Publicado: Mie, 27 Nov, 2013

Los tormentos de un escritor disidente I

CPL-Ángel Santiesteban La obra literaria de Ángel Santiesteban Prats (La Habana 1966) comienza a ganar en relevancia tras obtener una mención en el concurso Juan Rulfo, de Radio Francia Internacional, en 1989, con su tercer cuento escrito, y que le valiera para su publicación en Le Monde Diplomatique y Letras Cubanas. Al año siguiente, alcanza el premio nacional de los Talleres Literarios. En 1992 es informado que el jurado del Premio Casa de las Américas, le había premiado por su libro “Sur: Latitud 13”. Pero horas antes de la entrega del premio, le avisan que se lo retiraban. Según uno de los jurados, Abilio Estévez, la censura se debió a la mirada humana y anti heroica del texto, en disonancia con la épica de aquella conflagración bélica en tierras angoleñas. Otra jurado, la escritora argentina Luisa Valenzuela, le propone ir a vivir a su país, y Santiesteban rehúsa la oferta.

Sabiéndose en la lista negra del oficialismo, le cambia el nombre al libro por “Sueño de un día de verano”, y en 1995 lo presenta al concurso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Cuando los censores captan el rejuego intelectual ya era demasiado tarde para impedir su triunfo. En cuestión, el libro permaneció varado sobre el buró del entonces Presidente de la UNEAC, Abel Prieto, hasta 1998, año en que le publican un compendio del libro con una mínima promoción.

En 2001, recibe el premio Alejo Carpentier por varios cuentos bajo el título: “Los hijos que nadie quiso”, que una vez difundidos levantaron ronchas en ciertos sectores del gobierno. La Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana redactó una carta de agravio, juzgándolo de “libro contrarrevolucionario”. No obstante, en 2006 otro libro suyo, de relatos: “Dichosos los que lloran”, conquista el premio Casa de las Américas. En 2008 alcanza el accésit del premio La Gaceta de Cuba de la UNEAC, con el cuento “La sonrisa en el vacío”. Y recientemente recibe el premio de la República Checa Frank Kafka, en Novela de gaveta, con “El verano en que Dios dormía”.

Nunca fue un escritor favorable al régimen, por ende, no se le tenía en cuenta para delegaciones oficiales, ni para conformar jurados de concursos, ni siquiera deleitó un simple estatus de personaje soportable. Sin embargo, la guerra abierta en su contra se intensifica a partir de que funda el blog “Los hijos que nadie quiso”, en 2008. Entonces comienza a  profundizar en la crítica social, y así crecía el ansia de venganza de sus detractores. Ese mismo año sería expulsado de un hotel en la ciudad de Morón, donde fuera invitado por la Dirección de Cultura de Ciego de Ávila.

Se preparaba para participar en el Festival de la Palabra de Puerto Rico, lugar de cita de un grupo de escritores cubanos residentes en el exilio, y para impedir que asistiera, las autoridades lo citan a la estación de policía de su territorio y le imponen una denuncia, la cual luego retiraron. Aquello imposibilitó su asistencia a dicho evento.

Luego le han obstaculizado reiteradamente más de una veintena de invitaciones internacionales de universidades, Ferias de Libro y presentaciones literarias, utilizando una y otra artimaña, las que luego funcionarían para mantenerlo apresado temporalmente los 26 de julio y en otras fechas alegóricas a la “revolución”, y que finalmente agruparon y fabricaron una petición fiscal de 54 años de cárcel, que en conjunta rebajarían a 15 años. Algunos amigos suyos lograron filmar un video donde la denunciante se retractaba y desmentía las imputaciones, gracias a eso se deshizo las imputaciones (el video permanece en internet), no quedando otra opción a la fiscalía que retirar la mayoría de los cargos.

“Fue un plan macabro”, refiere Santiesteban, “un ajuste de cuenta por mi oposición al totalitarismo, y así me lo hizo saber un oficial de la policía política nombrado Camilo, días antes que se diera a conocer la sentencia del Tribunal”

Al indagar sobre su transición hacia la disidencia, Ángel Santiesteban Prats lo describe así: “Siempre he tenido el anhelo de poder confesar mis criterios, errados o no, volcar mi mirada sobre lo que me rodea y le preocupa a mis contemporáneos, intentando ser voz. Con ese objetivo hice mi blog, y ellos (el gobierno) comenzaron a crearme un expediente de disidente, y a continuación de delincuente. Me han inculpado de atropellar un menor en la vía pública con mi automóvil y darme a la fuga, de intento de asesinato, robo con fuerza, abusador de mujeres, incluyendo la de violación, lesiones y otras estupideces que darían risa si se tratasen de una novela y no de la vida real de un hombre, y por las que ahora estoy en cautiverio”

 

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