Publicado: Mie, 13 Nov, 2013

“Mujeres”, exposición de trabajos de parche en Estado de SATS

Flora. Homenaje a Portocarrero (2013) El pasado viernes 1 de noviembre se expuso en la sede del proyecto cívico Estado de SATS, una exposición de trabajos de parche, realizados por la artesana y bloguera cubana Rebeca Monzó. Las palabras del catálogo fueron escritas y leídas por Regina Coyula, quien es amiga de la artista, y además bloguera independiente.

Esta colección de “Mujeres” reunió 14 obras de patchwork, 7 bolsos de noche, y un monedero. La “Sirenita de Portocarrero” (2009), prestada por su dueño para esta exposición, fue la única pieza enmarcada, que estuvo sobre un atril. Las demás obras, que han sido producidas a lo largo de este año, se exhibieron sobre una pared, y adosadas a unas cortinas de gasa.

El trabajo de parche (calco semántico de la palabra patchwork) es una técnica artesanal que usa principalmente retazos de tela –y a veces otros materiales–, para la confección de artículos textiles, que pueden tener un fin utilitario, o simplemente estético (los tapices), y diseños abstractos o figurativos. La técnica se conoce también con los nombres de quilt (‘edredón’ en inglés) y almazuela, según la tradición española.

Monzó trabaja sus piezas a mano, sin usar máquina de coser. Y sobre las telas le gusta insertar otros elementos decorativos: cordones, cintas, abalorios, pulsos, fragmentos de nácar, y piezas de reloj. Al parecer, la artista se inició en este tipo de artesanía debido a las limitaciones económicas de los años 70: “Ante la dificultad por encontrar telas para confeccionar ropa, Rebeca decidió aprovechar cualquier retacito y ganarse la vida con el trabajo en parches” –afirmó Regina Coyula.

Para esta galería de mujeres, se inspiró en algunas obras de pintores cubanos, como Víctor Manuel, Eduardo Abela, René Portocarrero y Héctor Catá. De éste último –que es amigo de la Monzó, y actualmente radica en Miami– toma algunos rostros de sus cuadros para decorar sus carteras de noche. Pero no sólo se apropia de las figuras femeninas de otros pintores, sino que les rinde homenaje a Frida Kalho y Celia Cruz, dos mujeres que fueron artistas, y creadoras.

Las mujeres de Rebeca Monzó se asoman a la ventana del mundo con poses discretas (“Gitana”, “Frida”, “Hermanas”), y a menudo realzan su belleza con ese ambiente floral que las abraza y las define. Algunas lucen modestas y elegantes (“La dama del reloj”, “Mujer con pamela”, “La mujer del relojero”), como si viéramos a una novia del siglo XIX, o a una doncella –un poco cercana, un poco romántica–; pero la mayoría de las figuras tiende a elevarse a un plano superior, de alegoría, en el que bien pudieran representar la cubanidad (“Habanera”, “¡Azúcarrr!”), la naturaleza (“Primavera”, “Flora”, “Foresta”) o la inocencia (“Llora guitarra”, y “La niña de la mano verde”).

Rebeca Monzó fue profesora de cerámica y alfarería en Mósteles, Madrid, de 1981 a 1983. En 1985 ingresó a la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA). Y desde 1977, ha participado en una veintena de exposiciones, tanto personales como colectivas, en España, Polonia, República Dominicana, Chile, y por supuesto Cuba. Algunas de sus obras se encuentran en colecciones privadas de Estados Unidos, Chile, Francia, Italia y Suiza.

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