Publicado: Mar, 5 Nov, 2013

Premio entrevista- Los dos regresos de Eloy Gutiérrez Menoyo

Gutierrez MenoyoEntrevista al ex Comandante y opositor

Esta entrevista ocurrió el pasado domingo 21 de octubre, en el apartamento de Eloy Gutiérrez Menoyo, en un barrio de San Agustín de edificios descoloridos, ruidosos y amontonados como a la buena de Dios, muy lejos del centro de la ciudad. A pesar de ya sabía de su estado de salud, que lo obligaba a ingresar al día siguiente en un hospital, y me habían dicho que posiblemente esa fuera la entrevista que pudiera conceder antes de morir, me encontré con un hombre que, aunque desgastado y muy envejecido, se mostraba todavía fuerte, con movimientos firmes, completamente lúcido y alerta y, por momentos, con una voz enérgica y un ánimo vivísimo. No obstante, lo primero que había dicho, con lo que le quedaba de su ceceo natal, era: “Me quedo sin voz y por eso no estoy dando entrevistas”.

Cuando salí de allí, me resultaba imposible suponer que no muchas horas después del encuentro aquel hombre ya no existiría. Cuando supe la noticia, ni siquiera había terminado de transcribir la larga entrevista, que, como me advirtieran, resultó ser precisa y desgraciadamente, la última que pudo ofrecer.

Como se conoce, Eloy Gutiérrez Menoyo era un personaje político sumamente controvertido, que fue acusado de traidor y “dialoguero” por quienes no estaban de acuerdo con él, que a veces dejaba a su paso más interrogantes que respuestas. Alguien lo llamó “hombre de luces y sombras”. No hay dudas, sin embargo, de que algunas etapas de su vida fueron épicas y de un heroísmo difícil de comparar, desde que fundó el Segundo Frente Nacional del Escambray en noviembre de 1957 hasta que desembarcó cerca de Baracoa para enfrentar la dictadura pro-soviética de Fidel Castro en diciembre de 1964. Aunque no fue fusilado, tuvo que sufrir veintidós años de severa prisión.

A partir de 1986, cuando fue liberado, su historia pareció desdibujarse. Desde entonces su imagen de héroe, convertido ahora en opositor pacífico partidario del diálogo con el gobierno cubano, ha sido atacada con fuerza desde casi todos los bandos. Pero el viejo Gallego, como le llamaban, no se quedó corto en sus opiniones también contra casi todos los bandos. Pese a todo, nunca le han faltado defensores o respetuosos de sus posiciones. De manera que es trabajoso hacerse una imagen serena y justa de él, y ha de ser labor de futuros sudores la de quienes se entreguen a investigar vida y hechos de este hombre para esclarecer su verdadero lugar en la historia de nuestro país, después de unos inicios —como bachiller inconcluso y luego estibador de harina para los camiones de la compañía Duquesne, en el Barrio Obrero de San Miguel del Padrón—, que no parecían prometer ninguna epopeya.

Por lo pronto, cualquiera que sea el veredicto, y opinemos nosotros ahora lo que opinemos, ya Eloy Gutiérrez Menoyo no podrá replicar ni defenderse nunca más. Así que estas respuestas suyas para las preguntas de Cubanet —más allá de que aclaren o enardezcan el debate— pueden servir, al menos, para ver cómo ponía en palabras sus ideas este viejo luchador unos días antes de callar para siempre.

He aquí la primera parte de la entrevista.

Cubanet – Uno de los hechos más admirados en su historia como combatiente contra las tiranías fue su regreso a Cuba en una expedición armada. ¿Cómo ocurrió este episodio? ¿Es cierta la anécdota de que Fidel Castro lo convenció personalmente para que se rindiera a pesar de que usted tenía una granada en cada mano?

Eloy Gutiérrez Menoyo – Eso es fantasía. Donde haya combate directo, tú no puedes pensar que va a estar Fidel Castro. Hicimos un campamento de entrenamiento en República Domicana. De allí vine en el primer grupo y desembarqué por punta Caletas. Se sucedió una serie de combates durante varios días. Metieron el Batallón 50, la Milicia Serrana, el Batallón Fronterizo, hasta que caímos presos después de múltiples combates, porque diariamente había uno o dos, y hasta tres combates. Éramos cuatro gatos contra miles de soldados y milicianos.

