Publicado: Mie, 22 Ene, 2014

Exhortaciones para incautos

Diario oficial Los pronunciamientos del primer vicepresidente cubano, Miguel Díaz Canel, en el II Pleno del Comité Nacional de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), para que la prensa nacional sea más objetiva y creíble caen en saco roto.

No es la primera vez que personajes de la cúpula se pronuncian a favor de que esto suceda. Sin embargo, la situación se mantiene igual.

Las coberturas informativas no pasan del refrito y la superficialidad. Prácticamente ningún asunto de relevancia llega a las páginas de la prensa plana, la radio o la televisión. Todo lo que se difunde debe estar en armonía con las normas que los ideólogos del partido actualizan para que no haya equívocos en las redacciones. Los incumplimientos se pagan bien caros. La expulsión, las sanciones administrativas o el ostracismo son aplicados sin medias tintas.

¿Cómo es que Díaz Canel alienta a los periodistas a ser más críticos si no se desmontan los muros de la censura?

El número dos del régimen insistió que en los enfoques debe priorizarse la lucha contra la subversión.  La solicitud tomada al pie de la letra pondría a buena parte de los funcionarios públicos, la mayoría militantes del partido y la juventud comunista, en capilla ardiente.

Es obvio que la referencia apunta hacia las iniciativas de la oposición y a los activistas de la sociedad civil alternativa, pero la verdadera contrarrevolución se encuentra entre los cuadros que continúan dilapidando los recursos del Estado tras una aparente fidelidad a las políticas del gobierno.

Es allí donde nacen las corruptelas que después se asientan en el tejido social. Es hora de leer sus fechorías en el Granma o Juventud Rebelde, o disfrutar un reportaje en el noticiario de televisión donde se revelen los ardides de que se valieron para amasar sus fortunas.

Por otro lado, la preocupación del primer vicepresidente cubano, por la autocensura parece un chiste. Esta apreciación se refuerza al conocer su invitación a tener en cuenta el discurso de Raúl Castro, en el momento de redactar las notas informativas y las opiniones en los diversos medios.

Nadie sabe dónde está la línea roja. El apego a la objetividad y al profesionalismo puede conducir a un final desagradable. De ahí la preferencia por no apartarse de las reglas, escritas o no, que determinan la naturaleza de un sistema que prioriza los intereses de una reducida élite.

Los llamados a aflojar los nudos que mantienen amordazada a la prensa, independientemente de nombres y posiciones de los portadores del mensaje, nada significan mientras no se promuevan cambios constitucionales que descentralicen el poder y legitimen las libertades fundamentales.

Ese paso sería muy arriesgado para un régimen que busca su permanencia en el poder. Las dictaduras no pueden convivir con la libertad de prensa. Así que las recomendaciones del alto funcionario, hay que desecharlas sin pensarlo dos veces.

 

 

 

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