Publicado: Vie, 13 Dic, 2013

Cuenta propia pero no diversión

CPL-Cine y Sala de videoEstuve entre los afortunados que disfrutó la 3D en el moderno cine Radio Centro (hoy Yara) en La Habana de 1959. Exhibían el filme histórico El manto sagrado, de combate entre gladiadores romanos. Tres cámaras en ángulo proyectaban la película sobre una pantalla curva gigante que parecía envolver al espectador, con espejuelos de cartón puesto, mientras sonido y música llegaban desde pequeñas bocinas instaladas debajo de los asientos que también envolvían al espectador. El disfrute de la 3D duró poco porque sobrevino el tsunami de confiscaciones y el pueblo quedó sin 3D, como ahora que de nuevo vuelve a perder la 3D, que es como un regreso a la caverna.

La proscripción difundida es categórica: “La exhibición cinematográfica que incluye las salas de 3D, así como la organización de juegos computacionales, nunca han sido autorizados y cesarán de inmediato en cualquier tipo de actividad por cuenta propia”.

Cierto, nunca estuvieron autorizadas, pero sí toleradas y los equipos, importados con tasas altas franquearon la Aduana, que, por cierto, se comenta han sido ocupados por las autoridades. Entonces, ¿por qué no se prohibió desde el primer momento? Respuesta sencilla. El gobierno nunca imaginó que perderían el control de esa costosa tecnología en manos de particulares, ni que se extendería tan rápido y abarcador. Tuvieron rapidez y pegada sorprendente, de repente llegó a muchas partes y hasta creó propia publicidad independiente con uso de volantes.

Salas 3D y juegos por computadoras en viviendas que a nadie perjudicaba, al contrario brindaban diversión. Cobraban –hay que hablar en pasado- entre uno y cinco CUC, sucedáneo del dólar. La oferta incluía algún refrigerio ligero. Prohibida la ingestión de bebidas alcohólicas. Sano esparcimiento especialmente para adolescentes y jóvenes, sumidos en el aburrimiento por falta de otras sanas opciones.

Se impone la pregunta retórica: ¿Por qué no las legalizan? Incluso sacarían beneficios imponiendo tributos. Pero la vocación controladora del gobierno no admite competencia ideológica por particulares. Ni siquiera en inocentes juegos y filmes de terror.

“Preventivamente” desde hace doce años, el gobierno desparramó algunas salas de vídeo llamadas Joven Club. Exhiben filmes que generalmente gustan poco, no dañinos a la revolución, según expresó a la prensa Rita Pérez, al frente de un programa en Cienfuegos: “El objetivo cimero es influir de forma positiva en la cultura general”.

Si imposible es ignorar por el régimen que la divulgación de noticias y denuncias por la prensa independiente les origina demasiados dolores de cabeza, entonces se entiende por qué hay que sepultar las salas de 3D y juegos independientes para arrancar “el mal” de raíz.

Dato histórico poco divulgado porque tuvo vida efímera, es que en Cuba hubo cine 3D hace más de medio siglo. Avance significativo para su época, como tantas otras innovaciones científico-técnicas que colocaron a nuestro país a la vanguardia del progreso a la par de los Estados Unidos y otras naciones desarrolladas.

cosanoalen@yahoo.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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