Ya preso yo, Fidel Castro me fue a ver. Le dije: Ustedes fueron los que empezaron a hostigarnos, regando la imagen de los “comevacas” del Escambray. Mira, yo combatí en Banao, en Michilena, en La Diana, en Charco Azul (y enumeré todos los lugares en donde combatí, a veces cuerpo a cuerpo, y como estaba convencido de que me iba a fusilar, no me importaba decirle lo que me diera la gana). Y tú, que yo sepa, el único tiro que disparaste fue desde una loma para que empezara el ataque al Uvero. Esto fue delante de todos los altos mandos militares de Cuba, porque los citó para el interrogatorio conmigo pensando que a lo mejor había alguno que tenía algún contacto y no iba. Entonces, cuando le digo yo eso, me dice él: Bueno, pero yo era jefe de un frente. Y le digo: Espera, es que yo era jefe de otro frente. Tú terminaste con tres mil y pico de hombres, yo también. Así que el hostigamiento fue de ellos, constante. ¿Temor? Habíamos participado para vencer la conspiración trujillista, lo que había dirigido yo; habíamos movido un montón de hombres del II Frente sin que hubiera una filtración. Y eso a Fidel le inspiró seguramente un temor para el futuro, porque vio que nosotros teníamos un equipo de gente muy unido que podíamos mover.

CN – ¿Podría contar los detalles de su regreso a Cuba como opositor pacífico? ¿Cómo se explica que usted sea el único al que se le ha permitido eso?

EGM – Cuando estaba preso, habían hecho gestiones por mi libertad personalidades como el Papa, Jimmy Carter, Carlos Andrés Pérez y presidentes de varios países; pero el que logra mi libertad es Felipe González. Anteriormente había venido a Cuba el presidente de gobierno español Adolfo Suárez, que pidió mi libertad, pero no se la concedieron. Soy ciudadano cubano desde mucho antes de 1959, pero este gobierno ha desaparecido mi ciudadanía, que no aparece por ningún lado. Legalmente, soy un extranjero. Cuando regresé no vine a hacer oposición. Yo siempre fui opositor. No disidente, porque nunca cobré el ejército, aunque estaba en las planillas; no ocupé ningún cargo, no fui miembro del Partido Comunista. Por lo tanto no soy disidente, sino opositor, porque hice la revolución para algo que no era esto ni nada parecido. Contra mí han tomado represalias que no han tomado con muchos disidentes, a la chita callando, como hacen las cosas. Ponen obstáculos y obstáculos. Mi residencia en Estados Unidos la perdí porque soy el único opositor en Cuba al que gobierno norteamericano le ha enviado una carta en la cual le dice que está sujeto a doscientos cincuenta mil dólares de multa o diez años de prisión. Por lo tanto, ante esa situación, entré en Estados Unidos por Chicago y, cuando me fueron a celebrar juicio, resultó que como español me pueden quitar la residencia, pero no me pueden poner una multa ni meterme preso. O sea, que he sido sometido a represalias, yo te diría, por ambos lados. Algunos periodistas me dicen que no he tenido obstáculos. ¿Qué más obstáculos voy a tener? No necesito que el gobierno diga si estoy viviendo legalmente o no aquí. Este es mi país.

CN – Usted ha sido respetado como revolucionario que luchó firmemente primero contra Batista y luego contra Fidel Castro, y soportó sin flaquear veintidós años de prisión. ¿Considera que su actitud luego como opositor de este régimen está a la altura del radicalismo que lo caracterizó siempre o que ha sido más conservadora?

EGM – Los años pasan y surgen una serie de enfermedades que no estaban en el programa. Ahora estoy tranquilo porque estoy enfermo, en proceso de recuperación. Yo creo que lo que tenía que hacer lo hice. Estando preso, realicé una docena de huelgas de hambre. Una de ellas, en la peor época del presidio político, fue de cinco meses. Los dos primeros, a pelo limpio. El tercero, en el hospital, tres tomas de dextrosa diaria porque si no me amarraban. El cuarto mes, de nuevo a pelo limpio. El quinto mes, tres tomas de té diarias. Cuando terminé, los médicos militares y la alta oficialidad fueron a verme y me preguntaron cómo yo resumiría aquella huelga. ¿Cómo? De la siguiente forma: Si me dan la libertad por que haga una huelga similar, no la puedo hacer. Eso se hace una sola vez y punto.

