Publicado: Jue, 3 Oct, 2013

Director y dueño no son la misma cosa

Con la evolución y desarrollo de la humanidad hay quienes se han dedicado a realizar aportes no solo en la tecnología sino también en el lenguaje formando parte de la idiosincrasia de cada nación; en la nuestra también se han hecho aportes, algunos más grotescos que otros. Pero una cosa es agregar frases o palabras idiomáticas al lenguaje popular y otra muy distinta es cambiar el significado a palabras ya existentes y reconocidas mundialmente, con el único pretexto de acomodarlo a nuestros intereses o conveniencias.

¿Qué podemos decir de Director y Dueño?

Muchos creen que significan lo mismo, tanto es así que quienes ocupan dicho cargo se sienten dueños de todo lo que se relacione con el ejercicio de sus funciones.

Según el Diccionario de la Lengua Española: director es esa persona que debe guiar, encaminar un proyecto, empresa, compañía, etc. Pero dueño: dueño es ser propietario de alguna cosa, mueble o inmueble, el cual tiene la potestad de vender, ceder, destruir, guardar, enajenar el bien en sí; sin rendirle cuanta a nadie (aparentemente)

Obviamente, Director y Dueño no son en la misma cosa.

Estos conceptos han sido tan mal relacionados durante años, que muchos directores de empresas, compañías e instituciones se han sentido y se sienten dueños de todo y de todos; con el derecho y la potestad de aceptar o no a cualquier persona con condiciones de trabajar en su centro, con libertad de rechazar el contrato o invitación de algún subalterno ya sea por trabajo o no en el exterior, con la simple respuesta de que no lo consideran idóneo para dicha actividad aunque haya sido el trabajador quien haya gestionado tal viaje para sentirse más útil como profesional; y como no puede sustituirlo por otro, simplemente la respuesta es “No”. También facultado para rescindirle el contrato a personas no acordes a sus intereses personales.

Es una escena que se repite indistintamente en muchas esferas de esta sociedad. Médicos que se les han negado su salida perdiendo la posibilidad de intercambiar experiencias y poner en práctica sus conocimientos. Lo mismo pasa en la Educación, en el Deporte y el sector de la Cultura.

¿Por qué suceden estas cosas? ¿Es que en realidad no hemos superado y abolido la esclavitud en su totalidad? Como si no fuera suficiente todo el dinero que muchos invierten en la realización de trámites para obtener el fin deseado: viajar. Se gasta una suma considerable en una moneda no percibida como salario. Dinero mal gastado en la realización de un sueño inalcanzable. ¡Estamos presos y no lo sabemos! ¡Bienvenidos a la cárcel de tu piel!

Hay que preguntar si ser director encierra en su haber el ser o creerse dueño del presente y del futuro de los trabajadores, de apoderarse hasta del presupuesto asignado a una compañía para beneficio personal, sin rendir cuanta a nadie de sus actos; encubrir violaciones disciplinarias, imponer medidas no autorizadas por la ley, faltar el respeto a sus trabajadores o maltratarlos y amenazarlos de palabras, no propiciar la adecuada evaluación de los trabajadores, empleando o promoviendo a otros por razón de amistad, parentesco, afinidad o preferencia sexual; apoyar la realización repetida de actividades ilegales o violatorias a lo establecido por la autoridad competente como es el retraso reiterado del pago salarial.

O delegar su responsabilidad como Director General y Musical del Teatro Lírico Nacional de Cuba a alguien que a pesar de ostentar el título de Directora de Orquesta, no ha demostrado aun que pueda llevar adelante lo que fue en sus años mozos La Banda Nacional de Conciertos, ¿cómo podrá afrontar este reto tan difícil como son las Óperas Wagnerianas con una Orquesta tan diversa como la del Gran Teatro de La Habana?

¿Qué labor tan importante es aquella que le impide al Director del Lírico estar presente en una puesta en escena única en la historia del Arte Lírico en Cuba, o darle el frente a situaciones internas de La Compañía?¿Cómo es posible que esté más tiempo fuera del país que dentro? Una compañía que hace más de 12 años que no viaja a ninguna parte solo al interior del país con resultados nada favorables, es obvio que no tenga mucho que mostrar e intercambiar fuera de la nación, solo su modesto talento personal. ¡No se puede ser candil de la calle y oscuridad de la casa!

Si esto es sentirse orgulloso de ser Director de una compañía, para acabar con lo que durante años fue construido con dedicación, entrega y sacrificio en cada puesta teatral, estamos perdidos porque más que libertad a la juventud para ocupar dichos puestos, es un libertinaje desmedido; es malversación de los bienes del Estado y uso arbitrario de poder en el ejercicio de sus funciones.

Si todo lo antes expuesto es mérito y no delito de carácter continuado; nos estamos burlando de los cánones sociales, derechos administrativos, laborales y constitucionales de esta nación. Entonces no se ha abolido del todo la esclavitud sino que se ha resumido en 8 horas laborables por día.

¿En las manos de quien está el buscar una solución efectiva y definitiva de tanto desorden? Pues se envían cartas, quejas, anónimos a todas las instancias, haciendo caso omiso al tema. ¿Hay que deducir que El Teatro Lírico Nacional ha dejado de ser ya una institución sino formar parte del Arte representativo para el Ministerio de Cultura y Artes Escénicas de este país?

Ante ese panorama no deben caber dudas de que es hora de tomar cartas en este asunto y dejar tanto burocratismo, porque está en juego el trabajo de artistas y personal administrativo que aún no están en edad de jubilación como para quedar exentos y en busca de otros puestos laborales inexistentes.

Por Yoslainy Pérez Derrick

 

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