Publicado: Mar, 5 Nov, 2013

Guamo, ¿Una Publicación de Estos Tiempos?

Obra de IGNACIO DEL RÍOSakenaf, Santa Clara. Guamo es una revista cultural editada en Santa Clara, y que hace años anima la narrativa local y a sus contertulios, más que nada porque se enmarca dentro del ámbito artístico literario que irradia la cuidad. Desde sus corteses y menudas páginas, sus valoraciones, críticas y análisis alcanzan dimensiones que van más allá del típico formalismo reductor de la realidad a solo dos principios opuestos.

Si bien su tirada no se ajusta con las ventas, cosa que se agradece pues conspira para que casi siempre haya un ejemplar disponible en cada librería, su normal periodicidad es algo que sí la distingue. Llama la atención entonces porqué el número 71, correspondiente al pasado mes de mayo, nunca estuvo a la venta o a disposición de sus lectores.

Ante todo deseo advertir que nada me ata a la idea de inquietarme tanto por las cosas, sino que más bien prefiero ocuparme de ellas. Si ahora indago por el vacío de esta publicación, o mejor dicho, por el ejemplar de marras, es sencillamente porque días atrás alguien me lo hizo llegar con el siguiente aviso: “este Guamo está en candela, fíjate que lo imprimieron y no lo sacaron a la venta”.

Recordé unas palabras similares que en octubre de 1968 le llegaron al escritor Eduardo Lolo, luego que Heberto Padilla recibiera el Premio Nacional de Poesía con el poemario Fuera del Juego. A Lolo le dijeron “la UNEAC está en candela”, mientras lo manifestado a mí no incluía a entidad alguna, aunque algo se dejaba entrever.

Tras una lenta ojeada solo hallé un escrito que pudiera incidir en que se desaprobara su venta, o su consulta en bibliotecas públicas, aunque quizá estuviese errado y la razón haya sido otra. Ojo, eso de incidir en que se desaprobara lo expongo porque sé de oídas cómo funciona la censura en los medios oficiales, y Guamo lo es, pues me considero partidario del libre flujo de opiniones. No obstante, y según mi teoría, el artículo que pudo “incidir” se titula La noche que dio comienzo a la edad contemporánea en Cuba, y no es más que un animado repaso a nuestro pasado histórico a través de la siguiente pregunta: ¿Puede un suceso particular, insignificante si se le compara con las variables económicas y sus leyes intrínsecas de cambio, reconfigurar todo el futuro desenvolvimiento de los acontecimientos históricos, aun por encima de dichas leyes?

Su autor es José Gabriel Barrenechea, y no creo que lo haya escrito para crear roces entre la directiva de Guamo y las altas esferas del poder, ni mucho menos para tantear si existe rigidez o no en dicha revista. Máxime porque sugerir “que en la Cuba anterior al 4 de septiembre de 1933 a nadie se le hubiera ocurrido gobernar sin el reconocimiento de los norteamericanos” echa por tierra muchos preceptos. Ahora bien, si Barrenechea sabía que el escrito era para Guamo, ¿fue demasiado lejos con su lucidez histórica e histriónica al decir que la tradición antiimperialista no nació “en la Plaza de la Revolución con la Primera Declaración de La Habana, sino mucho antes, el 9 de septiembre de 1933? O sea, el día que el presidente Ramón Grau San Martín hizo esperar al teléfono a los de Washington, porque “él está reunido con su pueblo”. Creo que no.

Guamo es una publicación de estos tiempos, como reza en su portada, y Barrenechea también, no veo entonces objeción para que La noche que dio… haya que leerla al viejo estilo samizdat. Si a alguien le molestó leer que los antiimperialistas de 1933 intervinieron empresas estadounidenses en sus 122 días de gobierno, y que los de 1959 esperaron 500 para nacionalizar la primera, por favor, que haga su análisis propio de la historia, pero que no prive a otros cubanos de conocerla.

Comoquiera que las páginas de Guamo siguen con su labor divulgativa de la cultura territorial, y que casi todos sus lectores ignora que se publicó en el # 71, aquí les dejo la última oración del artículo que a mi juicio hizo de la realidad algo más que dos principios opuestos: “Aquellos “antiimperialistas de antes”, como se les ha calificado sistemáticamente en los últimos 50 años, darán comienzo, en definitiva, a nuestra edad contemporánea. Edad en la que el 1959 solo marcará una subdivisión más”.

 

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