Publicado: Mar, 5 Nov, 2013

Los “delitos” contra la seguridad del Estado

carcelcubaMarcial Chinea Pajo arrastra las consecuencias de haber desarticulado intencionalmente el telar 26 de la Fábrica Textil 9 de Abril, en el habanero municipio Cotorro, motivo por el cual fue procesado en la causa 27 de 1991 a dos años de privación de libertad. Un arbitrario procedimiento administrativo contra su ex novia, trabajadora textil, fue lo que desató la ira de Chinea, uno más en los cientos de cubanos que han pisado la Sala de Delitos contra la Seguridad del Estado del Tribunal Provincial Popular de La Habana.

Meses después Chinea Pajo regresó a una nueva audiencia en el mismo tribunal (causa 357 de 1991), esta vez por sustraer e impactar un ómnibus de la terminal de Guanabo, al este de la capital, contra la cerca perimetral de una vivienda.

En sus años de prisión, Marcial Chinea se dedicó llevar una relación de los presos políticos que entraban y salían del penal Combinado del Este, donde estuvo recluido más de 24 meses. Pajo compartió celda con los médicos Julio Bienz Zaap (12 años de prisión) y Julián Araña (8 años), quienes fueron acusados de intentar asesinar a Fidel Castro con una inyección, acción seguramente incluida en los más de “600 intentos de asesinato” contra el líder de la revolución cubana. También conoció a Jacinto Rodríguez Campo y Nelson Trujillo de la Luz, condenados a 12 y 17 años por sabotaje y propaganda enemiga.

En la lista de Chinea encontré nombres como Frank González, condenado a diez años por espionaje, Lázaro de Resla, por propaganda enemiga y sabotaje, el cubano americano Tomás Albariño, acusado de piratería, y el ya conocido Sebastián Arcos Bernez. Salvo excepciones, la mayoría de los acusados no fueron alentados por el gobierno de los Estados Unidos, como suele acuñar el régimen cubano en sus declaraciones oficiales.

Las barridas de Fidel Castro contra sus opositores no culminaron en la cacería armada del Escambray o en el éxodo del Mariel en 1980, suceso este último en que 125 mil cubanos escaparon del “estado socialista”. Los indignados con la revolución se multiplicaron con la llegada del período especial, el éxodo de 1994 y el Maleconazo. Los tribunales sentenciaron el descontento popular y una nueva factura de “saboteadores” aparecía en los penales capitalinos de Valle Grande y el Combinado del Este.

Por la Sala de Delitos contra la Seguridad del Estado desfilaron los primeros casos de salida ilegal del país, los “sabotajes a la economía” estatal, líderes de la sociedad civil prodemocrática, periodistas independientes, Testigos de Jehová, etc.

En momentos de crisis política y social extrema, de sobrepoblación penal y tribunas antiimperialistas, Fidel Castro optaba por el escarmiento. Por intentar escapar con rehenes en una embarcación hacia los Estados Unidos, en 2003, los jóvenes de la raza negra Lorenzo Copello Castillo, Jorge Luís Martínez Isaac y Bárbaro Sevilla García, salieron de la Sala de Delitos contra la Seguridad del Estado directo al paredón de fusilamiento.

Igual suerte corrieron los hermanos Ventura, Cipriano y Eugenio Marín Thompson (testigos de Jehová), en 1981, después de violentar desesperadamente la Nunciatura Apostólica en La Habana, un año después que irrumpieran 10 mil cubanos en la embajada del Perú para solicitar asilo político.

Fredy, Yoel, Ricardo, Gustavo y Erio, son de los tantos nombres que aparecen en la lista de Chinea, presos políticos que sobrevivieron a las mazmorras y los escarmientos. Muchos de ellos murieron o se exiliaron después de cumplir la sanción. Los que quedan en Cuba no pueden trabajar legal y honradamente porque están bajo el estatus de “no confiables”, situación que los coloca a las puertas de la Sala de Delitos contra la Seguridad del Estado.

odelinalfonso@yahoo.com

 

Odelín Alfonso Torna

Odelín Alfonso Torna es periodista independiente y miembro de APLP

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