Una vez recibí una golpiza enorme. Salí vivo de milagro. Culatazos, patadas, golpes contra las piedras. Me partieron todas las costillas, me rompieron el ojo derecho y perdí la visión por completo en ese ojo, me dañaron el oído izquierdo a tal extremo que perdí la audición. Había orden de no ingresarme en el hospital y entonces me entizaron todo el tronco, desde el cuello hasta la cintura, con tape, porque no podía respirar.

A mí me da risa, porque la posición mía es independiente. Hablando claro, yo no nací para ser agente ni de España, ni de Estados Unidos, ni de Cuba, ni un carajo. Pero eso tiene su precio. Ni le sirves a la derecha ni a ningún otro factor. Eso es una política errónea de ellos. Aunque William Morgan no haya sido de tal organización o de tal otra de su preferencia, hablen de él, porque lo de William fue un asesinato. Pero no lo hacen.

CN – Usted conoció personalmente a Fidel Castro y tuvo un encuentro con él cuando regresó a Cuba desde el exilio. ¿Cree que él ha sido uno de esos líderes a quienes el poder corrompe? ¿Cómo describiría el papel que ha jugado en la historia de la república cubana?

EGM – Soy el único opositor —no recuerdo a ningún otro— al cual Fidel recibió. Ah, que no llevó a cabo mis peticiones, eso de antemano ya yo lo sabía. Fidel Castro es un enfermo, con un ego impresionante, despiadado con sus adversarios. Conmigo no solo ha sido despiadado, sino injusto. Yo luché contra Batista para lograr la libertad de Cuba, para restablecer el ritmo constitucional del país; pero si hubiera tenido maldad política… El 1º de enero, el que entró primero con la tropa en La Habana fui yo. Además, pude tomar Matanzas, pero Batista se cayó y se fue, ¿para qué vamos a tomar el cuartel? Aunque salieron los guardias a entregármelo, en nombre de Fidel, que era la cabeza visible. Pude tomar Ciudad Libertad. Cuando yo entré, aquí no estaban ni Che ni Camilo. Pude tomar La Cabaña. Pude tomarlo todo y no lo tomé. Entonces Fidel, como ente político, debió haberse dado cuenta de que aquel muchacho no tenía ambición ninguna. Le evité la pugna en que podíamos haber entrado si yo llego a tener poder. Hubiera sido peligrosísimo para él, porque hasta de Pinar del Río, cuando yo entré en La Habana, me avisaron para que enviara tropas y entregar la provincia. Así que pude tomarlo todo y luego vamos a ver a qué tocamos.

El día 3 entraron Guevara y Camilo. El 8 entró Fidel. En Ciudad Libertad me dijo: Oye, Menoyo, quiero conversar contigo. ¿Qué quería conversar? Lo que en mi mente ni estaba. ¿A qué aspiras? ¿Qué quieres? Yo, nada. A lo que sí aspiro es a que los que están bajo mi mando que quieran quedarse en el ejército no tengan problemas y se puedan quedar. Me dijo: Bueno, yo no les doy nada; ellos se lo han ganado. ¡Coño, y a los pocos meses me manda a Guevara y a Camilo allí, al Estado Mayor, a depurar porque yo tenía muchos oficiales! No jodas, si es lo único que se te ha pedido. Como les dije: Miren, yo tengo ciento cincuenta oficiales. Vamos a darle ciento cincuenta oficiales al Directorio. Vamos a darle al Partido Socialista ciento cincuenta oficiales. El Movimiento 26 de Julio ciento cincuenta, seiscientos. ¿Quién tiene los miles de oficiales? ¿Ustedes? Depuren ustedes entonces. Yo no tengo un carajo que depurar. O sea, que lo único que pedí a los pocos meses ya lo estaba violando. Y empezaron a difamar la organización que yo había presidido. En fin, que fueron ellos, el propio Fidel Castro, quien empezó a hostigar.

