Publicado: Vie, 29 Nov, 2013

Ex presidente Arias recibe a cubanos por los DDHH en Costa Rica

Oscar_Arias_(2009)-2La Habana. Al regreso a La Habana de San José, Costa Rica, Antonio G. Rodiles, Wilfredo Vallín y yo, preveíamos que la policía política estaría esperándonos; entonces, acordamos como medida de seguridad mantenernos en constante comunicación. Pasamos tranquilamente los “estamentos aduanales”, hasta que dos mujeres de uniforme, quienes venían con otros dos hombres detrás ―un negro alto y un blanco bajito, el último vestido con ropa gris azulosa, la camisa por fuera y portando un wolki tolkie―les indicó que nos detuvieran.

A mí me condujeron a un cuarto pequeño y claustrofóbico, mientras Rodiles era dejado en el medio del salón, según las oficiales, para hacer un “chequeo de rutina”.

Luego de revisar minuciosamente la maleta y la cámara fotográfica pusieron atención en dos cosas fundamentalmente: una foto donde aparecíamos los tres junto a algunos amigos latinoamericanos y en el libro Con velas, timón y brújula, que Oscar Arias Sánchez, su autor, me había firmado y dedicado.  Miraron con atención el libro y lo fotografiaron con una pequeña cámara digital, mientras me miraban y sonreían socarronamente.

Arias Sánchez me fue presentado par de días antes por Lina Barrantes, Directora Ejecutiva de la Fundación Arias para la Paz y el Progreso Humano, en el edificio de la institución, construido en el centro de la capital tica con los fondos obtenidos del reconocimiento internacional.

El inmueble de dos pisos y pintado de color blanco, tiene en el frente una paloma con un olivo en la boca.  Se halla muy cerca del Museo Nacional, el Parlamento, la plaza de los tres poderes judiciales y al lado oeste del paseo peatonal más importante de la capital.

Oscar Arias, ex presidente de Costa Rica por dos oportunidades, es el único latinoamericano Premio Nobel (a diferencia de Rigoberta Menchú, Gabriel García Márquez o Adolfo Pérez Esquivel), que no es lacayo de la dictadura cubana.  Más bien, y aun con su talante político y negociador, mantiene clara sus distancias con los dictadores hemisféricos, en especial, con los cubanos.  El Nobel de la Paz lo ganó, por su esfuerzo por pacificar Centroamérica, conmovida por el enfrentamiento entre las superpotencias y el apoyo logístico y militar del gobierno de Fidel Castro Ruz.

El día del Encuentro, luego de sentarse en el salón de la biblioteca, con voz pausada, acento centroamericano y una mirada tranquila, Arias hizo un paneo sobre los problemas del sur durante más de una hora.  Se refirió a los problemas de la pobreza y la responsabilidad de los políticos en perfeccionar la democracia y sacar adelante a sus países.  Criticó severamente las tendencias de algunos presidentes latinoamericanos de perpetuarse en el poder, y señaló cómo el continente perdía competitividad ante los asiáticos.

Su preocupación mayor era la tendencia armamentista en el hemisferio y cómo esas tendencias ―inversiones en cañones, aviones, buques y submarinos― dejaban sin resolver los problemas de la pobreza, la salud pública y la educación. Sobre todo, reflexionaba él, en un escenario donde no se perfilan amenazas tangibles para la paz, donde se cuecen mecanismos de integración económica, no todos exitosos, pero al fin y al cabo mecanismos que mejoran las relaciones entre las naciones.

Arias puso como ejemplo a Costa Rica, desarmada desde 1949 y que durante las guerras en centro américa en la década de los ochenta del siglo XX, estuvo cerca de involucrarse en el conflicto que mató a doscientos mil personas, empobreció aún más la región y dejó un rastro de violaciones de derechos humanos.  También comentó sus esfuerzos para desmantelar los ejércitos, iniciativa que tuvo resultados positivos recientemente en Haití y Panamá.

Aprovechó también para hablar de su mediación en el año 2009, cuando el ex presidente de Honduras Manuel Zelaya, tocó a su puerta. Sus esfuerzos por buscar una solución al problema, y como el hondureño prefirió los petrodólares del ALBA y el apoyo incondicional de Hugo Chávez, antes que la solidez moral y los pocos recursos financieros que tienen los costarricenses.

En la despedida nos dejó su libro, y el recuerdo de un encuentro largo e interesante con un hombre brillante y sencillo, que aduaneros y “segurosos” parados ante mí, sonriendo socarronamente, no podían comprender husmeando entre mis cosas personales.

aleagapesant@yahoo.es    

 

 

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