Publicado: Jue, 3 Oct, 2013

La inutilidad de la política

Artemisa. Junio de 2013.Las clases de política y la politización de todas las asignaturas dentro de los sistemas de educación y educación superior en Cuba, así como las influencias en este sentido de los medios, todos en manos del Estado, provocan gastos adicionales pero no logran los objetivos perseguidos como demuestran los hechos de la vida cotidiana.

Al consultar al azar a estudiantes con los que se logra suficiente confianza, se comprueba que gran parte de ellos rechazan las asignaturas afectadas por este objetivo, independientemente del nivel y la especialidad que cursan.

Además de esta confesión subjetiva, los hechos confirman la no interiorización, “toma de conciencia” según el discurso oficial, de lo perseguido con ellas. Asignaturas puramente políticas y otras altamente politizadas, como la historia y la cívica, se incluyen en el rechazo de dichos estudiantes debido a su enfoque parcializado a favor del grupo de poder.

Entre los estudiantes de secundaria básica y en ocasiones de preuniversitario, la resistencia es generalmente pasiva, pero en el nivel superior son frecuentes los enfrentamientos durante las clases entre profesores y alumnos que rechazan lo transmitido por los primeros con argumentos aplastantes, basados generalmente en las incongruencias entre el discurso oficial, que impregna y parcializa los contenidos, y la vida diaria.

Afirmaba José Martí que la forma futura de los pueblos es la educación de hoy. De acuerdo a ello, las aspiraciones de millones de jóvenes graduados de los diferentes niveles de enseñanza de salir del país a cualquier costo y por cualquier vía, hablan a favor del fracaso de formar valores como el patriotismo, la lealtad al partido único y otros objetivos rectores del sistema de educación.

La casi totalidad de los graduados que no se proponen salir del país, practican la denominada doble moral, según la cual manifiestan apoyo a lo que rechazan interiormente e incondicionalidad a aquellos en que realmente no creen, para obtener mejores puestos de trabajo o subir en la escala social y así gozar de mejores niveles de vida, no precisamente para ser servidores sociales eficientes por su alta conciencia revolucionaria.

Algunos de estos últimos llegan a militar incluso en el partido comunista (único permitido) pero en círculos íntimos despotrican contra todo lo que consideran mal hecho por los gobernantes que al mismo tiempo son los dirigentes de dicho partido.

La formación política incluye recalcar hasta la saciedad todo lo malo de países capitalistas y lo bueno de acá. Todo ello se desmorona, aun entre los pocos que lo asimilan como prueba de la superioridad de “nuestro sistema”, en cuanto reciben información por medios alternativos o cuando viajan al exterior como cooperantes o por otros motivos cualesquiera. Los funcionarios corruptos, los indisciplinados en sus centros laborales, los que disienten públicamente, los que mienten en los informes que rinden a niveles superiores, fueron también formados y adoctrinados en las escuelas para comportarse diametralmente contrario a como lo hacen.

Los gastos en profesores de estas especialidades, en los periodistas y otros empleados de los medios, en politólogos que son realmente proselitistas, en espacios de prensa, radio y televisión incluidas transmisiones al exterior, ascienden a millones de pesos que pudieran invertirse en la formación técnico profesional adecuada a las necesidades del país, en formar ciudadanos responsables y libres que, desde su perspectiva personal o individual, aportaran lo mejor de sí a la sociedad.

El fracaso de la legión de trabajadores sociales, fundados en septiembre del 2000, que debían “Cultivar la honradez, el honor y la dignidad. Rechazar enérgicamente prebendas u ofertas que atenten contra ello. Abstenerse de utilizar su cargo para obtener ventajas y privilegios ilegítimos” entre otros principios éticos, demuestra la inutilidad del adoctrinamiento como sustituto de la legítima educación y las adecuadas condiciones sociales y económicas en el tejido social en que se inserten los graduados de los sistemas educativos. A la cárcel fueron a parar decenas de estos trabajadores sociales por repetir aquellas conductas que debían eliminar.

También “La Batalla de Ideas” terminó como con la desmoralización de los dirigentes máximos de esa batalla de ideas. Muchos de ellos terminaron presos, no por el enemigo sino por sus propios comandantes. El desenlace de la Batalla incluye la retirada escalonada del centralismo económico, con el paso de la descalificación del trabajo particular a su elogio, con el reconocimiento a regañadientes de que los estímulos materiales son imprescindibles para calmar el natural egoísmo humano aun cuando puedan acompañarse de los morales.

La consigna de “cambiar todo lo que deba ser cambiado”, contenida en la definición de revolución enunciada por Fidel Castro, debe incluir el cambio de la función de adoctrinamiento del sistema educativo y los medios nacionales, por el cumplimiento de su encargo social. Mantener la injerencia de los ideológico y lo político partidista en sectores profesionales que deben ser autónomos es malgastar recursos necesarios para la solución definitiva de la crisis nacional.

 

corrientemartiana2004@gmail.com

 

 

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