre sucede en estos casos, cuando la polarización en la capital del exilio cubano alcanza la cima, las opiniones están divididas: unos apoyan la celebración del tope, mientras que otros, principalmente a causa del vínculo que han mantenido con el castrismo algunos de los peloteros que residen en la isla, se oponen a este encuentro deportivo.

Personalmente soy partidario de que el juego tenga lugar. Es muy saludable que atletas que hoy viven en ambos lados del estrecho de la Florida, y que en un momento dado vistieron la franela de ese mítico equipo de la capital cubana, como son los casos de Kendry Morales, Rey Ordoñez, Euclides Rojas, Agustín Marquetti, Pedro Medina, Armando Capiró, Lázaro Vargas, y Rey Vicente Anglada, entre otros, puedan confraternizar y rememorar momentos gloriosos de nuestro deporte nacional.

Sin embargo, considero oportuno que algunas voces en Miami hayan objetado la presencia de Javier Méndez y Juan Padilla en el hipotético enfrentamiento. Ellos agredieron a un opositor del castrismo, que se lanzó al terreno de béisbol portando un cartel alegórico a la defensa de los derechos humanos, durante el transcurso de los Juegos Panamericanos de Winnipeg, Canadá, en 1999. Aunque Padilla y Méndez logren finalmente integrar la delegación cubana a Miami, en caso de que se materialice la competencia, conviene que la lección quede en la conciencia de todos. No se trata de una venganza; más bien es una advertencia para aquellas personas que en lo adelante estarían en condiciones de oficiar como testaferros de los gobernantes cubanos.

Porque el castrismo no ha cejado en su empeño de echar a pelear a unos ciudadanos contra otros, y así profundizar la división en el seno de la familia cubana. Las tristemente célebres brigadas de respuesta rápida continúan prestas a actuar contra las Damas de Blanco o cualquier otro opositor que intente reclamar sus derechos. Y los mítines de repudio no se circunscriben al territorio nacional, pues los tentáculos del régimen cubano se extienden más allá de nuestras fronteras. Un ejemplo de ello lo tuvimos en la hostilidad que muchas veces debió enfrentar la bloguera Yoani Sánchez durante su gira por varias naciones. Una hostilidad que corrió a cargo del personal de las embajadas cubanas, pero también de los agentes pro castristas que se subordinan al denominado Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, bajo el mando de la señora Kenia Serrano.

Es muy importante que todos esos cubanos que le sirven de carne de cañón a la maquinaria del poder castrista, sepan que su innoble proceder no necesariamente deba de pasar inadvertido. Y, repetimos, no estamos pensando en un revanchismo hacia ellos tras el epílogo de esta dinastía comunista, y que incluya escenas sangrientas u otros actos de violencia, sino simplemente en el desprecio con que la Cuba futura los contemple.

Entonces, cuando esa enseñanza cale en la mente de los que ahora habitamos este verde caimán, es muy probable que estemos asistiendo al principio del fin del sistema político que nos oprime.

 

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