El que lo conocía desde antes sabía que ya era un dictador por dentro. Es un individuo con un ego enfermizo. Yo no quería nada, a no ser restablecer el ritmo constitucional del país. Nací bajo una dictadura, conocí la dictadura franquista desde niño y no apoyaría jamás otra tiranía. Y eso lo sabía Fidel. Ahora, su ego no le permite admitir que pueda haber alguien que le discuta el poder, o más inteligente que él. Hoy sigue siendo un individuo que solo cree en él mismo. No tiene ninguna ideología. Usa lo que le sirva. Lo que tiene es una filosofía del despojo: quitarlo todo y controlar mando, inteligencia, medios de difusión: todo lo abarca y la historia se la coge para él solo. Pero entiendo que en Cuba hay historiadores inteligentes. Averiguan la verdad, saben que no la pueden decir y callan. Sin embargo, desaparecido todo este proceso, los historiadores se darán a la tarea de poner las cosas en su lugar, porque el pueblo de Cuba tiene derecho a saber la verdad. Castro es un individuo al que no se le pueden quitar algunos méritos. No puedes decir que es valiente, pero es osado.

Sin embargo, ha habido otros con tantos o más méritos que él. El hecho más audaz que recuerda la historia no lo llevó a cabo el Movimiento 26 de Julio, y es el asalto al Palacio Presidencial. Le guste a él o no le guste, el que lo organizó y lo dirigió se llama Carlos Gutiérrez Menoyo, le guste o no le guste ese apellido. Cuando llega el 13 de marzo se habla de José Antonio Echeverría, que tiene un mérito tremendo porque le encomendaron la toma de Radio Reloj; pero no es el hecho verdaderamente histórico, porque José Antonio no dirigió el asalto al Palacio. Aunque quiera enterrar el apellido Gutiérrez Menoyo, aunque quiera ocultar a la figura política de ese asalto, que fue Menelao Mora. El Directorio Revolucionario (y me consta, porque yo fui enlace en el asalto al Palacio) fue invitado a última hora. Era un grupo muy positivo, gente joven, de la federación, pero no organizó el asalto. Así que llegará un momento en que la historia será puesta en su lugar.

 

Los dos regresos de Eloy Gutiérrez Menoyo (segunda parte)

Entrevista al ex Comandante y opositor

En esta segunda parte, como en la primera, ocurre que en ocasiones la respuesta se aleja de la pregunta (por esa tendencia a la digresión en que muchos caemos cuando nos preguntan, por la edad y el estado de salud del entrevistado o por cualquier otra razón), pero de todas maneras, pienso, lo que dice Eloy Gutiérrez Menoyo puede resultar de alguna utilidad a la hora de hacer nuestro juicio particular sobre él como persona pública de la política cubana, principalmente debido a que muchas veces su modo de actuar o de pensar despertaba reacciones contradictorias e incluso apasionadas.

Sin duda alguna —aparte de los que ya tienen un veredicto definitivo sobre él—, puede resultar difícil para algunos comprender ciertas decisiones y alguna que otra postura o declaración de Gutiérrez Menoyo, pero sigo creyendo que nunca será sencillo hacer una valoración serena y mesurada del conjunto de su existencia, trances y percances. Algunas acusaciones, como la de que vino a Cuba a vivir cómodamente, no parecen tener mucho sostén, considerando que fuera de aquí podría haber vivido mucho mejor. Un lector de Diario de Cuba, en un comentario anónimo, atestiguaba hace poco tiempo: “Yo vivo en su edificio y él en el quinto piso sin elevador, tiene un carro Skoda del 62 desbaratado, la remesa que recibe de los Estados Unidos es de sus amigos para tirarle un cabo que solo le alcanza para alimentarse, porque sus muebles tienen comejen, un pobre televisor chino Panda, vive muy modesto”. Luego daba la dirección para el que quisiera comprobarlo. Cuando acudí a la cita con él aquel domingo 21 de octubre, la única diferencia notable con esta descripción es que el viejo comandante vivía ya en el piso bajo del mismo deslucido edificio de San Agustín.

