Publicado: Mie, 15 Ene, 2014

Cuando un auto vale su peso en oro

Ford 1929 La Habana. “Creció la economía cubana un 28 por ciento gracias a la venta de 35 carros”.

“¿Quién es el último? Por fin se puede comprar algo sin hacer cola”.

Comentarios humorísticos como los anteriores aparecían el viernes 3 de enero en el sitio oficialista Cubadebate, dirigido por Randy Alonso, en el artículo titulado “Comenzó la venta liberada de autos en el país”.

El artículo fue retirado de la página el mismo día, a pesar de ser el más visitado y de mayor cantidad de comentarios en la jornada. Sin embargo, no era favorable ninguna de las más de 200 intervenciones que se registraron en él.

Todavía el día 6 de enero los principales diarios del país, Granma, Juventud Rebelde y Trabajadores, guardaban sus respectivos y habituales silencios ante este tema tan polémico que no deja bien parado al gobierno. Quizás esperaban permiso para opinar.

Ellos mismos son una paradoja. No han vacilado en sonar el látigo contra los maestros que cobran por dar repasos en sus horas libres para aportar algo de dinero a su mísera existencia. En cambio enmudecen ante fechorías gubernamentales como la llamada “venta liberada de autos al pueblo”.

Ni las ocupaciones más rentables entre los trabajadores por cuenta propia permiten disponer de tal poder adquisitivo para en una de esas comercializadoras pagar al contado un vehículo decente. Los precios de un auto nuevo pueden sobrepasar el cuarto de millón de dólares, como mostraba la lista de precios en el sitio de Cubadebate.

¿Qué médico o científico puede darse el lujo de comprarse un auto a ese precio? Por otro lado, los precios de los vehículos de uso son de estafa, y también inalcanzables para cualquier cubano.

Por tanto, son realmente risibles las seguridades anunciadas de que los que posean cartas de autorización tendrán prioridad para la compra, y que con el ingreso recaudado se creará un fondo destinado especialmente al desarrollo del transporte público en todo el país. Si no se estimula la compra de autos, ¿cómo se va a crear fondo alguno? ¿Y qué prioridad necesitan los portadores de cartas de autorización, si prácticamente nadie ha acudido a comprar autos?

Lo cierto es que ningún cubano con alguna posibilidad de costearse un transporte privado se esperaba algo así. Se sabía que los precios serían elevados, pero se necesita de la imaginación prolífica de un escritor de ciencia ficción para avizorar estas sumas de pesadilla.

Los adinerados en un país comunista como Cuba mayoritariamente son sus propios dirigentes, sus familiares y los altos funcionarios, y ya todos ellos tienen autos, obtenidos con el dinero que produce el pueblo, o de Liborio, como se acostumbra a decir.

La limitada infraestructura vial, la baja disponibilidad de autos, los elevados costos del combustible y la necesidad de evitar el incremento de la contaminación del medio ambiente nunca han sido limitantes para esa clase. Posee todo lo que no tiene el pueblo cubano, y conduce sus autos por las avenidas de la isla mientras la mayoría de los nacionales corre tras las guaguas (ómnibus) para asistir al trabajo.

Con esos precios, parafraseado a un periodista uruguayo, podemos vaticinar que el comercio automotriz en Cuba continuará sumido en el caos, el mercado negro, las ilegalidades, la corrupción, la injusticia, la desigualdad de derechos entre los ciudadanos y la especulación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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