Publicado: Mar, 27 Ago, 2013

Revolución y Libertad. ¿La Misma Cosa?

a_ocVedado, La Habana. “Es el descontento de sí mismo, ya sea por la oscuridad de origen, por un defecto de conformación física o por ausencia de condiciones espirituales brillantes, lo que lleva a muchos hombres a la acción revolucionaria. Y, por el contrario, en todo espíritu rebelde hay un gran fondo de timidez. La actividad revolucionaria es la reacción violenta de los tímidos que trastornan la sociedad a fin de darse ánimos. Lo cual es lo mismo que prender fuego a una casa ajena para entrar en calor.

A veces suele ocurrir que en el curso de la acción revolu¬cionaria, cuando esta es afortunada, los tímidos pierden su cortedad y entonces vuélvense conservadores. Tal es la secreta causa psicológica de la defección de tantos arrebatados profetas que han dejado a medio camino la emancipación de su pueblo, sólo porque lograron antes su propia liberación espiritual. (Arturo Cancela.- “El Destino es Chambón”).

Tanto tiempo perdido, y tanta sangre derramada, tanto dolor, tanto sufrir, tanta miseria y cuanto exilio, cuanta separación. Estas son las consecuencias naturales de las revoluciones. Todas las que no han sabido o podido enderezar el rumbo se han ahogado con su propio estiércol, han degenerado en dictaduras. Ninguna obra humana puede considerarse perpetua o perfecta, y este es un error común a casi todas las revoluciones, vistas como procesos sociales limitados a un momento determinado de la historia de las naciones, desencadenante de cambios más o menos profundos que por necesidad no pueden detenerse o congelarse en el tiempo a capricho de sus iniciadores.

Mientras más se empecinan sus líderes en enmendar los errores derivados del afán egoísta de detener la historia, más profundo se hunden en la tembladera, más errores cometen tratando de afincarse desesperados por no perder lo que consideran suyo por derecho de ocupación porque, a fin de cuentas, ¿qué es una revolución sino la ocupación por la fuerza de un país, sus instituciones, su patrimonio y sus gentes?

De todas las revoluciones devenidas dictaduras, las peores son las llamadas de izquierda, con las promesas del paraíso terrenal, la igualdad de todos los seres humanos y la desaparición de los explotadores, encubren los verdaderos designios de egoísmo, vanidad y envidia; las más bajas pasiones se desatan en estos procesos, la delación, el oportunismo, la traición, todo vale a la hora de lograr un puesto, una casa, o un televisor, porque una característica común en estos sistemas es que mientras más se prolongan en el tiempo, menos bienes hay para distribuir y el que tenga los colmillos más largos sobrevive.

La tendencia de pretender prolongarse no solo en el tiempo, sino también geográficamente, convierte a los revolucionarios en una plaga de profesionales en vivir de lo ajeno, a más revolucionario más ladrón y más sanguinario podría decirse. Napoleón Bonaparte fue un hijo de la Revolución Francesa y como buen revolucionario quiso tragarse Europa y hasta en América hicieron lo suyo los bonapartistas; la Revolución de Norteamérica no se detuvo en sus trece colonias originales, se lanzó insaciable hacia el oeste indio y mexicano; las revoluciones sudamericanas dieron pie al caudillismo y las oligarquías criollas; la Revolución de Octubre (en realidad fue en noviembre) en Rusia, se expandió como un derrame de petróleo en alta mar hasta convertirse en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y sus satélites de Europa oriental.

La Revolución Cubana merece un párrafo aparte; después de más de veinte años de intentos de expansión por la vía de las armas, el anciano líder revolucionario cubano descubrió la fórmula de hacer revolución, aprovechando las oportunidades brindadas por las democracias latinoamericanas y el egoísmo y estupidez de los políticos del área.

Hoy asistimos a una nueva era en la que el bolivianismo impone su propio modelo de expansión a los pueblos, entusiasmados y aturdidos con promesas de prosperidad que nunca serán cumplidas, porque el patrón a seguir es el fracaso más grande en la historia de las revoluciones, solo comparable con la haitiana.

A los dirigentes cubanos no les queda otro recurso que hacer malabares para evitar ser juzgados en vida por el crimen de someter a su propio pueblo al experimento más largo y aberrante del que se haya tenido noticia. Por más que se insista, el socialismo seguirá siendo una utopía creada para que unos cuantos vivos vivan de un montón de bobos deseosos de servir a estos diositos tragones a cambio de unas migajas, y las revoluciones son, la mayor parte de las veces, la justificación de hombrecitos ambiciosos y grises para imponer su voluntad.

hildebrando.chaviano@yahoo.com

 

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