He aquí la segunda parte de esta entrevista para Cubanet, la última que concediera Eloy Gutiérrez Menoyo. Cuando supe de su fallecimiento, recordé la última frase grabada: “Si estoy vivo, Dios sabrá por qué”.

Cubanet – ¿Qué opinión le merece la oposición política cubana, dentro y fuera del país, y los métodos que utiliza en su lucha por una Cuba democrática?

Eloy Gutiérrez Menoyo – Ya te dije que soy un ente independiente. Me hubiera gustado que desde aquí hubiera una oposición independiente. Respeto el trabajo que hacen. Lo respeto porque si no hay otra cosa, ¿qué van a hacer? Pero no es mi lucha. El día que publique mi libro se va a saber que este que está aquí podría haber sido, si le daba la gana, el “golden boy” de los Estados Unidos, porque me ofrecieron para la CIA, me ofrecieron para la droga, me ofrecieron para el Endowment for Democracy, me ofrecieron a todos los niveles, y me ofreció personalmente el presidente Clinton una oportunidad. Solo tenía que ir a una cena con él y a partir de ahí me convertía en el número uno, con un presupuesto de medio millón de dólares, pero lo rechacé. Y no he recibido jamás por luchar por la libertad ni un centavo de ningún gobierno, ni creo que habiendo tantos miles y miles de cubanos en el exilio sea necesario recibir ayuda de una potencia extranjera. Yo estoy aquí y recibo ayuda de amigos míos y no me falta nada. Si nosotros hubiéramos podido enfrentarle a Castro una oposición independiente, hubiéramos logrado mejores resultados, sin tener que soportar constantes insultos. Me duele que haya tanta oposición en Cuba y que no se la haya trabajado. La única que se trabaja es la que maneja Estados Unidos. O sea, cedimos nuestra lucha para que sea la lucha de los Estados Unidos. Y yo te digo que aquí hay una oposición que le traquetea. Algunos simpatizan conmigo o por lo menos me respetan.

Y te aseguro que yo no me encuentro a un comunista en este país hablando en privado. Estoy cansado de verlos hablar por la televisión alabando al sistema, y después, en privado: Menoyo, la verdad es que no tengo posibilidades de hacer otra cosa. Me recuerdan a un español muy simpático, miembro del Partido Comunista. En un viaje que di a España me invitó a almorzar y, como yo hablo con quien tenga que hablar, acepté. Nos sentamos a almorzar, salió el problema de Cuba y le pregunté lo que pensaba sobre distintas cosas. Coincidíamos en los métodos de lucha, en todo. Cuando terminó le dije: Chico, sinceramente, tú hablando como te expresas, no me explico por qué no lo haces así cuando vas a la televisión, donde siempre hablas todo lo contrario de esto. Me dijo: Si yo, que he defendido tanto aquello, me paro ahora en la televisión a decir, como tú dices, todo lo contrario, me choteo, me desprestigio por completo. Y aquí en Cuba son iguales. Yo preferiría chotearme. Nunca he sido fidelista, pero no por eso dejo de reconocer que, aunque de una forma independiente, claro que simpaticé con este proceso, pues formé parte de él. No ocupé cargos porque me olía que ya esto no iba por donde yo hubiera querido. Ah, si me hubiera doblegado, pudiera estar hoy aquí entre los primeros, pero eso hubiera ido en contra de mis principios.

Moriré y quizás nadie reconocerá el esfuerzo ni lo duro que ha sido para mí representar una oposición independiente, porque he sido sometido a ataques de la izquierda por un lado y de la derecha por el otro. El que me conoce me defiende, pero hay quienes se confunden. Alguien me contó un chiste de esos que hay en el exilio: ¿Cuál es el oficial de más alta graduación en el Ministerio del Interior? ¡Gutiérrez Menoyo! No jodas, ven si tú eres opositor, ven aquí a hacer oposición conmigo, pero vamos a tocar a los que hay que tocar, vamos a empatar a todos estos que tienen cargos. Una vez alguien me dijo que me había visto almorzando en el restaurante del Cohíba y en El Pedregal, y le dije: Sí, allí es donde se hacen los mejores contactos porque allí va la clase gobernante. ¿Dónde voy a verlos? ¿En un paladarcito? Y cuando hay un acto o la presentación de un libro y se me ha ocurrido ir, he podido llegar, saben que soy opositor, pero han venido: ¿Coño, Menoyo, qué tal? ¿Cómo te va la vida? O sea, es mucho lo que se podría haber hecho y no se ha hecho con esa gente.

