Publicado: Jue, 3 Oct, 2013

El café con chícharo: crisis o imposición

Cubita_coffeeSería una ironía tomar en cuenta a los cubanos dentro de las 400.000 millones de tazas de café que se consumen cada año en el mundo. Doy por sentado el prestigio de varias fuentes que exhiben este dato, pero es necesario aclarar que lo que beben por café hoy la mayoría de los ciudadanos de esta isla, está muy distante de la libación que se obtiene de la mitificada planta del café o (cafeto) como se conoce.

Desde hace varios años, las autoridades cubanas distribuyen a la población un “café”, a base de sucedáneos (productos no derivados de éste), que se usan para imitar el café. En cuyo caso la excesiva cantidad de chícharos con que lo mezclan (50% de café e igual cantidad de chícharos), constituye un desafío para el paladar de todos los consumidores.

Y si bien es conocido que otros sucedáneos pueden usarse por razones médicas, económicas o religiosas, para los cubanos el asunto simplemente viene dado porque el café puro –como otras tantas cosas- ya no está disponible para ellos. A no ser que, alguien bien bondadoso lo traiga de los campos donde se cultiva, un riesgo que muchos no se disponen a correr por temor al decomiso o multas excesivas, que se imponen en los controles policiales de las carreteras cubanas. Otra opción sería adquirirlo a precios astronómicos en las tiendas en divisas (CUC), pero todos sabemos que esta moneda no está disponible para la mayoría de los cubanos, por cuanto sus magros ingresos provienen de un salario que les pagan en pesos cubanos.

Los cubanos siguen lidiando con la pésima calidad del café mezclado con chícharo, distribuido en un envase de unas 4 onza que reciben a través de la libreta de racionamiento cada mes.

Este producto, cuya adulteración y comercialización corre a cargo de la Empresa Cubacafé, ubicada en calle 150 no 2124 e/ 21 A y 25 Reparto Cubanacan, recibe innumerables críticas y maldiciones desde cualquier rincón de la cocina cubana. Llega incluso a crear un enorme descontento, cada vez que alguien se dispone a colar la dudosa mezcla.

Luisa, una ama de casa residente en el Vedado, pero que se crió en un campo cafetalero, fue abordada por este reportero, y al respecto dijo: “Los cubanos siempre hemos presumido de consumir un buen café, no sé hasta cuando nos seguirán metiendo esta mezcla” (…) “El colmo de la ironía y el descaro, se plasma en forma de anuncio en letras blancas en la superficie de la envoltura de nylon. El estuche especifica que está mezclado con chícharo al 50 %, que el agua a añadir no sobrepase la válvula de la cafetera y que el café dentro del colector no debe ser comprimido, así como el fuego de la hornilla debe ser pequeño”.

Otra señora que no quiso identificarse, también comentó: “más allá del mal sabor que ofrece el alto por ciento de chícharo, hay que señalar el trabajo que se pasa a costa de las rudimentarias cafeteras, que en más de una ocasión hay que bajarlas del fuego y mojarles el fondo para que suelten la libación. Sencillamente estas cafeteras no son idóneas para esta mezcla, por consiguiente se produce desgastes en las juntas, tupiciones en los orificios del colador, y en muchas ocasiones explosiones que en el mejor de los casos rompe las cocinas o los techos, sin contar que se han reportados accidentes humanos”.

Según la revista Investigación y Ciencia, la industria del café mueve en la actualidad aproximadamente 70.000 millones de dólares al año, cifra superada únicamente por el petróleo en lo que se refiere a exportaciones a escala mundial. Muchos de los productores de este grano son países tropicales y sub-tropicales donde el cultivo del café se encuentra ampliamente difundido. A diferencia de Cuba, incluido por derecho propio en este grupo, ninguno se atrevería a ofertarles el café ligado con la mitad de chícharos a sus ciudadanos, por temor a una protesta sin límites.

Leonpadron10@gmail.com

 

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