Publicado: Jue, 14 Nov, 2013

Peligros en el horizonte

Foto tomada del Nuevo Herald Las expectativas formuladas recientemente por el embajador español en La Habana, Francisco Montalbán, en relación al aumento del intercambio comercial con la dictadura cubana, expone los fundamentos de una política que no contempla ningún tipo de presión para que a la Isla llegue la democracia.

En el marco de la Feria Internacional de La Habana a la que asisten alrededor de 1 400 empresas de 65 países, de las cuales 130 proceden de la España, el alto funcionario ibérico declaró a la agencia EFE: “Estamos seguros de que este año vamos a batir otra marca. España se consolida como tercer socio comercial de Cuba con una masiva presencia de nuestras empresas en el país”.

Con este clima que recuerda, salvando las distancias, el apaciguamiento de Occidente frente al nazismo, es iluso esperar que la Unión Europea asuma posturas más beligerantes.

Muy pocos países del bloque desarrollan políticas en defensa de un mínimo respeto a las libertades fundamentales de los cubanos por parte del régimen de partido único.

La Posición Común adoptada en 1996 como instrumento que condiciona el pleno restablecimiento de las relaciones de la UE con el gobierno cubano, mientras este último no cumpla con los estándares internacionales de derechos humanos, es desde hace tiempo un documento con muy poca validez desde el punto de vista práctico.

Cada país actúa de acuerdo a sus intereses. La deteriorada situación dentro de la Isla en el orden político y civil no cuenta para una mayoría que lo asume como un tema de menor importancia en su agenda de política exterior.

Por sus conexiones históricas y culturales con la mayor de las Antillas, que datan del siglo XV, España lleva la voz cantante en el seno de la Unión siempre que se aborda la problemática cubana.

Es decir que su visión del asunto es la predominante, algo que parece haber contribuido a la adopción del bajo perfil en los cuestionamientos al gobierno cubano por su larga ejecutoria antidemocrática.

El aumento de los actos de repudio, palizas y encarcelamientos por motivos políticos, indica más allá de una línea de acción, reforzada en los últimos años, un desafío a la comunidad internacional que desafortunadamente opta por la indiferencia o la manipulación, salvo algunas excepciones.

Es imperdonable que en pleno siglo XXI existan los suficientes márgenes de tolerancia para que ocurran esos actos de barbarie.

La llevada y traída no interferencia en los asuntos internos como una forma justificar de la pasividad, es la vía expedita para la legitimación de los victimarios.

Tampoco el hecho de que la oposición a cara descubierta en Cuba este compuesta por una irrelevante minoría y que no existan protestas sociales de envergadura, son motivos para desvalorizar el tema a la mínima expresión. Lo mismo sucedía en las naciones sometidas al totalitarismo en la Europa del Este.

Las condiciones geográficas e históricas, así como el factor geopolítico, determinan que Cuba sea tomada como algo diferente, y en el peor de los casos como un tópico de escaso interés en el tablero mundial.

Es quimérico esperar un cambio de percepción en este sentido. El fin de la dictadura insular es en fading, sin conmociones, al ritmo que determinen los jerarcas del partido comunista.

El gran peligro es que de sus ruinas emerja otro autoritarismo con fachada democrática.

oliverajorge75@yahoo.com

 

 

 

 

 

 

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