Ah, porque Gutiérrez Menoyo no se ha plegado a la Sección de Intereses. Pero no sean estúpidos. Aprovéchenlo. ¿A quién quieren poner? ¿A cuál quieren presentar? ¿A quien se lo desbaraten en cuanto saque la cabeza? Yo estoy aquí por mis cojones. ¿Qué me han podido hacer? Nada. Ni podrán, porque no me pueden sacar que recibo dinero ni respondo a una potencia extranjera. Lo único que me pueden sacar es que estoy contra esto, porque luché por otra cosa que no era la mierda esta. Esto ha sido sencillamente una frustración para el pueblo de Cuba. Un engaño. Ya sabemos cómo actúa Castro. Puede cometer terrorismo y pararse y decir que aquí jamás se le ha dado un golpe a nadie. Cabrón, danos un chance en la Mesa Redonda para decir la verdad. Cita a todos los que han sido golpeados en este país y danos el Carlos Marx, que te lo vamos a llenar y se quedarán afuera miles de gentes. Y están los que murieron. Pero Castro tiene la posibilidad de hacer las cosas y después negarlas. Y nadie puede replicar. Yo se lo digo a ellos cuando me vienen a ver: Esto es una dictadura y ustedes dicen que no, que es el país más democrático; pero explíquenme cuándo coño quitaron la dictadura del proletariado que había en los primeros años. ¿Cuándo dejó de ser una dictadura? Por poco me dan ganas de llorar: tres días de duelo por el cabrón de Corea del Norte. Eso lo hace un gobierno en épocas pasadas y se botan los estudiantes y los trabajadores para la calle, todo el mundo, porque una cosa así es inaceptable. ¡Tres días de duelo nacional! Una dinastía terrible que ha ido de un dictador para otro…

Se le ha hecho un panteón a los caídos de este frente, un panteón a los de aquel otro. ¿Y los más de cuarenta que murieron peleando conmigo? ¿Dónde tienen su panteón? En ningún lugar. Esos no son patriotas, esos no murieron por la democracia. Pero no es uno, son cuarenta y pico de mártires sin panteón, porque Gutiérrez Menoyo se opone a este sistema. Sin embargo, aunque me oponga al sistema, no dejo de reconocer a los mártires del Movimiento 26 de Julio, los que lo ameritan. Cuando me pongo a pensar uno por uno en los que conocí, ninguno era comunista. Echevarría era católico; vino de entrevistarse con Fidel en México hablando pestes de él: Este lo quiere abarcar todo, todo lo quiere controlar. Ninguno era comunista. Eso no tenía el menor sentido: ¿luchar contra Batista y derrocarlo para meter el comunismo aquí? Pero Fidel, que no tiene ideología, se agarra de lo que le convenga.

Para mí la soberanía radica en el pueblo, que es el que tiene que elegir libremente su gobernante y su destino. Si democráticamente aquí la gente votara por el comunismo, yo, como demócrata, no tengo que enfrentarme. Dejo que pase el período ese y veremos para el próximo.

Fidel se adueñó del poder absoluto por medio del terrorismo. En presidio llegó a haber más de ciento veinte mil presos políticos. Era el terror. Dales tranca para que trascienda a la calle y esa gente vaya cogiendo miedo. Este sistema logró afianzarse fusilando gente, torturando gente en Las Cabañitas, controlando todos los medios y no dejando hablar a nadie. Hace dos o tres meses le dije a un periodista: Yo puedo reconocer que allá afuera hay una mafia, pero con ellos yo me bandeaba y, cuando me ha atacado alguno, he pedido el derecho de réplica y he contestado. Hasta Cancela me lo tuvo que conceder en el Canal 51. Pero la mafia de aquí me ha atacado y no he podido decir una palabra para contrarrestrar lo que digan. Esta mafia lo controla todo. Esto hay que vivirlo para conocerlo. La de allá, la que aquí dicen, mira, yo salía y podía darle la mano a cualquiera de ellos, ir a un programa de radio y decir lo que me diera la gana. Esto de aquí sí que es una mafia.

