Publicado: Vie, 20 Dic, 2013

Cuando falla la planificación castrista

CPL-Productos importados en divisas La Habana. En un país como Cuba, donde la planificación centralizada ocupa un lugar preponderante en la conducción de la economía, un error de cálculo de los burócratas ocasiona con frecuencia funestos resultados. Y, lamentablemente, nuestros burócratas son propensos a las equivocaciones.

Los especialistas del Ministerio de Economía y Planificación, así como sus colegas de otros organismos y empresas se esfuerzan por estos días en ejecutar una tarea encomendada por los altos mandos del gobierno: la sustitución de importaciones. Y con tal de sobresalir en ese empeño, los burócratas actúan con celeridad, y son capaces de dejar fuera del plan de importaciones a cualquier bien o materia prima, aun si su producción fuese nula en nuestro país.

Una situación como esa se presentó el pasado año con las frazadas de piso. Todos sabían que la producción nacional de ese renglón de limpieza no cubría las necesidades de la población, y por tanto resultaba imprescindible adquirir en el exterior una cantidad considerable de frazadas. Sin embargo, los planificadores calcularon que las existencias en los almacenes eran suficientes para satisfacer la demanda, y en consecuencia decidieron no incluir las frazadas en el plan de importaciones del año. El epílogo de semejante disparate es de todos conocido: el cálculo de los burócratas fue erróneo, y nuestras sufridas amas de casa debieron recurrir a toallas, pulóveres y trapos viejos para higienizar sus hogares ante la carencia de frazadas de piso en los establecimientos comerciales. Y las pocas que aparecían había que comprarlas en la bolsa negra, a precios prohibitivos para el ciudadano promedio.

Este año la debacle se ha manifestado en un artículo tan socorrido como los cepillos dentales. Hace poco me visitaron unos amigos ecuatorianos, y al resumir su estancia en Cuba, de lo primero que me hablaron no fue de las bellezas naturales de la isla, de sus actividades entre nosotros, ni aun del asedio que enfrentaron en las calles por parte de prostitutas, negociantes y “luchadores” en general. Sus palabras iniciales fueron para destacar lo difícil que resulta cepillarse los dientes en este país. Porque recorrieron buena parte de la red comercial de La Habana, en ambas monedas, y no hallaron un simple cepillo. Después de mucho caminar encontraron uno en un pequeño negocio operado por cuentapropistas y dedicado a la venta de útiles del hogar. Y pensar que esos trabajadores por cuenta propia tienen sus días contados. El 31 de diciembre deberán concluir su actividad.

No es difícil imaginar que nuestros planificadores optaron por no importar los cepillos o las materias primas con que confeccionarlos. Entonces, cuando empiecen a llegar las cartas a los medios de prensa, de personas alarmadas por la escasez, los jerarcas de la economía nacional se apresurarán y contratarán de último momento, con las reservas financieras que contempla el presupuesto, un par de contenedores que traigan a Cuba un lote de cepillos dentales. Ah, y es casi seguro que esos jerarcas culpen a los planificadores de la base por ese desabastecimiento; una culpa que realmente, sin exonerar del todo a los burócratas que laboran en empresas y organismos intermedios, debía recaer sobre el sistema político y económico imperante. Un contexto diseñado para que los consumidores sufran las consecuencias de la ineficiencia gubernamental.

Por eso, cada vez que rememoro mis años de estudiante de Economía, y en especial aquel enunciado de que “la ley económica fundamental del socialismo es la satisfacción de las necesidades siempre crecientes de la población”, es inevitable que parafrasee a medias la sentencia con que concluye aquí un conocido espacio radial: “!Qué gente, caballero, pero qué gente… tan descarada!”

Orlando Freire Santana

Orlando Freire Santana es periodista independiente

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