Publicado: Lun, 21 Oct, 2013

Se acerca el 10 de Octubre

Engranajes del ingenio La Demajagua, reliquia de nuestro pasado históricoSanta Clara. Con el inicio de La Guerra de los 10 Años, el 10 de octubre de 1868, comenzó quizá la gesta libertaria más notable y de mayor efecto en la historia de Cuba. El conflicto persiguió vario fines, tuvo carácter anticolonialista, antiesclavista y sobre todo anheló la liberación nacional, pero para nada se le debe asociar con una alevosa revolución que triunfaría casi una centuria después. Varias contradicciones existentes en 1868 hicieron que el ala más rebelde de los colonos criollos planteara la vía independentista. La Isla, colonia española, estaba ante una virtual crisis, pues las crisis mundiales de 1857 y 1866 habían dejado sobre ella efectos negativos, y España no hacía nada por modernizar la producción azucarera, además de que los precios del azúcar habían caído.

Otra causa que afectó la economía del país fue la supresión casi total de créditos por parte de la corona, justo cuando se exigía un intenso proceso inversionista para renovar dicha industria. Sin embargo, España trató una vez más de resolver sus apuros a costa de sus colonias, sobre todo con el sudor de la “amada y siempre fiel isla de Cuba”. Para entonces los españoles se enfrascaban en recobrar territorios latinoamericanos y el costo de aquellos sucesos bélicos recaía, en gran medida, sobre Cuba. Unido a esto, el uso del presupuesto cubano en asuntos de interés solo para la corona, pero totalmente ajenos a las necesidades de los criollos, era otro de los males manados de la dominación que tanto incomodaba a los insulares.

Los cubanos carecían de todo tipo de derechos políticos. La contradicción entre la colonia y la metrópoli era cada vez más aguda, convirtiéndose el sistema colonial en una insalvable traba para el buen desarrollo de la Isla, pero los cubanos albergaban aún la esperanza de que, ante esta realidad, España concediera algunas reformas. España sometía a la Isla con tristes escenas de explotación, y estas se divisaban con mayor grado en la zona oriental y central del país. Allí, al existir menos ingenios, y por ende menor número de esclavos, buena parte de los colonos vivían en una situación crítica de tal endeudamiento y ruina, que se convirtieron rápidamente en partidarios decididos de luchar contra la metrópolis.

Carlos Manuel de Céspedes, abogado bayamés, era uno de los principales conspiradores, por ello la mañana del 10 de octubre, tras dar la libertad a sus esclavos a través de un manifiesto histórico que les leyó en su ingenio “La Demajagua”, se levantó en armas y proclamó la independencia. Se dice que ese mismo día se pronunció por vez primera el patriótico grito de ¡Viva Cuba Libre!

Desde el punto de vista cultural, aquel alzamiento contra el oprobio español ayudó a que el sentimiento de nación se afianzara. Máxime, porque hasta la primera mitad del siglo XIX los esclavistas cubanos solo habían tratado de resolver sus problemas más acuciantes a través del reformismo o el anexionismo, y raras veces, como proponía Félix Varela, lo habían hecho con matices puramente independentistas. Céspedes y quienes le siguieron declararon su invariable decisión de voltear la situación a través de las armas. Lo veían como la única vía para alcanzar las libertades económicas, políticas y sociales a que tenían derecho como nación que comenzaba a forjarse, y que España les negaba. La grave situación que se vivía, y no otro motivo, fue lo que los condujo a luchar contra el dominio español.

Por cerca de una década la manigua cubana se tornó redentora, y en ella ondeó libre el ideal al cual se le juró fidelidad aquella mañana del 10 de octubre de 1868. Han pasado 145 años de aquel amanecer histórico, y si algo relaciona aquella clarinada con el actual añoso proyecto llamado Revolución, es que Cuba vive una situación semejante a la de entonces: Solo que ahora sigue esclavizada de uno de sus hijos.

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