Si lo que Fidel dice sobre cómo es un revolucionario fuera así, el que lo aplica soy yo. Tú dices que estás contra una conflagración nuclear, pero yo no puedo estar contra la cuestión nuclear —que lo estoy— sin haber estado contra la instalación de cohetes rusos aquí, que puso en riesgo el país completo. ¿Qué revolucionario tú eres? Es como si olvidara lo dicho. No puedo aceptar un Castro que se plantea antimperialista. Yo soy antimperialista. Considero que los efectos imperialistas frenan el desarrollo y por eso todos los países deben ser independientes. Ilusión o lo que sea, pero creo en eso. Lo que no se me ocurre es decir: Soy antimperialista y combato el imperialismo a noventa millas, porque es malo. Ah, pero es bueno el imperialismo marxista. Eso no es antimperialismo. Yo puedo ser antimperialista y mantener, como mantuve, las mejores relaciones con Clinton y con otros políticos norteamericanos. La democracia es eso: tú piensa como quieras. Otra cosa: para Fidel la base norteamericana en Cuba era mala, pero las bases rusas no. ¿Entonces cuál es tu ideología? Yo por lo menos soy consecuente con la mía.

CN – ¿Cómo le gustaría ser recordado por las generaciones que vengan después de este amargo capítulo de la historia de nuestro país?

EGM – Chico, no he pensado en el tema ese, pero me gustaría, si es que alguien me recuerda, que me recuerde tal y como soy. Consecuente con lo que digo. No trato de engañar a nadie. A cualquiera que me pregunte le digo lo que pienso. Que me recuerden como alguien de acuerdo con sus principios y sus creencias. He hecho lo que he podido. Lo que he podido. He entregado, aunque no lo quieran reconocer, mi vida a buscar la libertad y la democracia de este país. He sacrificado mi vida por completo, hasta mi familia… Por eso que he creído he estado al borde de la muerte no una ni dos, sino un montón de veces. Luché contra Batista porque violó la constitución, violó el ritmo constitucional. Luché contra Fidel porque la cagó y lo hizo peor. Y conmigo en específico ha sido cruel, no ha tenido compasión. Batista fue generoso con todos ellos. Asaltaron el Moncada y no cumplieron ni dos años de prisión. Yo no asalté el Moncada, luché por mis principios y, coño, ¡qué veintidós años de prisión!

Cuando fui a recoger mi carnet de identidad, no apareció mi ciudadanía cubana, pero, cuando el presidente del gobierno español reclama mi libertad, lo hace porque yo nací en España y Castro le responde que no me puede soltar porque yo soy ciudadano cubano. En ese jala y estira se metieron año y pico, hasta que llegaron a un acuerdo: Yo te lo suelto como cubano y tú lo recibes como español. Y yo recuerdo perfectamente bien el local en donde me dieron a firmar el pasaporte y allí estaba mi ciudadanía, que Cuba se la mandaba a Felipe González para que viera que habían actuado legalmente. Pero después nunca más ha aparecido. Ellos saben que estoy bastante mal de salud, pero esconden mi ciudadanía porque piensan que con el carnet de identidad cubano yo puedo hacer actividad política. Es cierto, pero también están equivocados: si la salud mía me acompañara, haría actividad política igual con el carnet de extranjero, porque para mí el carnet de extranjero no existe. Te guste o no te guste, soy cubano. Si pudiera hacer actividad política, me importaría tres pitos si me cogen preso o me hacen lo que les dé la gana. Ojalá yo pueda, a pesar de la edad, superar este aneurisma que me han detectado y que me provocó un infarto violento, de larga duración. Los médicos no se explican cómo estoy vivo. Bueno, si estoy vivo, Dios sabrá por qué.

Octubre de 2012

Por Ernesto Santana

 

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