Publicado: Jue, 3 Oct, 2013

El oficio peor remunerado

Torres-salvavidasManuel Pino, quien se desempeña desde hace veintisiete años como salvavidas en la playa Guanabo, asegura que actualmente este oficio constituye uno de los peores remunerados de Cuba, a pesar de exigir altas cuotas de altruismo y verdadero amor por la preservación de la integridad humana. Cuenta Manuel que los salvavidas no tienen garantizada ni agua ni comida, en sus puestos de trabajo donde laboran durante 10 horas diarias. Tienen que llevar los alimentos de sus casas, para tener fuerzas al lanzarse al mar en las disímiles situaciones de peligros que abundan en estos balnearios capitalinos.

Tampoco existen las antiguas torretas, destinadas para observar el perímetro, ni el vestuario tradicional con short y camiseta con la cruz roja que los identificaban. Sus caretas, snorker, patas de ranas, silbatos y flotadores, se perdieron igual que la vergüenza de los dirigentes de las playas, quienes deben garantizar estos equipos. Un salvavidas hoy es un bañista más, en short, descalzo y sin camisa.

Hace unos años, se realizó una inversión por la empresa Mar Azul, con el dinero recolectado por los propios salvavidas, para garantizar la construcción de diez torretas, que es sin dudas el medio de trabajo más importante, pero una noche desaparecieron los tornillos de las torretas y subir al armazón de madera se convirtió en un riesgo. Manuel no se explica si fue vandalismo o alguien necesitaba esos tornillos, lo cierto es que las torretas oscilaban peligrosamente, sin lograr sostener a un hombre arriba.

Los bañistas que pernoctan en la orilla, han utilizado madera de las torretas para fogatas, y ya no queda ninguna. Ahora, para cuidar la playa, los salvavidas deben subir a lugares altos, o en árboles, ya más de uno se ha caído. A pesar de las pésimas condiciones, ninguno de los actuales salvavidas renuncia al trabajo y todos tratan de seguir en el oficio. Son hombres de mar, que aman su profesión y saben que muchos jóvenes esperan el menor pestañeo de los viejos salvavidas, para ocupar sus puestos, sin importarles que no existan torretas, ni se les garantice un buen salario, ni equipos, ni la alimentación adecuada para las 10 horas a la espera de algún percance, ya que las opciones de trabajo en otros sectores hoy son nulas.

 

Por Frank Correa

 

 

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