Publicado: Mie, 18 Dic, 2013

¡Cómo nos mangonearon los castristas!

Registro a mujeres en la playa Guanabo La Habana. Aún debe estar fresco en la memoria de muchos cubanos, las vísperas de aquellos faraónicos desfiles por el 1ro de Mayo. Cuando en bodegas y carnicerías se despachaban, mediante libreta de racionamiento, unas onzas adicionales de alimento. Lo mismo ocurrían con los 1ro de Enero, los 26 de julio y en disímiles actos y eventos propagandísticos “en apoyo” a la dictadura de Fidel Castro.  Aunque en honor a la verdad, no recuerdo que dichos extras en granos o de algún otro cárnico, hayan excedido el kilogramo per-cápita.

Los 28 de septiembre no podía faltar la cabeza de cerdo, otorgada a cada Comité de Defensa de la Revolución (CDR) para la cocción del populachero caldo colectivo. Estaba previsto que esa noche, “gracias a la revolución”, se llenaran la mayor cantidad de panzas cederistas.

Nuestros gobernantes, así nos mangonearon la moral popular durante ¡cinco décadas y media!, ellos apelando a la máxima de “pan y circo”, y nosotros los mangoneados acogiéndonos a lo de “perro lamiando no engorda, pero se mantiene”.

A la par del referido mangoneo estomacal, también nos imponían el mangoneo coercitivo (aplicado con mayor o en menor violencia), que consistía en vigilar, asediar y castigar a los “elementos perturbadores”, comenzando por nosotros los disidentes. Como bien se sabe, ambos mangoneos (el estomacal y el coercitivo) garantizaban un fin: la preservación de las conquistas dictatoriales en manos de ellos, los castristas.

No sería por casualidad que de inmediato a los acontecimientos del Maleconazo (el 5 de agosto de 1994) cientos de cubanos resultaran presos y otros expedientados por desafectos al régimen. Y en 1998, durante la Misa oficiada por el Papa Juan Pablo II, en la Plaza “de la Revolución”, las multitudinarias exclamaciones de “¡Libertad, Libertad, libertad…!”, ocasionaran luego la sutil ausencia de alimentos en los comercios capitalinos, ambas acciones como castigo colectivo.

Si bien los mangoneos han sido muy rentables para la élite castrista, no dejan de ser frutos de procesos cognitivos simplistas, porque han sido concebidos para traficar con los bienes de la sociedad, no para democratizarla y liberalizarla.

Meses atrás, el mangoneo volvió a brillar con el carguero coreano Chong Chon Gang, que aunque se le atribuya un estilo complejo, no llega a ser más que un simple negocio entre generales cubanos y norcoreanos, y quizás con algún otro compinche internacional. Pero ese contrabando dejó a los castristas con las nalgas al aire. Porque nadie duda de que la difusión de dicha noticia por el mundo, y de manera clandestina dentro de la isla, desprestigió la política exterior del régimen y alteró el orden social interno.

Luego de ser atrapados en el brinco, o mejor dicho en el Canal de Panamá, tuvieron que aplicar con urgencia el mangoneo coercitivo, orquestando otra fanfarrona campaña nacional “contra las ilegalidades”, y desplegando una plaga de inspectores estatales a cazar “infracciones” en las calles y a imponer multas.

El corresponsal independiente Álvaro Yero fue uno de los que cayó en el jamo “de la ilegalidad”, victima de un chivatazo. Le imputaron ¡estar pernoctando sin permiso en la vivienda de su esposa! Al comparecer a la citación oficial en la Oficina del Carné de Identidad municipal de Arroyo Naranjo, le impusieron una multa de 500 pesos a él y 750 a su esposa, sin tener en cuenta que el apartamento de su esposa, queda a unas cuatro cuadras del suyo.

La funcionaria alegaba, mientras le multaba: “Raúl (Castro) dijo que hay que poner mano dura con las ilegalidades”. Mientras la gente que escuchaba se preguntaría: ¿Y quien pone mano dura a las ilegalidades de la élite gobernante?

Las expresiones castristas han jugado un rol esencial en el mangoneo. Pongamos como referencia la manipuladora frase fidelista “Convertir la derrota en victoria”, que puede considerarse una versión de “gato por liebre” y “pollo por pescado”, análogas de otras frases mangoneadoras en boca del actual raulismo, como es: “hay que buscarse problemas”, en alusión a ser críticos de las cosas mal hechas. Y no faltará quien se cuestione, “buscarme problemas con quien, con mis gobernantes o con mis conciudadanos”.

En la aplicación de los mangoneos tampoco ha faltado la soberbia desmedida y criminal. Por ejemplo: El hundimiento del remolcador 13 de Marzo, fue para frenar la huida masiva de cubanos. El derribo de las dos avionetas de Hermanos al Rescate, para impedir que cayera en La Habana los volantes anticastristas. El encarcelamiento de 75 disidentes, aprovechando la guerra en Irak, pretendía acabar con la oposición interna. “Juzgar” y fusilar en a penas una semana a los tres cubanos que intentaron escapar con el secuestro de la embarcación Baraguá, para aplicar un castigo ejemplarizante. Mataron a Orlando Zapata Tamayo con la simplificada frase: “¡Si quiere morir, que se muera!”.

Si de algo quedan pocas dudas es de que los castristas de pura rasa son capaces hasta de practicarse el haraquiri (en los tobillos por supuesto) con tal de seguir mangoneándonos. Ese mal hábito lo llevan arraigado en sus genes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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